Ayudar a los animales salvajes a través de la vacunación: ¿podría hacerse en el caso de coronavirus como el SARS-CoV-2?

22 May 2020

Los factores por los que los animales pueden sufrir y morir prematuramente en el mundo salvaje son múltiples. Entre ellos se encuentran las condiciones climáticas hostiles, el hambre, la sed y la malnutrición, el parasitismo, los conflictos o los accidentes.[1] Uno de estos, que causa mucho sufrimiento y mata a un gran número de animales, es la presencia de enfermedades.[2]

Sin embargo, y afortunadamente para muchos animales, hace ya décadas que se llevan a cabo distintos programas de vacunación de animales salvajes. En su mayor parte, estos se han puesto en práctica para prevenir que las enfermedades zoonóticas se propaguen de los animales no humanos a los humanos (o a otros animales con los que viven los humanos). Pero, aun cuando este haya sido el motivo, el resultado es que tales programas han evitado enormes cantidades de sufrimiento y han salvado la vida de muchos animales salvajes. Cuando se implementan de forma exhaustiva, pueden incluso erradicar una enfermedad, al reducir drásticamente su tasa de transmisión. Por ejemplo, como veremos más abajo, la rabia ha sido eliminada de grandes áreas de América del Norte y Europa. Estos éxitos muestran que sería factible implementar programas similares con el objetivo de ayudar a los animales. Un estudio sobre el tema ha mostrado que la investigación en este campo es bien vista entre la comunidad científica.[3]

A día de hoy, el modo en el que algunos animales pueden sufrir diferentes enfermedades se ha vuelto muy visible, debido a la actual pandemia de COVID-19. En la actualidad, mucha gente sabe ya que el contacto entre animales de distintas especies ofrece oportunidades para las zoonosis, es decir, para que las enfermedades puedan pasar a animales de otras especies. Esto pasa también en el caso de los seres humanos. Este es el principal factor que ha motivado el desarrollo de programas de vacunación de animales salvajes, con el objetivo de eliminar los reservorios de enfermedades presentes entre las poblaciones de animales.

Ante esto, una pregunta que puede surgir es si sería posible en algún momento vacunar a los animales amenazados por coronavirus como el SARS-CoV-2, el causante de la enfermedad conocida como COVID-19. Parece que, si se desarrollara con éxito una vacuna, habría un incentivo para hacerlo, incluso para quienes solo se preocupan por la salud humana y no por la de los animales, dado que una medida así podría prevenir posibles infecciones zoonóticas. Pero, al margen de esto, también sucedería que muchos animales no humanos se verían sustancialmente ayudados por tal medida, al igual que sucede en el caso de otros programas de vacunación.

A continuación examinaremos esta cuestión con más detalle. Primero veremos algunos casos de programas de vacunación exitosos que ya han tenido lugar, incluyendo la vacunación contra la rabia, el ántrax, la peste bovina, la brucelosis y la peste silvestre, además de la propuesta de vacunar a los grandes simios contra el Ébola. Tras esto, veremos cómo las epidemias zoonóticas han sido objeto de una creciente atención. También examinaremos algunas respuestas frente a estas epidemias que son erróneas y dañinas para los animales. Hecho esto, pasaremos a analizar las perspectivas de eventuales programas de vacunación de animales salvajes contra coronavirus como el SARS-CoV-2. Veremos las tres limitaciones principales de tales programas hipotéticos. Estas son la falta de una vacuna efectiva, la falta de fondos para implementar el programa de vacunación y la falta de un método efectivo para administrar la vacuna. Consideraremos hasta qué punto estas limitaciones pueden ser superadas. Veremos algunos ejemplos ya llevados a cabo de vacunación de animales salvajes que pueden aportar algunas pistas sobre la manera en la que ello podría suceder.

Como comprobaremos, tales programas siguen siendo hasta la fecha meramente especulativos. Podrían ser factibles en algún momento, como muestran otros programas de vacunación que sí se han realizado con éxito. Sin embargo, sigue siendo incierto si habrá un interés humano en su implementación, a pesar de los beneficios para los propios animales.

Finalmente, veremos las razones por las que, si se implementan, los programas de este tipo podrían ayudar sustancialmente no solo a los animales vacunados, sino también a muchos otros. Tales medidas no solo evitarían la transmisión de enfermedades zoonóticas a otros animales. También podrían aportar información que ayudaría a desarrollar otros programas de vacunación de animales en el mundo salvaje. Además, cada una de estas iniciativas llevada a cabo con éxito pone de manifiesto que ayudar a los animales salvajes no es algo irrealizable en la práctica, sino un objetivo que podemos conseguir de manera realista. Esto puede ayudar a aumentar la concienciación por la situación de los animales que sufren en el mundo salvaje, y animar a actuar en su defensa.

Ejemplos de programas de vacunación exitosos

Aunque no es algo de lo que se hable mucho, los programas de vacunación de animales en el mundo salvaje que ya se han llevado a cabo con éxito han sido muy numerosos. Por supuesto, dado el enorme número de enfermedades que padecen los animales en el mundo salvaje, podemos decir que solo una minoría entre estas han sido el objetivo de estos programas. No obstante, el número en términos absolutos de los animales ayudados por las vacunaciones ha sido igualmente muy alto. A continuación vamos a examinar algunos ejemplos de estos programas (puede verse más información sobre este tema en esta página, que explica de forma más exhaustiva las vacunaciones de animales en el mundo salvajes que han sido llevadas a cabo).

La rabia

La vacunación contra la rabia es probablemente el mejor ejemplo de vacunación de animales salvajes, porque es la que se ha llevado a cabo de forma más extensa. Además, se ha realizado desde hace ya varias décadas. La rabia causa un gran sufrimiento y una muerte casi segura a las víctimas que infecta (independientemente de si son humanos o animales no humanos). Algunos de sus posibles síntomas son fiebre, dolor, sensación de hormigueo/quemazón, hidrofobia, agresión, confusión y parálisis muscular. [4] La vacunación contra la rabia se ha aplicado eficazmente por medios como la dispersión desde helicópteros de raciones de preparados alimenticios cuyo olor atrae a los animales que contienen la vacuna (lo que técnicamente se conoce como “cebo oral”). Mediante este método se ha logrado prácticamente eliminar la rabia de grandes zonas de Europa y América del Norte.[5]

En los Estados Unidos, los intentos de reducir la propagación de la rabia comenzaron en la década de 1970. Se estima que uno de estos programas posiblemente llegó a vacunar a unos dos tercios de la población de mapaches en Massachusetts.[6] Otro programa vacunó a los coyotes en Tejas, reduciendo notablemente los casos nuevos detectados de esta enfermedad en esta zona.[7]  Se ha cree que mediante un esfuerzo coordinado por parte de EE.UU., Canadá y México sería factible lograr la eliminación completa de la rabia en muchas otras partes de América del Norte.[8]

Ántrax

El ántrax es causado por la bacteria Bacillus anthracis. Esta libera esporas que pueden causar infecciones cuando se inhalan, ingieren o pasan a través de una herida abierta. Las esporas son increíblemente resistentes y pueden permanecer infecciosas durante años en el suelo o en el cuerpo de un animal. Los animales herbívoros pueden ingerir estas esporas mientras pastan y los depredadores a través de los cuerpos de los animales herbívoros.

Una vez infectados, los síntomas pueden incluir fiebre alta, temblores musculares y dificultad para respirar. Los brotes pueden provocar un inmenso sufrimiento y la muerte de los animales. Entre los mamíferos herbívoros, los brotes pueden matar entre el 21% y el 51% de los hipopótamos y hasta el 90% de los impalas y kudos[9]. Un brote en Siberia en 2016 mató a 2300 renos.[10]

Afortunadamente, en algunos casos, animales como las cobayas, las cebras y los rinocerontes han sido vacunados con éxito contra el ántrax.[11] En un brote en África oriental, 53 cebras murieron a causa del ántrax. Las 650 cebras restantes fueron vacunadas y todas sobrevivieron.[12]

Peste bovina

La vacunación contra la peste bovina es un ejemplo muy exitoso en la vacunación de animales. La peste bovina era una enfermedad viral infecciosa que afectaba a las vacas, bisontes, ñus, jirafas, antílopes, facóqueros y otros ungulados artiodáctilos. Los síntomas incluían fiebre, pérdida de apetito, secreción de la nariz y los ojos, estreñimiento seguido de diarrea aguda y lesiones en la boca, el revestimiento de la nariz y el tracto genital. La muerte normalmente se producía en un periodo comprendido entre 6 y 12 días. En poblaciones no expuestas previamente a la enfermedad, la tasa de mortalidad era cercana al 100%.[13] Un brote en la década de 1890 mató alrededor del 90% de las vacas en el sur y el este de África, así como muchos otros animales.[14]

Debido a que los animales explotados por los humanos se vieron muy perjudicados por la peste bovina, se tomaron medidas que probablemente no se habrían tomado en otro caso, y un gran número de animales domesticados fueron vacunados contra la enfermedad.

En junio de 2011, la Organización Mundial de Sanidad Animal anunció oficialmente que la enfermedad había sido erradicada a nivel mundial.[15] Aunque no se vacunó a los animales que viven en la naturaleza, la enfermedad fue erradicada, por lo que esta ya no les afecta. El beneficio para los animales salvajes no fue intencionado, pero aún así fue muy beneficioso para ellos. Como ejemplo de esto, consideremos que la población de ñus en el Serengeti en 1957 era de 100.000 individuos. En 1971, solo 10 años después de que se desarrollara la primera vacuna, la población había crecido a 770.000.[16] Esto muestra la enorme cantidad de sufrimiento y muerte que la enfermedad debe haber causado a estos animales en el pasado.

Brucelosis

La brucelosis es una enfermedad contagiosa que se propaga a través de diferentes bacterias de la familia de las Brucelas. Daña principalmente el sistema reproductivo, provocando la muerte del feto, defectos de nacimiento y otras complicaciones del parto. Puede causar hinchazón de los testículos en los machos. También puede afectar a las articulaciones, causando artritis.[17]

En el Parque Nacional de Yellowstone se estima que a día de hoy unos 12.500 ciervos y 2.500 bisontes están infectados. Para combatir la enfermedad, se ha desarrollado una vacuna para los bisontes de esa zona, y se está discutiendo su aplicación[18]. Esta medida probablemente reduciría el sufrimiento que padecen por ella los bisontes y evitaría la propagación de la enfermedad a otros animales.[19]

Peste selvática

La peste selvática es una enfermedad bacteriana infecciosa causada por la bacteria Yersina pestis. Esta es la misma bacteria responsable de la peste bubónica en los humanos. Afecta a animales como hurones y perritos de la pradera.

Los síntomas pueden incluir fiebre, deshidratación, baja energía, falta de apetito, dificultad para respirar, agrandamiento del bazo e inflamación de los ganglios linfáticos.[20] La enfermedad suele ser mortal en los perritos de la pradera.[21]

Se han llevado a cabo distintos programas de vacunación de los perritos de las praderas. Estos han sido motivados por una preocupación conservacionista centrada no en ellos, sino en los hurones, que mueren al comer a los perritos de la pradera infectados. Pero han beneficiado claramente a los perritos de las praderas. Una vez que estos son vacunados, su tasa de supervivencia mejora hasta el 95%. La vacunación se hace, como en el caso de la rabia, a través de porciones de comida, en lugar de dardos hipodérmicos, lo que hace que el proceso sea más rápido y menos intrusivo para los animales.[22]

Ébola

Desde la década de 1990, la cepa de Ébola del Zaire ha matado aproximadamente a un tercio de las poblaciones de gorilas y chimpancés.[23] El Ébola puede causar fiebre, hemorragias internas, debilidad muscular, dificultad para respirar y tragar, vómitos y diarrea. En los gorilas, la tasa de mortalidad puede llegar al 90%.[24] Por este motivo, se ha defendido la vacunación de estos simios contra el Ébola. Para ello existen distintos métodos posibles, incluyendo el uso de cebos orales y de dardos hipodérmicos.

Dado que los grandes simios de especies distintas de la nuestra, como los gorilas y los chimpancés, son animales grandes que se parecen a los humanos en muchos aspectos, tienden a ser mucho más considerados por los seres humanos, y se les trata mejor que a otros animales. Es probable que estas propuestas se tomen más en serio por esta razón, así como por el riesgo de que el Ébola se propague de estos simios a los humanos, aunque otros animales merezcan la misma consideración.

La creciente preocupación por las epidemias zoonóticas por razones centradas en los intereses humanos

En las últimas décadas el interés por los programas de vacunación de los animales salvajes ha ido en aumento. Esto ha sido motivado principalmente por la preocupación por la salud de los seres humanos, más que por la de los animales a vacunar. Ello se ha debido al riesgo de epidemias zoonóticas. Actualmente se estima que alrededor de tres de cada cuatro nuevos patógenos que infectan a los seres humanos pueden propagarse a estos a través de otros animales, y esta cifra ha ido aumentado progresivamente.[25]

Actualmente estamos presenciando un ejemplo de ello, ya que las evidencias disponibles vienen a mostrar que la pandemia de COVID-19 tuvo su origen en un betacoronavirus de murciélago de herradura,[26] que habría dado el salto a los seres humanos probablemente a través de un huésped intermedio como podrían ser los pangolines[27] (aunque también se han encontrado virus similares al SARS-CoV-2 en civetas y perros mapaches).[28]

El brote de SARS (síndrome respiratorio agudo grave) en los seres humanos en 2003 fue causado por un betacoronavirus diferente, el SARS-CoV o SARS-CoV-1. Se cree que este se propagó de los murciélagos a las civetas, y después de las civetas a los seres humanos.[29] Nueve años más tarde, en 2012, el brote de MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) fue causado por el betacoronavirus MERS-CoV. Se sospecha que este proviene también de murciélagos, y que se propagó de estos a camellos 20 años antes, y posteriormente de camellos a humanos.[30] Puede haber habido otros casos de brotes de enfermedades propagadas por murciélagos a animales no humanos. Es muy altamente probable que el origen de los otros cuatro coronavirus que se sabe que afectan a los seres humanos, y cuyos efectos son más leves (los betacoronavirus HCoV-OC43 y HCoV-HKU1, y los alfacoronavirus HCoV-229E y HCoV-NL63), también haya sido zoonótico.[31]

Se cree que los mercados húmedos, que reúnen a muchos animales diferentes en condiciones espantosas, son los responsables de haber facilitado el salto entre especies de los dos virus SARS-CoV (el del 2003 y el actual, del 2019) en China.[32] Esto ha dado lugar a críticas del mundo occidental a este país, debido a las consecuencias que esto tiene para la salud humana y, en menor medida, debido a las formas en que se explotan los animales en territorio chino. Sin embargo, ha de indicarse que en el resto del mundo también es la norma que se dañe enormente a los animales para beneficio humano. Además, las granjas industriales occidentales plantean igualmente un gran riesgo de brotes virales para los seres humanos. Entre lo distintos ejemplos de esto, se incluyen diferentes pandemias de H1N1 y otros tipos de gripe. Esto además del riesgo cada vez mayor de que se puedan producir pandemias por enfermedades bacterianas, debido a la creciente resistencia bacteriana causada por el empleo de antibióticos en la ganadería[33] (de hecho, la Organización Mundial de la Salud, que durante mucho tiempo ha venido advirtiendo del riesgo de pandemias, ha estado considerando especialmente probable la llegada de una pandemia de gripe originada en una granja).[34]

Desde un punto de vista que tenga en cuenta a todos los seres sintientes estas consideraciones no son necesarias para oponerse a la explotación de los animales. Los animales no humanos son seres sintientes que, como los humanos, son dañados cuando se les hace sufrir y se les mata. La razón por la que damos consideración moral a alguien no debería ser la especie a la que pertenece, o si tiene ciertas capacidades intelectuales, sino si puede sentir y sufrir. Esto significa que debería ser inaceptable explotar a los animales, como lo hacemos habitualmente en granjas industriales y mercados húmedos, así como en otras granjas y negocios. Por consiguiente, para oponernos a estas formas de explotación no hace falta apelar a los daños o amenazas a la salud humana. Este es el caso igualmente tanto en China como en los países occidentales y el resto del mundo.

La desconsideración hacia los animales no humanos tiene consecuencias terribles para aquellos que se ven obligados a sufrir y morir en las granjas y los mercados. También tiende a ir acompañada de una indiferencia ante la suerte a la que se enfrentan los animales salvajes. Esto puede verse en cómo el interés por las enfermedades zoonóticas se basa principalmente en la salud humana. Como resultado, los brotes de virus que afectan solo a animales no humanos no han sido tan estudiados y no son tampoco conocidos por gran parte de la gente. Ello es así, sobre todo, cuando afectan a animales que viven en la en el mundo salvaje. Es razonable suponer que ha habido muchos casos de virus propagados por murciélagos a otros tipos de animales no humanos que han causado enormes cantidades de sufrimiento a esos. Los brotes en los huéspedes intermedios de COVID-19, SARS y MERS son ejemplos de esto. Pero la mayoría de los coronavirus que afectan a los animales no humanos se estudian muy poco. Entre los coronavirus más conocidos hay algunos que afectan a animales que viven con los humanos o son explotados por ellos, como el IBV (virus de la bronquitis infecciosa aviar), el PorCoV HKU15 (coronavirus porcino HKU15), el PEDV (virus de la diarrea epidémica porcina), el RECV (coronavirus entérico del conejo), el CCoV (coronavirus canino) y el FCoV (coronavirus felino). No obstante, también se han identificado otros que afectan a animales en estado salvaje, especialmente entre los murciélagos, así como en algunos otros animales que van desde las aves hasta los erizos.[35]

Reacciones ante las zoonosis resultando de la explotación de animales

Para reducir la transmisión de enfermedades a los humanos, así como a los animales que los humanos explotan para distintos fines, se ha actuado muchas veces de forma lamentable, matando a los animales salvajes. Las matanzas masivas de pollos, gallinas, cerdos, gansos y otros animales durante los brotes de enfermedades originados en las granjas se han convertido en un procedimiento habitual. Con los animales salvajes se hace en ocasiones algo similar.[36]

Tras el brote de SARS en seres humanos en 2003, el Gobierno de China ordenó la matanza de 10.000 civetas que se encontraron en los mercados, en contra de las indicaciones de la OMS.[37] En la actualidad, se está matando a murciélagos en varios lugares del mundo debido a la creencia de que esto puede ayudar a prevenir la propagación de COVID-19. El profesor de zoología de la Universidad de Wuhan, Huabin Zhao, ha denunciado que se está expulsando de la ciudad a murciélagos en hibernación, capturándolos y liberándolos en la naturaleza (donde posiblemente no sobrevivan, porque están acostumbrados a vivir en la ciudad), y que también hay quienes están defendiendo su matanza.[38] En muchos otros países (desde Indonesia a Perú o los EE.UU.) también existe la creencia de que los murciélagos de distintas especies pueden propagar el COVID-19 si pasan cerca de un humano.[39] Esta creencia es mantenida aún en el caso de que no sean murciélagos de herradura (los cuales, por cierto, no son los que hibernan en ciudades como Wuhan). Incluso a veces se opina que los murciélagos son de alguna manera los culpables de la pandemia, en lugar de los seres humanos, que son quienes la han causado mediante el consumo de productos animales.

Cabe indicar que, incluso si los murciélagos pudieran transmitir la enfermedad a los seres humanos, matarlos no solo sería cuestionable desde una posición que defendiera la consideración moral de todos los seres sintientes; tampoco funcionaría para prevenir las infecciones zoonóticas. Un ejemplo de ello es el caso de la rabia, que como hemos visto, puede ser transmitida a los humanos por ciertos animales, incluyendo los murciélagos. Ya hemos visto que la vacunación puede funcionar para detener la propagación de esta enfermedad. En cambio, las evidencias indican que matar a los animales no tiene ese mismo efecto. Esto se debe a que matar murciélagos solo reduce su población, no elimina la enfermedad. Y lo que sucede es que los murciélagos supervivientes de las colonias que son atacadas huyen a otras colonias. Esto puede llevar a infectar a los animales de otras colonias con la rabia, los cuales a su vez pueden infectar a otros animales. De esta manera, matar a los murciélagos puede ayudar a propagar la enfermedad más rápidamente.[40] Se hace así visible que es necesario ante todo educar al público –y, en algunos casos, a los responsables políticos– para evitar reacciones equivocadas que llevan a dañar a los animales.[41]

En contraste, hay acciones que son beneficiosas para los animales y que también son eficaces para proteger a los seres humanos contra las zoonosis. Entre ellas se incluye el rechazo del uso de animales como recursos para la alimentación y otros fines. Y también la implicación activa en la lucha contra las enfermedades que padecen los animales. La primera de ellas, que supone que los humanos dejen de dañarlos, ya ha sido objeto de debate en otros lugares.[42] Aquí nos centramos en la segunda.

¿Podría vacunarse contra los coronavirus a animales salvajes en algún momento?

En la primera sección de este artículo vimos que, a pesar de que a día de hoy existe una gran indiferencia por lo que les pase a los animales no humanos, la conexión entre la salud de los seres humanos y la de otros animales ha llevado a que en muchos casos se adopten medidas que protegen la salud de los animales salvajes. Se ha considerado cada vez más que la vacunación de estos es más eficaz para reducir la transmisión de enfermedades que matarlos.[43] Ello ha llevado a que estos animales se vean beneficiados indirectamente, aunque no porque haya habido una consideración por sus intereses.

Ahora bien, la viabilidad de un programa de vacunación de animales se enfrenta fundamentalmente con tres limitaciones a superar, que no son difíciles de adivinar:

(i) la falta de una vacuna eficaz,

(ii) la falta de financiación para aplicar los programas de vacunación, y

(iii) la falta de un método eficaz para administrar la vacuna

En la siguiente sección, consideraremos en qué medida están presentes estas limitaciones en el caso de una posible vacunación contra coronavirus como el SARS-CoV-2.

La falta de vacunas

De todas estas limitaciones, la que puede parecer más patente ahora mismo es la primera. Para empezar, puede considerarse que los programas de este tipo posiblemente solo se implementarían después de que se desarrolle y distribuya una vacuna entre los seres humanos. Esto significa que el momento en el que se pueda aplicar una medida así resulta incierto. Pensemos que todavía no hay una vacuna para el SARS, pues cuando la epidemia de SARS fue controlada hace más de 15 años, la financiación para desarrollar una vacuna contra esta enfermedad se vio dramáticamente reducida. Por razones similares, tampoco existe hoy en día una vacuna disponible para el MERS. Por otro lado, se están realizando grandes esfuerzos para encontrar una vacuna para seres humanos contra la COVID-19, y si esta fuese desarrollada a principios de esta década, sería factible implementar un programa de vacunación para animales salvajes en algún momento de la década de los 20.[44]

Asimismo, como hemos visto anteriormente, se está investigando para identificar y aprender más sobre otros coronavirus que afectan a los animales. Parece que, dada la visibilidad que estos virus han ganado ahora por su potencial zoonótico, tales investigaciones tenderán a aumentar, y se obtendrán más conocimientos sobre ellos en este decenio. Sin embargo, hay un largo camino desde esto hasta el desarrollo de hecho de vacunas, y no parece realista esperar que a corto plazo se gasten muchos recursos con este fin. Hasta ahora, quienes se encargan de tomar decisiones relevantes en los distintos países han atendido a las amenazas zoonóticas casi exclusivamente cuando los riesgos para la economía o la salud de los seres humanos han sido inmediatos y muy claramente reconocibles. Así que es probable que en los próximos años de crisis económica se prioricen otras cosas.

Dicho esto, cabe añadir que es en cualquier caso posible que esto cambie en algún momento, incluso aunque no exista una preocupación por los animales. Ello puede suceder a medida que se vayan acumulando más conocimientos sobre coronavirus potencialmente zoonóticos que afecten a los animales con los que interactúan los humanos, y como resultado de los temores de una nueva pandemia causada por coronavirus.

Financiamiento limitado para la implementación de los programas de vacunación

Así como hemos visto que la financiación puede ser el cuello de botella para las vacunas contra los diferentes coronavirus que se están desarrollando, también puede determinar si los programas de vacunación de animales salvajes se implementan o no. Como se ha mencionado anteriormente, debido a que los intereses de los animales no humanos son generalmente ignorados, es probable que se tomen medidas solo cuando se perciba una clara conexión con los intereses humanos. No obstante, los programas de vacunación de animales salvajes que ya han tenido éxito anteriormente muestran que, cuando tales intereses están presentes, no ha habido problema en proporcionar la financiación necesaria para que estos se lleven a cabo. Esto ha sucedido incluso cuando los programas en cuestión han tenido metas ambiciosas.

Por consiguiente, es probable que en los próximos años solo se disponga de fondos para vacunar a los animales no humanos contra los coronavirus si se identifican en las poblaciones animales los reservorios de una enfermedad grave que amenace a los seres humanos, como la COVID-19. En cuanto a los coronavirus distintos de los que ya están presentes en las poblaciones humanas, como se ha señalado anteriormente, no parece probable que se adopten medidas preventivas que puedan ayudar a los animales no humanos a corto plazo o incluso a medio plazo, aunque no es descabellado pensar que esto pueda cambiar en el futuro.

Viabilidad técnica

Entre las tres limitaciones enumeradas anteriormente, la viabilidad técnica puede representar un problema menor que las otras dos. En animales como las civetas y los perros mapaches, se podrían[45] aplicar métodos como los utilizados para la vacunación contra la rabia para las vacunaciones contra otros virus. Algo similar podría ocurrir con otros mamíferos grandes o medianos. Parece que no habría un gran obstáculo técnico para vacunarlos contra los coronavirus, y esto podría suceder si se descubre que son portadores de virus que podrían dañar a los humanos.

Los programas de vacunación de murciélagos se enfrentan a complicaciones que no están presentes en el caso de otros mamíferos, pero que no son insalvables. Algunas especies de murciélagos pueden comer porciones de comida que contengan la vacuna, pero otras no. Para obtener algunas pistas sobre cómo se podría abordar este problema, veremos dos casos de vacunación de murciélagos contra otras enfermedades (si bien hay que tener en cuenta que estos son ejemplos de los que disponemos dado el estado actual de la investigación en este campo; en el futuro podría darse un desarrollo mayor en este).

Síndrome de la nariz blanca

El síndrome de la nariz blanca nos proporciona un ejemplo útil porque infecta a los murciélagos en grandes cantidades, aunque consista en una infección fúngica, no vírica. Es causada por el hongo Pseudogymnoascus destructans, y daña a los murciélagos al interrumpir su hibernación, causando que se despierten y pierdan reservas de energía que necesitan para sobrevivir. Normalmente causa una enorme tasa de mortalidad, del 90% en algunas especies, pero con la administración de probióticos esta tasa se reduce aproximadamente a la mitad.[46] Se cree que el hongo ha matado a más de 6 millones de murciélagos en América del Norte. El probiótico puede administrarse rociándolo con un spray.[47]

Aunque las vacunas contra las infecciones fúngicas son poco frecuentes, los investigadores han propuesto recientemente desarrollar una vacuna contra el Pseudogymnoascus destructans y vacunar a los murciélagos de América del Norte contra este hongo. El método para su administración no puede ser individualizado, sino mediante un líquido, gel o aerosol que pueda aplicarse en masa a los murciélagos.[48] Estos métodos ya ha sido estudiados en otros casos,[49] y parece razonable suponer que los datos también puedan ser aplicables a nuevos programas de vacunación.[50]

Rabia (en murciélagos)

Se han realizado varios estudios sobre la vacunación de murciélagos contra la rabia y se han encontrado vacunas eficaces.[51] El objetivo de estos estudios es reducir la propagación de la rabia de los murciélagos vampiro a los humanos y las vacas (debido a su valor económico para los humanos a través de su explotación). Todavía no se ha aplicado a gran escala fuera de estos ensayos, aunque las investigaciones son favorables a su realización por su rentabilidad, incluso desde una perspectiva exclusivamente especista.[52] También se pueden vacunar a otros tipos de murciélagos además de los vampiro.[53]

De manera similar a lo que se hace para combatir el síndrome de la nariz blanca, los científicos han desarrollado una vacuna contra la rabia en gel, que puede propagarse entre los murciélagos cuando entran en contacto unos con otros. Los murciélagos lamen el gel cuando se acicalan. De esta manera, por cada murciélago al que le aplican el gel, una media de 2,6 murciélagos están protegidos.[54] Este parece ser un método de aplicación prometedor que puede ser utilizado en el futuro, y parece razonable que podría ser utilizado para propagar la vacuna contra el coronavirus entre los murciélagos.

A la luz de todo esto, parece que la cuestión principal en lo que respecta a si se va a vacunar a los animales contra los coronavirus no son los impedimentos técnicos o el eventual desarrollo de una vacuna, sino más bien si la presencia de esos virus en las poblaciones de animales se llega a considerar una amenaza suficientemente pertinente para la salud humana y los intereses económicos. Si finalmente se hiciese algo así, ello sería muy beneficioso para los animales afectados, así como para muchos otros, como veremos a continuación.

Cómo cada programa de vacunación de animales salvajes puede ser beneficioso también para otros animales

Las zoonosis que se propagan de los animales no humanos a los humanos son una minoría de las que se producen: la mayoría se dan entre diferentes especies de animales no humanos. Por ello, como se ha mencionado anteriormente en el caso de los murciélagos, la vacunación de ciertos animales puede ayudar no solo a los animales de esas poblaciones, sino también a muchos otros animales no humanos a los que podrían haber transmitido la enfermedad. Este puede ser el caso especialmente de los murciélagos, porque portan una de las mayores cantidades de gérmenes causantes de enfermedades entre los mamíferos salvajes. Entre estos, se incluyen un gran número de coronavirus. De hecho, los murciélagos albergan más de la mitad de todos los coronavirus conocidos.[55] Algunos factores que pueden contribuir a esta elevada carga de enfermedades son que estos animales tienen una gran diversidad genética (existen muchas especies de murciélagos, y son además animales muy numerosos en términos de individuos). Asimismo, son longevos y se alojan en grandes grupos.[56] Además, los murciélagos tienen un fuerte sistema inmunológico, lo que significa que los virus que los infectan tienen que ser especialmente virulentos. Esto, a su vez, significa que tienden a ser más dañinos para otros animales a los que se transmiten que para los propios murciélagos. Los coronavirus, en particular, tienen una alta tasa de recombinación y mutación, lo que hace más probable que infecten a nuevos tipos de animales.[57] Además, debido a que los murciélagos vuelan, pueden propagar enfermedades en un área más amplia. Esto supone que la presencia continua de coronavirus y de otros virus en los murciélagos sea también peligrosa para otros animales.

Hay otro beneficio importante cuando se lleva a cabo un nuevo programa de vacunación: obtenemos más información sobre cómo llevar a cabo otros futuros programas de vacunación que puedan ayudar a los animales. Por esta razón, cada nuevo programa de vacunación de animales salvajes puede ser muy útil para llevar a cabo un trabajo más exhaustivo en el futuro.

Además, estos programas pueden ayudar a aumentar la preocupación por los animales sintientes en general, lo que será crucial no solo a corto plazo, sino especialmente a largo plazo, para mejorar su situación. Mostrar al público una alternativa a las matanzas de animales, que funcione mejor y que ayude a los animales en lugar de dañarlos, puede hacer más fácil aumentar la preocupación por ellos. Esto es similar a lo que sucede cuando la disponibilidad de alternativas a la explotación animal lleva a que menos personas den apoyo a esta práctica y cada vez más defiendan la consideración moral de sus víctimas.

Lo que es más importante, como ya se ha mencionado, los animales en estado salvaje sufren debido a muchos factores diferentes. La creciente preocupación por ellos ya ha hecho que personas en diferentes lugares se involucren en diferentes formas de ayudarlos. Estas iniciativas han sido útiles de momento a una pequeña parte de los que necesitan ayuda. Pero también han logrado hacer de este un tema más visible. Estos ejemplos de casos reales también ayudan a contrarrestar la afirmación de que, por difícil que sea la situación para los animales, no hay manera de que podamos cambiarla. Asimismo, pueden constituir una motivación para que otras nuevas iniciativas destinadas a darles ayuda continúen yendo en aumento.

Esto último es especialmente preocupante porque en el futuro nuestra capacidad para ayudar a los animales en estado salvaje puede crecer sustancialmente. Debido a esto, es crucial que aumentemos nuestra consideración por los animales para que se tomen medidas cuando sea posible. Los programas de vacunación de animales salvajes que se llevan a cabo con éxito, incluso cuando se realizan motivados por un interés humano, ayudan a mostrar que sería factible llevarlos a cabo simplemente para beneficiar los propios animales no humanos. Esto también puede generar que veamos con más confianza otras iniciativas para ayudar a los animales salvajes, como por ejemplo, los programas de rescate de animales víctimas de fenómenos meteorológicos extremos, o las iniciativas para mejorar la vida de los animales en zonas urbanas, suburbanas y agrícolas.

Por último, los programas de vacunación también sirven para responder a otras objeciones que se plantean a la ayuda de los animales salvajes. Algunas personas rechazan ayudar a estos animales porque piensan que debemos dejarlos a su aire, incluso cuando esto significa dejarlos sufrir y morir, por ejemplo debido a alguna enfermedad dolorosa. Pero al mismo tiempo, pocas personas se oponen a programas de vacunación como los que hemos visto anteriormente cuando tienen efectos beneficiosos para los seres humanos. Esto representa un doble rasero, conforme al cual se considera aceptable intervenir para ayudar a los humanos pero no para ayudar a otros animales. Y esto muestra que tras esta objeción, contraria a ayudar a los animales salvajes, subyace una actitud especista. Por último, comprobar la viabilidad de las distintas formas en las que podemos ayudar a los animales salvajes, puede causar que aumente el apoyo dado a estas.

Notas

[1]           Animal Ethics (2020) Introduction to wild animal suffering: A guide to the issues, Oakland: Animal Ethics [accessed on 2 May 2020]. Véase también Faria, C. & Paez, E. (2015) “Animals in need: The problem of wild animal suffering and intervention in nature”, Relations: Beyond Anthropocentrism, 3, pp. 7-13 [referencia: 3  de mayo de 2020]; Horta, O. (2017) Un paso adelante en defensa de los animales, Madrid: Plaza y Valdés, cap. 6; Alonso, W. J. & Schuck-Paim, C. (2017) “Life-fates: Meaningful categories to estimate animal suffering in the wild“, Animal Ethics [referencia: 2 de mayo de 2020]; Hecht, L. B. B. (2019) “Accounting for demography in the assessment of wild animal welfare”, bioRxiv, Ocober 28 [referencia: 2 de mayo 2020]; Ética Animal (2020) “Publicaciones sobre el sufrimiento de los animales en el mundo salvaje”, Blog, Ética Animal [referencia: 1 de mayo de 2020]

[2]           Wobeser, G. A. (2005) Essentials of disease in wild animals, New York: John Wiley and Sons.

[3]           Animal Ethics (2020) Surveying attitudes toward helping wild animals among scientists and students, Oakland: Animal Ethics [referencia: 1 de mayo de 2020]

[4]           Organización Mundial de la Salud – OMS (2020) “Rabia”, Centro de prensa, OMS, 21 April [referencia: 5 de mayo de 2020].

[5]           Esto supone que los animales no necesitan ser manipulados o capturados para vacunarlos. Ello no solo implica mucho menos estrés y riesgo de lesiones, sino que es también lo que realmente permite que el proceso de vacunación llegue a un gran número de animales. Véase Rupprecht, C. E.; Hanlon, C. A. & Slate, D. (2003) “Oral vaccination of wildlife against rabies: Opportunities and challenges in prevention and control”, Developments in Biologicals, 119, pp. 173-184; Health and Food Safety Directorate-General, European Commission (2017) Overview report: Rabies eradication in the EU, Luxembourg: Publications Office of the European Union [referencia: 22 de abril de 2020].

[6]           Robbins, A. H.; Borden, M. D.; Windmiller, B.S.; Niezgoda, M.; Marcus, L. C.; O’Brien, S. M.; Kreindel, S. M.; McGuill, M. W.; DeMaria, A., Jr.; Rupprecht, C. E. & Rowell, S. (1998) “Prevention of the spread of rabies to wildlife by oral vaccination of raccoons in Massachusetts”, Journal of the American Veterinary Medical Association, 213, pp. 1407-1412.

[7]           Fearneyhough, M. G.; Wilson, P. J.; Clark, K. A.; Smith, D. R.; Johnston, D. H.; Hicks, B. N. & Moore, G. M. (1998) “Results of an oral rabies vaccination program for coyotes”, Journal of the American Veterinary Medical Association, 212, pp. 498-502.

[8]           Slate, D.; Rupprecht, C. E.; Rooney, J. A.; Donovan, D.; Lein, D. H. & Chipman, R. B. (2005) “Status of oral rabies vaccination in wild carnivores in the United States”, Virus Research, 111, pp. 68-76.

[9]             Driciru, M.; Rwego, I. B.; Asiimwe, B.; Travis, D. A.; Alvarez, J.; VanderWaal, K. & Pelican, K. (2018) “Spatio-temporal epidemiology of anthrax in Hippopotamus amphibious in Queen Elizabeth Protected Area, Uganda”, PLOS ONE, 13 (11) [referencia: 4 de mayo de 2020].

[10]          Luhn, A. (2016) “Anthrax outbreak triggered by climate change kills boy in Arctic Circle”, The Guardian, 1 de agosto [referencia: 2 de mayo de 2020].

[11]          Rengel, J. & Böhnel, H. (1994) “Vorversuche zur oralen Immunisierung von Wildtieren gegen Milzbrand”, Berliner und Münchener tierärztliche Wochenschrift, 107, pp. 145-149; Turnbull, P. C. B.; Tindall, B. W.; Coetzee, J. D.; Conradie, C. M.; Bull, R. L.; Lindeque, P. M. & Huebschle, O. J. B. (2004) “Vaccine-induced protection against anthrax in cheetah (Acinonyx jubatus) and black rhinoceros (Diceros bicornis)”, Vaccine, 22, pp. 3340-3347.

[12]                   Ndeereh, D.; Obanda, V.; Mijele, D. & Gakuya, F. (2012) “Medicine in the wild: Strategies towards healthy and breeding wildlife populations in Kenya”, The George Wright Forum, 29, pp. 100-108 [referencia: 2 de mayo de 2020].

[13]                   Queensland. Department of Employment, Economic Development and Innovation (2002) Rinderpest, Queensland Government.

[14]                   Pearce, F. (2000) “Inventing Africa”, New Scientist, 167, 12 de agosto [referencia: 7 de mayo de 2020].

[15]                   Organización Mundial de Sanidad Animal (2011) “2011 – Erradicación mundial de la peste bovina”, Portal de la peste bovina, OIE [referencia: 5 de mayo de 2020].

[16]                   Alcott, D. (2018) “How a cattle vaccine helped save jiraffes”, That’s Life [Ciencia], 15 de octubre [referencia: 2 de mayo de 2020].

[17]                   Organización Mundial de Sanidad Animal – OIE (2019) “Brucelosis”, OIE [referencia: 5 de mayo de 2020].

[18]                   Ibid.

[19]                   Buffalo Field Campaign (2016) “Yellowstone bison and brucellosis: Persistent mythology”, The Brucellosis Myth, Buffalo Field Campaing [accessed on 7 May 2020]. Lamentablemente, la práctica actual consiste en matar cientos de bisontes al año para aplacar a los agricultores que temen que la enfermedad se propague a sus vacas en cautividad, véase Bryan, C. (2016) “Yellowstone will close off park to conduct secret slaughter”, The Dodo, 4 de febrero [referencia: 6 de mayo de 2020].

[20]                   Chewy (2019) “Plague infection in prairie dogs”, PetMD, 14 de septiembre [referencia: 7 de diciembre de 2019].

[21]                   Prairie Dog Coalition (2018) Prairie dogs, people and plague, Boulder: The Humane Society of the United States [referencia: 2 de mayo de 2020].

[22]                   Leggett, H. (2009) “Plague vaccine for prairie dogs could save endangered ferret”, Wired, 4 de agosto [referencia: 2 de mayo de 2020].

[23]                   Torres, L. (2012) “Should we vaccinate wild apes?”, Global Animal [referencia: 2 de julio de 2013]; Ryan S. J. & Walsh, P. D. (2011) “Consequences of non-intervention for infectious disease in African great simes”, PLOS ONE, 6, e29030 [referencia: 5 de septiembre de 2019].

[24]                   Wildlife Conservation Society (2019) “Study: Community-based wildlife carcass surveillance is key for early detection of Ebola virus in Central Africa”, WCS Newsroom, 28 de agosto [referencia: 5 de mayo de 2020].

[25]                   Saif, L. J. (2004) “Animal coronaviruses: What can they teach us about the severe acute respiratory syndrome?”, Revue scientifique et technique (Office international des épizooties), 23, pp. 643-660; Centers for Disease Control and Prevention (2017) “Zoonotic diseases”, One Health, CDC, 14 de julio [referencia: 2 de mayo de 2020].

[26]                   Los coronavirus se clasifican actualmente en cuatro géneros, los alfacoronavirus y los betacoronavirus, que infectan a los mamíferos, y los deltacoronavirus y los gammacoronavirus, que también pueden infectar a los mamíferos pero suelen infectar a las aves.

[27]                   Andersen, K. G.; Rambaut, A.; Lipkin, W. I.; Holmes, E. C. & Garry, R. F. (2020) “The proximal origin of SARS-CoV-2”, Nature Medicine, 26, pp. 450-452 [referencia: 16 de abril de 2020].

[28]                   Biao K.; Ming W.; Huaiqi J.; Huifang X.; Xiugao J.; Meiying Y.; Weili L.; Han Z.; Kanglin W.; Qiyong L.; Buyun C.; Yanmei X.; Enmin Z.; Hongxia W.Jingrong Y., Guichang L., Machao L., Zhigang C., Xiaobao Q., Kai C., Lin D., Kai G., Yu-teng Z., Xiao-zhong Z., Yue-Ju F., Yu-Fan G., Rong H.; Dongzhen Y.; Yi G. & Jianguo X. ( 2005) “Molecular evolution analysis and geographic investigation of severe acute respiratory syndrome coronavirus-like virus in palm civets at an animal market and on farms”, Journal of Virology, 79, pp. 11892-11900 [referencia: 4 de mayo de 2020].

[29]                   Vijaykrishna, D.; Smith, G. J.; Zhang J. X.; Peiris, J. S. M.; Chen H. & Guan Y. (2007) “Evolutionary insights into the ecology of coronaviruses”, Journal of Virology, 81, pp 4012-4020 [referencia: 3 de mayo de 2020].

[30]                   Ben H.; Xingyi G.; Lin-Fa W. & Zhengli S. (2015) “Bat origin of human coronaviruses”, Virology Journal, 12, a221 [referencia: 4 de mayo de 2020]. Tanto el SARS como el MERS eran enfermedades bastante mortales en los seres humanos, con una tasa de mortalidad de aproximadamente el 10% y el 35% respectivamente, que es mucho más alta que la de la COVID-19. Sin embargo, no eran tan difíciles de contener como la COVID-19.

[31]                   Vijgen, L.; Keyaerts, E.; Moës, E.; Thoelen, I.; Wollants, E.; Lemey, P.; Vandamme, A. M. & Van Ranst, M. (2005) “Complete genomic sequence of human coronavirus OC43: Molecular clock analysis suggests a relatively recent zoonotic coronavirus transmission event”, Journal of Virology, 79, pp. 1595-1604 [referencia: 4 de mayo de 2020]; Huynh, J.; Li, S.; Yount, B.; Smith, A.; Sturges, L.; Olsen, J. C.; Nagel, J.; Johnson, J. B.; Agnihothram, S.; Gates, J. E. & Frieman, M. B. (2012)  “Evidence supporting a zoonotic origin of human coronavirus strain NL63”, Journal of Virology, 86, pp. 12816-12825; Ying T.; Mang S.; Chommanard, C.; Queen, K.; Jing Z.; Markotter, W.; Kuzmin, I. V.; Holmes, E. C. Suxiang T. (2017) “Surveillance of bat coronaviruses in Kenya identifies relatives of human coronaviruses NL63 and 229E and their recombination history”, Journal of Virology, 91, e01953-16 [referencia: 2 de mayo de 2020]; Zi-Wei Y.; Shuofeng Y.; Kit-San Y.; Sin-Yee F.; Chi-Ping C. & Dong-Yan J. (2020)  “Zoonotic origins of human coronaviruses, International Journal of Biological Sciences, 16, pp 1686-1697 [referencia: 4 de mayo de 2020].

[32]                   Guan Y.; Zheng B.J.; He Y. Q.; Liu X. L.; Zhuang Z. X.; Cheung C. L.; Luo S. W.; Li P. H.; Zhang L. J.; Guan Y. J.; Butt, K. M.; Wong K. L.; Chan K.W.; Lim W.; Shortridge, K. F.; Yuen K. Y.; Peiris, J. S. & Poon L .L. (2003) “Isolation and characterization of viruses related to the SARS coronavirus from animals in southern China”, Science, 302, pp 276 a 278; Wu F.; Zhao S.; Yu B.; Chen Y. M.; Wang W.; Song Z. G.; Hu Y.; Tao Z. W.; Tian J. H.; Pei Y. Y & Yuan M. L. (2020) “A new coronavirus associated with human respiratory disease in China”, Nature, 579, pp. 265-269 [referencia: 13 de febrero de 2020]; Zhou P.; Yang X. L.; Wang X. G.; Hu B.; Zhang L.; Zhang W.; Si H. R.; Zhu Y.; Li B.; Huang C. L. & Chen H. D. (2020) “A pneumonia outbreak associated with a new coronavirus of probable bat origin, Nature, 579, pp. 270-273 [referencia: 13 de febrero de 2020].

[33]                   Fineberg, H. V. (2014) “Pandemic preparedness and response — lessons from the H1N1 influenza of 2009”, New England Journal of Medicine, 370, pp. 1335-1342 [referencia: 3 de mayo de 2020]; Manyi-Loh, C.; Mamphweli, S.; Meyer, E. & Okoh, A. (2018) “Antibiotic use in agriculture and its consequential resistance in environmental sources: Potential public health implications”, Molecules, 23, E795 [referencia: 3 de mayo de 2020]; Van Boeckel, T. P.; Pires, J.; Silvester, R.; Zhao, C.; Song, J.; Criscuolo, N. G.; Gilbert, M.; Bonhoeffer, S. & Laxminarayan, R. (2019) “Global trends in antimicrobial resistance in animals in low and middle-income countries”, Science, 365, pp. 1251-1252.

[34]                   World Health Organization (2019) “Global influenza strategy 2019-2030”, World Health Organization, p. 4  [referencia: 2 de mayo de 2020]. Véase también Morse, S. S.; Mazet, J. A.; Woolhouse, M.; Parrish, C. R.; Carroll, D.; Karesh, W. B.; Zambrana-Torrelio, C.; Lipkin, W. I. & Daszak, P. (2012) “Prediction and prevention of the next pandemic zoonosis, The Lancet, 380, pp. 1956-1965 [referencia: 2 de mayo de 2020].

[35]                   Lamentablemente, no se conocen los daños causados por otros coronavirus a los animales que viven en la naturaleza. Hay muchos coronavirus que infectan a muchos tipos diferentes de animales, por lo que los síntomas varían bastante. Sabemos que en mamíferos y aves causan una variedad de síntomas principalmente en el sistema respiratorio y gastrointestinal, pero también pueden afectar al hígado y el sistema nervioso. Ver Bande, F.; Arshad, S. S.; Bejo, M. H.; Moeini, H. & Omar, A. R. (2015) “Progress and challenges toward the development of vaccines against avian infectious bronchitis”, Journal of Immunology Research, a424860 [referencia: 3 de mayo 2020]; Brook, C. E. & Dobson, A. P. (2015) “Bats as ‘special’ reservoirs for emerging zoonotic pathogens”, Trends in Microbiology, 23, pp. 172-180 [referencia: 4 de mayo 2020].

[36]                   Otro ejemplo de estas medidas que afectan a los murciélagos ha sido la matanza de murciélagos frugívoros, que se cuestiona en Olival, K. J. (2016) “To cull, or not to cull, bat is the question”, EcoHealth, 13, pp. 6-8 [referencia: 4 de mayo de 2020].

[37]                   CBS Interactive (2004) “Civet cat slaughter to fight SARS”, CBS News, 11 de enero [referencia: 16 de abril de 2020].

[38]                   Huabin Z. (2020)  “COVID-19 drives new threat to bats in China”, Science, 367, p. 1436 [referencia: 2 de mayo de 2020].

[39]                   South China Morning Post (2020) “Hundreds of bats culled in Indonesia to ‘prevent spread’ of the coronavirus”, South China Morning Post, YouTube, 16 March [referencia: 2 de mayo de 2020]; Phys.org (2020)  “Peru saves bats blamed for coronavirus”, Biology, Phys.org, 25 de marzo [referencia: 4 de mayo de 2020]; Morris, J. (2020) “Should we be worried about bats in San Jose making us sick?”, Mercury News, 14 de febrero [referencia: 3 de mayo de 2020].

[40]                   Erickson-Michigan, J. (2013) “Culling vampire bats may spread rabies faster”, Futurity, 3 de diciembre [referencia: 28 de abril de 2020].

[41]                   Alagona, P. (2020) “It’s wrong to blame bats for the coronavirus epidemic”, The Conversation, 24 de marzo [referencia: 4 de mayo de 2020]; Dalton, J. (2020) “Coronavirus: Exterminar los murciélagos a los que se culpa de la propagación de Covid-19 aumentaría el riesgo de nuevas enfermedades, advierten los expertos”, The Independent, 19 de abril [referencia: 2 de mayo de 2020]; Ghosh, S. (2020) “Bats not the enemy in the fight against COVID-19”, Mongabay, 24 de abril [referencia: 1 de mayo de 2020].

[42]                   Véase, por ejemplo, Singer, P. & Cavalieri, P. (2020) “The two dark sides of COVID-19”, Project Syndicate, 2 de marzo [referencia: 4 de mayo de 2020].

[43]                   Aubert, M. F. A. (1999) “Costs and benefits of rabies control in wildlife in France”, Revue scientifique et technique (Oficina Internacional de Epizootias), 18, pp. 533-543; Blancou, J.; Pastoret, P. P.; Brochier, B.; Thomas, I. & Bögel, K. (1988) “Vaccinating wild animals against rabies”, Reviews in Science Technology, 7, pp. 1005-1013 [referencia: 7 de mayo de 2020].

[44]                   Idealmente, podemos suponer que una forma de prevenir posibles pandemias causadas por otros virus que aún no afectan a los humanos consistiría en estudiarlos y desarrollar vacunas para ellos antes de que pasen a los humanos, aunque sería poco realista esperar que algo así ocurra en los próximos años.

[45]                   Biao K.; Ming W.; Huaiqi J.; Huifang X.; Xiugao J.; Meiying Y.; Weili L.; Han Z.; Kanglin W.; Qiyong L.; Buyun C.; Yanmei X.; Enmin Z.; Hongxia W.; Jingrong Y.; Guichang L.Machao L.; Zhigang C.; Xiaobao Q.; Kai C.; Lin D.; Kai G.; Yu-teng Z.; Xiao-zhong Z.; Yue-Ju F.; Yu-Fan G.; Rong H.; Dongzhen Y.; Yi G. & Jianguo X. (2005) op. cit.

[46]                   Hoyt, J. R.; Langwig, K. E.; White, J. P.; Kaarakka, H. M.; Redell, J. A.; Parise, K. L.; Frick, W. F.; Foster, J. T. & Kilpatrick, A. M. (2019) “Spraying bats with ‘good’ bacteria may combat deadly white nose syndrome, Scientific Reports, 9 [referencia: 2 de mayo de 2020].

[47]                   O’Neill, K. (2019) “Spraying bats with ‘good’ bacteria may combat deadly white nose syndrome”, Science News, 15 de julio [referencia: 2 de mayo de 2020].

[48]                   Cushman, W. (2019) “The scientific frontier of vaccinating bats against a deadly virus, WisContext, 8 de noviembre [referencia: 16 de abril de 2020].

[49]                   O’Neill, K. (2019) “Spraying bats with ‘good’ bacteria may combat deadly white nose syndrome”, op. cit.

[50]                   Garner, S. (2018) “How to vaccinate a wild bat”, Scientific American, 22 de noviembre [referencia: 1 de mayo de 2020].

[51]                   [51] Estos estudios se han centrado en la vacunación de murciélagos vampiros (que representan sólo tres especies de las 1.200 especies de murciélagos que hay en el mundo y viven sólo en América Latina). Erickson-Michigan, J. (2013) op. cit.

[52]                   Aguilar Sétien, A.; Brochier, B.; Tordo, N.; de Paz, O.; Desmettre, P.; Péharpré, D. & Pastoret, P.-P. (1998) “Experimental rabies infection and oral vaccination in vampire bats (Desmodus rotundus)”, Vaccine, 16, pp. 1122-1126.

[53]                   Lollar, A. (2004) “Vaccinating insectivorous bats against rabies”, International Bat Rehabilitation Journal, 2, p. 1 [referencia: 2 de mayo de 2020]. El World Bat Sanctuary ha estado vacunando a todos los murciélagos de la zona contra la rabia desde 1990.

[54]                   Bakker, K. M.; Rocke, T. E.; Osorio, J. E.; Abbott, R. C.; Tello, C.; Carrera, J. E.; Valderrama, W.; Shiva, C.; Falcon, N. & Streicker, D. G. (2019) “Fluorescent biomarkers demonstrate prospects for spreadable vaccines to control disease transmission in wild bats”, Nature Ecology & Evolution, 3, pp. 1697-1704.

[55]                   Ben H.; Xingyi G.; Lin-Fa W. & Zhengli S. (2015) op. cit.

[56]                   Calisher, C. H.; Childs, J. E.; Field, H. E.; Holmes, K. V. & Schountz, T. (2006) “Bats: Important reservoir hosts of emerging viruses”, Clinical Microbiology Reviews, 19, pp. 531 a 545 [referencia: 2 de mayo de 2020]; Luis, A. D.; Hayman, D. T.; O’Shea, T. J.; Cryan, P. M.; Gilbert, A. T.; Pulliam, J. R.; Mills, J. N.; Timonin, M. E.; Willis, C. K.; Cunningham, A. A.; Fooks, A. R.; Rupprecht, C. E.; Wood, J. L. N. & Webb, C. T. (2013) “A comparison of bats and roents as reservoirs of zoonotic viruses: Are bats special?”, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 280, a. 1756 [referencia: 3 de mayo de 2020].

[57]                   Lau S. K. P.; Woo P. C. Y.; Li K. S. M.; Yi H.; Hoi-Wah T.; Wong B. H. L.; Wong S. S. Y.; Suet-Yi L.; Kwok-Hung C. & Kwok-Yung Y. (2005) “Severe acute respiratory syndrome coronavirus-like virus in Chinese horseshoe bats”, Proceedings of the National Academy of Sciences, 102, pp. 14040-14045 [referencia: 3 de mayo de 2020].