Desnutrición, hambre y sed en los animales salvajes

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La principal causa de inanición para los animales en la naturaleza es sencillamente el hecho de nacer en un entorno en el que no hay comida para todos. La mayor parte de especies de animales se reproduce en grandes números, muchos más de los que mantendrían la población estable. Los artrópodos y los peces, por ejemplo, pueden poner desde miles a millones de huevos a lo largo de su vida. Si la mayoría de estos animales sobreviviera, las poblaciones crecerían de manera rápida y exponencial. Sin embargo, esto no es lo que ocurre.

Las poblaciones de animales tienden a ser relativamente estables a lo largo de generaciones. Para que una población permanezca estable, solamente una cría por progenitor de media puede sobrevivir hasta la edad adulta. El resto muere. Algunos huevos no llegan a eclosionar, otros animales son matados por depredadores, hermanos o incluso sus propios progenitores, poco después de nacer. Pero una de las causas más habituales de la muerte de los animales es, como decíamos, por inanición después de nacer. La cantidad de comida disponible para estos animales recién nacidos es un factor clave para determinar cuántos de ellos sobreviven. Por lo tanto, la escasez de comida es una continua fuente de sufrimiento para los animales salvajes, en particular durante el invierno y a inicios de la primavera, cuando la comida escasea.

En ocasiones los efectos del hambre y la desnutrición se reducen porque las hembras desnutridas no quedan embarazadas, por lo que el número de animales que nacen es menor. Sin embargo, esto no elimina los efectos que el hambre tiene sobre los individuos que ya existen de estas poblaciones.

 

Otras causas de inanición y desnutrición en los animales que viven en el mundo salvaje

Quienes sobrevivan después del nacimiento, se enfrentarán a un gran número de problemas y peligros, que pueden llevar a que sufran por desnutrición, hambre o sed.

Los progenitores se encuentran en mayor riesgo de inanición justo antes y después de aparearse, cuando sus niveles de energía y reservas de grasa se reducen. Las crías son también especialmente vulnerables, incluso en especies que tienen pocas, y les prestan cuidados. Los mamíferos jóvenes separados de manera prematura de sus madres no suelen encontrar la comida necesaria para sobrevivir. Cuando esta escasea, una madre puede morir de inanición intentando nutrir a sus crías. O bien, puede rechazar a sus crías, optando por no alimentarlas o no dejarles mamar.1 En ocasiones las madres desnutridas son incapaces de producir leche. Los recién nacidos de otros animales también pueden morir de inanición porque sus progenitores no consiguen comida suficiente para ellos. En estas circunstancias, muchos son abandonados, como se ve a menudo en el caso de las ardillas.

Los animales no mamíferos pueden sufrir un riesgo de inanición incluso mayor durante las fases reproductivas, puesto que sus reservas de grasa caen, y su acceso a la comida se reduce de manera importante. Los salmones, por ejemplo, soportan un viaje extenuante río arriba para llegar a la zona de reproducción, nadando a contracorriente y saltando cascadas. Durante todo este tiempo no comen nada. Algunos sobreviven, y realizan el viaje de nuevo en los años siguientes. Pero muchos otros no lo logran, y gastan las últimas reservas de energía para reproducirse, y morir poco después.

Otro ejemplo es el de los pingüinos emperadores. Tras un viaje de meses a pie por el hielo antártico, las hembras pone sus huevos, y los dejan al cuidado de los padres. Habiendo perdido un tercio de su peso corporal, las hembras parten en búsqueda de comida durante dos meses, dejando que sus parejas mantengan el huevo caliente. Cuando las hembras vuelven, los machos llevan a cabo su propio viaje en búsqueda de comida, habiendo estado sin comer durante cuatro meses, y probablemente haber perdido la mitad del peso corporal.2 Esta situación pone en riesgo tanto a las crías como a los progenitores, porque las crías de pingüino morirán de inanición si no reciben suficiente comida. Cuando son polluelos, el agotamiento producido por la desnutrición puede agotar la energía necesaria para buscar comida por sí mismos, y esto puede llevarles a morir de inanición. Una colonia de 40.000 pingüinos perdió durante un mal año a todos los polluelos, excepto dos.3

Los desastres naturales pueden provocar la muerte de un gran porcentaje de individuos de una población durante un corto período de tiempo, destruyendo o contaminando las reservas de comida, el suelo y el agua durante muchos años, provocando inanición y desnutrición. Los animales también se enfrentan a períodos intermitentes y estacionales de falta de alimento cuando sus hábitats sufren cambios. Por ejemplo, los ciervos no hibernan ni migran, y muchos de ellos mueren de inanición cada invierno debido a la escasez de refugio y alimento.4 En algunas zonas, más de la mitad de una población de tortugas marinas puede morir durante el invierno cuando quedan aturdidas por el frío, y están demasiado desorientadas para comer.5

Ante la falta de alimento, los mamíferos, las aves y los peces pierden en primer lugar las reservas acumuladas de grasa, y luego comienzan a consumir la masa muscular como una fuente de energía, debido a la situación de emergencia. Esto puede debilitarlos y finalmente provocarles la muerte por atrofia de órganos.6 La migración y la hibernación son respuestas adaptativas habituales, pero también son peligrosas. Los animales que hibernan siguen siendo vulnerables a la inanición, así como a enfermedades y estrés por frío o calor. La migración por su parte, supone un gran gasto energético, y su éxito a menudo depende de lo favorables que fueran el clima y el acceso a alimento durante la primavera y el verano anteriores a la migración.

Los invertebrados utilizan estrategias similar para superar los periódos de falta de alimento, y muchos de estos animales, incluyendo insectos, han evolucionado para sobrevivir durante meses o incluso años sin comida. Otros migran, pero su capacidad de volar puede reducirse por la falta de comida y la desnutrición, llevándoles a la muerte. Otros insectos recurren al canibalismo cuando la comida escasea.7

Entre los animales, la falta de recursos energéticos es habitual. Durante las épocas de escasez de comida, los animales que tienen menores reservas de grasa son los que antes mueren de inanición. Es el caso de los animales más jóvenes, de los que han perdido energía debido a la reproducción, los que son demasiado débiles para migrar, y los que tienen un menor estatus social.

Incluso en presencia de abundante comida, los animales pueden verse impedidos de acceder a ella debido a enfermedades o lesiones, provocando que mueran de inanición. Por ejemplo, los abulones pueden morir de hambre debido al síndrome de deshidratación del abulón. Esta enfermedad es producida por bacterias que consumen el revestimiento del tracto digestivo de los animales infectados. Puede destruir las enzimas digestivas, impidiendo la capacidad del abulón de digerir el alimento. Para sobrevivir, el abulón consume su propia masa corporal, provocándole una apariencia de “deshidratación”. En este estado debilitado, los animales infectados morirán de inanición, o serán devorados por depredadores.8 Por otro lado, las aves pueden morir de inanición si su pico se ve lo suficientemente dañado como para impedirles comer.

En algunos casos el problema es tan simple como tener una mala dentadura. Los elefantes ancianos dejan de masticar en la medida en que sus dientes se desgastan por la dieta dura. Las ardillas que no consiguen encontrar alimentos suficientemente duros para limar sus dientes acaban con incisivos tan largos y afilados que no pueden usarlos para rodear nuevos alimentos. En cualquier caso, el resultado es el hambre y la muerte para el animal afectado.

La inanición es una causa habitual de muerte para los animales que sobreviven hasta una edad avanzada. En determinado momento el cuerpo de los animales sencillamente se desgasta, y estos ya no pueden buscar comida. Algunos insectos dedican poca energía al mantenimiento de su cuerpo tras alcanzar la madurez. Algunas partes cruciales de éste se deterioran hasta que el animal es incapaz de comer o de moverse. Hay partes de las alas y de la boca que pueden empezar a caerse, los músculos se atrofian, las articulaciones se desgastan, y el sistema digestivo puede perder la capacidad de repararse a sí mismo.9 Cuando los animales de edad avanzada no mueren de inanición por sí solos, algunos congéneres pueden atacarlos o alejarlos de la seguridad y el alimento aportados por el grupo. Los insectos sociales de especies como las hormigas y las abejas pueden dejar su grupo de manera voluntaria al llegar a una edad avanzada, morir de inanición intencionadamente, o ser expulsados del grupo cuando ya no son capaces de contribuir al mismo.10

La escasez de alimento empeora debido a la existencia simultánea de hambre y depredación. ¿De qué manera se relacionan éstas? En primer lugar, los animales que son víctimas de la depredación buscan evitar a los depredadores en la medida de lo posible. Intentan encontrar comida en lugares donde los depredadores les supongan un menor riesgo, como en zonas arboladas donde puedan ocultarse, en lugar de en zonas abiertas donde los depredadores puedan verlos con mayor facilidad. Cuando no hay suficiente alimento en las zonas donde se ocultan, sufren hambre y desnutrición. Cuando la desnutrición pasa a ser crítica, empiezan a dejar las zonas arboladas, aumentando su vulnerabilidad a los depredadores. Esto lleva a un aumento en el número de muertes por depredación. Por eso la depredación y la desnutrición se combinan provocando sufrimiento y muertes entre las poblaciones de animales. La relación entre la disponibilidad de comida y la depredación ha sido estudiada en detalle en el caso de animales de muchas especies.11

La sed también contribuye de manera enorme a las altas tasas de mortalidad de los animales salvajes. Hay dos formas fundamentales en que la falta de agua provoca que los animales salvajes sufran y, a menudo, mueran de forma dolorosa. En primer lugar, durante las épocas de sequía, no hay suficientes recursos disponibles para una población grande de animales, por lo que muchos mueren de sed.12 En segundo lugar, como ocurre en el caso de la desnutrición, algunos animales amenazados por depredadores muestran una reticencia a buscar agua debido al riesgo que los depredadores suponen. Se ocultan en lugares seguros donde hay poca agua o ninguna.

La sed obliga a los animales a asumir riesgos para satisfacer su profunda necesidad de agua.13 Cuando finalmente dejan el lugar donde se esconden, están tan debilitados que son presas fáciles en los abrevaderos o en campo abierto. Otros permanecen en su escondrijo hasta estar tan deshidratados que no pueden moverse. Finalmente son incapaces de acceder al agua, y mueren de sed.14

La sed extrema es una experiencia espantosa. Provoca una sensación de agotamiento provocada por una reducción del nivel sanguíneo, y el cuerpo intenta compensar la falta de agua aumentando el ritmo cardíaco y respiratorio. Luego llegan los mareos y el colapso, y finalmente la muerte.15

La combinación de hambre y sed acelera el proceso de deshidratación, que culmina con la muerte. Muchos animales que viven en condiciones áridas consumen más comida de la que en principio necesitarían como estrategia de supervivencia, dado que de esta forma obtienen algunos fluidos. Esto permite al animal seguir vivo durante un gran período de tiempo.16 Muchos animales no sobreviven a climas hostiles sin la capacidad de tomar agua de manera directa o indirecta a través de la comida.

Las enfermedades también pueden llevar a la deshidratación. Por ejemplo, el hongo quítrido puede infectar a las ranas, espesando su piel hasta que son incapaces de absorber el agua y los nutrientes esenciales. Puesto que las ranas se hidratan principalmente a través de la piel, esto suele suponer para ellas la muerte. Existe un tratamiento, y la infección se puede curar de manera sencilla, pero no existe todavía una forma de tratar a grandes poblaciones de ranas en la naturaleza.17 La enfermedad puede complicarse por otros factores, como el estrés por calor. Este puede empeorar la situación de una rana deshidratada, incluso a temperaturas que no las dañan cuando se encuentran hidratadas.18

En ocasiones las autoridades aprueban medidas en respuesta a una sequía o falta de alimento, de formas que perjudica a los animales que ya están riesgo. Algunas veces las medidas se aprueban con el objetivo deliberado de que los animales mueran de hambre. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de las palomas urbanas, cuando se prohíbe darles de comer para que mueran y sus poblaciones se reduzcan. Otro ejemplo ocurrió en 2010 en Kenia, cuando una sequía provocó la muerte del 80% de animales que normalmente eran depredados por leones en el parque nacional de Amboseli. Mediante el uso de helicópteros y camiones, se capturó a 7.000 cebras y ñus en otras zonas, que fueron transportados al parque para “servir” como alimento vivo de leones que pasaban hambre. Los seres humanos que viven allí tenían interés en que hubiera leones en el parque debido a los beneficios económicos del turismo.19

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Lecturas recomendadas

Bright, J. L. & Hervert, J. J. (2005) “Adult and fawn mortality of Sonoran pronghorn”, Wildlife Society Bulletin, 33, pp. 43-50.

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Hansen, B. B.; Aanes, R.; Herfindal, I.; Kohler, J. & Sæther, B.-E. (2011) “Climate, icing, and wild arctic reindeer: Past relationships and future prospects”, Ecology, 92, pp. 1917-1923.

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Notas

1 Michigan Department of Natural Resources (2019) “Malnutrition and starvation”, michigan.gov [referencia: 23 de diciembre de 2019].

2 Halsey, L. (2018) “A matter of life and energy”, The Biologist, 65 (2), pp. 18-21 [referencia: 23 de junio de 2019].

3 Pierce, C. P. (2019) “In a colony of 40,000, just two penguin chicks survived this year”, Esquire, Jun 17 [referencia: 23 de junio de 2019].

4 Wooster, C. (2003) “What happens to deer during a tough winter?”, Northern Woodlands, February 2 [referencia: 23 de diciembre de 2019].

5 Foley, A. M.; Singel, K. E.; Dutton, P. H.; Summers, T. M.; Redlow, A. E. & Lessman, J. (2007) “Characteristics of a green turtle (Chelonia mydas) assemblage in Northwestern Florida determined during a hypothermic stunning event”, Gulf of Mexico Science, 25, pp. 131-143 [referencia: 19 de junio de 2019].

6 Michigan Department of Natural Resources (2019) “Malnutrition and starvation”, op. cit.

7 See for instance: Scharf, I. (2016) “The multifaceted effects of starvation on arthropod behavior”, Animal Behaviour, 119, pp. 37-48. Zhang, D.-W.; Xiao, Z.-J.; Zeng, B.-P.; Li, K. & Tang, Y.-L. (2019) “Insect behavior and physiological adaptation mechanisms under starvation stress”, Frontiers in Physiology, 10 [referencia: 19 de junio de 2019].

8 Ben-Horin, T.; Lenihan, H. S.; Lafferty, K. D. (2013) “Variable intertidal temperature explains why disease endangers black abalone”, Ecology, 94, pp. 161-168. Friedman, C. S.; Biggs, W.; Shields, J. D. & Hedrick, R. (2002) “Transmission of withering syndrome in black abalone, Haliotis cracherodii leach”, Virginia Institute of Marine Science, 21, pp. 817-824 [referencia: 21 de agosto de 2019].

9 Dirks, J.-H;. Parle, E. & Taylor, D. (2013) “Fatigue of insect cuticle”, Journal of Experimental Biology, 216, pp. 1924-1927 [referencia: 24 de octubre de 2019]. O’Neill, M.; DeLandro, D. & Taylor, D. 2019 “Age-related responses to injury and repair in insect cuticle”, Journal of Experimental Biology, 222 [referencia: 24 de octubre de 2019]; Remolina, S. C.; Hafez, D. M.; Robinson, G. E. & Hughes, K. A. (2007) “Senescence in the worker honey bee Apis mellifera”, Journal of Insect Physiology, 53, pp. 1027-1033 [referencia: 24 de octubre de 2019].

10 Ridgel, A. L.; Ritzmann, R. E. & Schaefer, P. L. (2003) “Effects of aging on behavior and leg kinematics during locomotion in two species of cockroach”, Journal of Experimental Biology, 206, pp. 4453-4465 [referencia: 23 de junio de 2019]. Langstroth, L. L. (2008 [1853]) Langstroth on the hive and the honey-bee: A bee keeper’s manual, Salt Lake City: Project Gutenberg [referencia: 23 de junio de 2019].

11 See for example: Anholt, B. R. & Werner, E. E. (1995) “Interaction between food availability and predation mortality mediated by adaptive behavior”, Ecology, 76, pp. 2230-2234; McNamara, J. M. & Houston, A. I. (1987) “Starvation and predation as factors limiting population size”, Ecology, 68, pp. 1515-1519; Sinclair, A. R. E. & Arcese, P. (1995) “Population consequences of predation-sensitive foraging: The Serengeti wildebeest”, Ecology, 76, pp. 882-891; Anholt, B. R. & Werner, E. E. (1998) “Predictable changes in predation mortality as a consequence of changes in food availability and predation risk”, Evolutionary Ecology, 12, pp. 729-738; Sweitzer, R. A. (1996) “Predation or starvation: Consequences of foraging decisions by porcupines (Erethizon dorsatum)”, Journal of Mammalogy, 77, pp. 1068-1077 [referencia: 2 de diciembre de 2019]; Hik, D. S. (1995) “Does risk of predation influence population dynamics? Evidence from cyclic decline of snowshoe hares”, Wildlife Research, 22, pp. 115-129 [referencia: 14 de diciembre de 2019]; Anholt, B. R.; Werner, E. & Skelly, D. K. (2000) “Effect of food and predators on the activity of four larval ranid frogs”, Ecology, 81, pp. 3509-3521.

12 Nair, R. M. (2004) “Hunger and thirst haunt wildlife”, The Hindu, March 26 [referencia: 9 de marzo de 2013].

13 Sansom, A.; Lind, J. & Cresswell, W. (2009) “Individual behavior and survival: The roles of predator avoidance, foraging success, and vigilance”, Behavioral Ecology, 20, pp. 1168-1174 [referencia: 18 de junio de 2019]. Clinchy, M.; Sheriff, M. J. & Zanette, L. Y. (2013) “Predator‐induced stress and the ecology of fear”, Functional Ecology, 27, pp. 56-65 [referencia: 18 de junio de 2019].

14 TNN (2010) “Starvation, thirst kill many antelope in Jodhpur”, The Times of India, Jul 4 [referencia: 12 de diciembre de 2019].

15 Gregory, N. G. (2004) Physiology and behaviour of animal suffering, Ames: Blackwell, p. 83.

16 Ibid., p. 84.

17 California Academy of Sciences (2012) ”Frog dehydration”, calacademy.org, April 26 [referencia: 18 de junio de 2019].

18 Beuchat, C. A; Pough, F. H. & Stewart, M. M. (1984) “Response to simultaneous dehydration and thermal stress in three species of Puerto Rican frogs”, Journal of Comparative Physiology B: Biochemical, Systems, and Environmental Physiology, 154, pp. 579-585.

19 Kurczy, S. (2010) “Why is Kenya moving 7,000 zebras and wildebeest?”, The Christian Science Monitor, February 10 [referencia: 7 de octubre de 2019].