Determinar qué animales son sintientes es muy importante para estudiar el bienestar de los animales en sus hábitats naturales. La sintiencia (la capacidad de experimentar cosas de forma consciente, incluyendo el dolor y la felicidad) es la característica que determina qué seres pueden sufrir daños o verse beneficiados, por lo que saber qué animales son sintientes es fundamental. La sintiencia es sinónimo, o casi sinónimo, de la consciencia, y en ocasiones utilizaremos este término a continuación.
Que los animales de una determinada especie sean sintientes supone que la sintiencia deba desarrollarse en un momento concreto. Para comprender el grado de sufrimiento que padece un animal en las primeras etapas de la vida, es fundamental saber en qué momento surge la sintiencia. Esto podría ocurrir durante el desarrollo dentro de la madre, mientras se encuentran dentro del huevo en el caso de las especies ovíparas, o bien tras el nacimiento o la eclosión.
La cuestión de cuándo un animal desarrolla la sintiencia es, al menos a nivel conceptual, distinta de la cuestión de cuándo un animal se vuelve activo. Un animal, como el Trichoplax (un animal multicelular simple sin órganos ni estructura interna), puede actuar y moverse, al menos de forma rudimentaria, a pesar de carecer de sintiencia.1 Por lo tanto, es posible que un animal sea activo pero carezca de sintiencia, aunque estos rasgos tiendan a darse de manera conjunta.
La cuestión de cuándo se desarrolla la sintiencia en los animales es especialmente relevante a fin de informar los esfuerzos para darles ayuda, ya que la mayoría de animales, como los peces y los insectos, tienen tasas de reproducción extremadamente altas, y la mayoría de ellos mueren poco después de nacer. Es fundamental saber si estos animales son sintientes al morir, ya que, de ser así, podrían sufrir a causa de los factores que provocan su muerte, como el hambre, la deshidratación, la exposición a las inclemencias climáticas, las enfermedades o la depredación.
Los animales que mueren siendo muy jóvenes no tendrán tiempo de acumular suficientes experiencias positivas que compensen no solo el daño que supone la muerte, sino también el sufrimiento que conlleva el proceso de morir, por lo que su bienestar medio será bajo. Cuanto antes estos animales adquieran consciencia, un mayor número de estas muertes prematuras irán acompañadas de sufrimiento, por lo que mayor será el sufrimiento que cabe esperar que haya en una población. Por lo tanto, es importante comprender a qué edad adquieren consciencia para dirigir las intervenciones hacia los animales que más necesitan nuestra ayuda.
Si los animales que mueren justo después de nacer son sintientes en el momento de su muerte, las intervenciones podrían resultar eficaces si influyeran en el nacimiento de esos animales, o evitaran esa muerte prematura y el sufrimiento. Sin embargo, si los animales en esta etapa no son seres sintientes, estas intervenciones no ayudarán a nadie, por lo que es importante que lleguemos a comprender mejor en qué etapa de su desarrollo adquieren la sintiencia.
Además, esta cuestión tiene repercusiones en el trato directo que los seres humanos dan a los animales. Por ejemplo, en muchos países los peces cebra adultos están protegidos por alguna legislación mínima en materia de bienestar animal, mientras que los juveniles no suelen estar protegidos de ninguna manera.2 Como veremos, esta diferencia de trato no está justificada por pruebas adecuadas. Por supuesto, ni siquiera los peces adultos están adecuadamente protegidos y respetados por la legislación; lo único que ocurre es que se prohíben algunas formas particularmente atroces de tratarlos. Lamentablemente, se han realizado muy pocos estudios que intenten responder de manera directa a la pregunta de a qué edad se desarrolla la sintiencia. Gran parte de la información de la que disponemos procede del uso secundario de fuentes, por lo que no resulta tan útil como la investigación que intenta responder a la pregunta. Esto se complica incluso más por el hecho de que todavía no disponemos de una forma de medir de manera directa la consciencia, por lo que solo podemos recurrir a una combinación de indicadores indirectos.
Existe una distinción importante entre los animales precoces y los altriciales. Los animales precoces pueden desenvolverse y orientarse con eficacia en el entorno desde una edad más temprana. Dado que esto bien podría requerir la existencia de sintiencia, también es más probable que sean conscientes desde una edad más temprana.
Por el contrario, los animales altriciales nacen con una menor capacidad para desenvolverse en el entorno y sobrevivir de forma independiente. En ocasiones dependen en un inicio de sus progenitores para sobrevivir mientras continúan desarrollándose. Como contrapartida de los animales precoces, los animales altriciales son menos propensos a mostrar signos de sintiencia desde una edad más temprana. Por supuesto, se trata solo de una tendencia y hay excepciones notables, como los seres humanos, sintientes desde el nacimiento pese a ser altriciales. Estas categorías son una cuestión de grado, ya que unos animales son más o menos precoces en comparación con otros.3 Los animales de mayor tamaño muestran una clara tendencia a ser altriciales, mientras que los más pequeños (quienes también suelen tener tasas de reproducción más elevadas) suelen ser, en comparación, más precoces.4 Existen excepciones de animales, como los insectos eusociales, que nacen como larvas indefensas y son cuidados por los miembros de la colonia. También hay muchos animales de mayor tamaño que son precoces, como los talégalos de Latham, que pueden volar al día siguiente de nacer, o los ñus comunes, que pueden ponerse de pie a los seis minutos de nacer.5 Además, la mayoría de especies de peces son altriciales, a pesar de que se suelen ser de menor tamaño. Incluso entre taxones animales estrechamente emparentados, algunos pueden ser precoces, mientras que otros pueden ser altriciales. La distinción entre la puesta de huevos (ovíparos) y el parto de crías vivas (vivíparos) también es relevante en este contexto. Existe una presión evolutiva para que los animales que se desarrollan en el útero materno se mantengan en un estado de actividad reducida, a fin de evitar causar daño a la madre o a los hermanos. En las ovejas este estado de actividad reducida se produce mediante unos niveles generalmente más bajos de oxigenación y una presencia de sustancias neuroinhibidoras, como la adenosina, en el feto o el embrión.6 Si se aumenta este nivel de oxigenación de manera artificial, el animal en desarrollo se volverá más activo.7 En especies de mamíferos como las ovejas, las vías sensoriales del sistema nervioso periférico y muchas otras funciones del sistema nervioso están bien desarrolladas antes del nacimiento.8 Parece que existe potencial de que exista sintiencia, pero es posible que la misma sea reprimida antes del nacimiento. La respiración autónoma inmediatamente después del nacimiento podría provocar un aumento de la oxigenación, poniendo fin al estado de actividad reducida, y es posible (solo posible) que esta actividad reducida indique falta de consciencia.9 Estos animales a veces siguen moviéndose en el útero, y una actividad reducida sigue siendo compatible con la consciencia. Las lecturas del electroencefalograma de las ovejas en el útero sugieren que, en general, se encuentran en un estado de sueño, aunque es posible que experimenten algunos periodos de consciencia.10 No ocurre lo mismo en el caso de los animales que se desarrollan en huevos. Dado que el riesgo de dañar el huevo es menor, suelen ser más activos y, por lo tanto, es más probable que surja la sintiencia desde una fase más temprana del desarrollo.11 De hecho, dado que los animales que nacen de huevos necesitan romper la cáscara para salir, deben mostrarse activos antes de nacer. Por otra parte, puede que existan ventajas evolutivas para que los animales sean conscientes antes de nacer, una de las cuales es la capacidad de aprender a partir de los estímulos recibidos antes de nacer o de salir del huevo.12 Hay evidencias que sugieren que algunos animales de mayor tamaño pueden aprender de esta manera. Otra ventaja para los animales ovíparos es que pueden romper la cáscara y eclosionar antes de tiempo cuando la situación lo requiere. Este comportamiento de eclosión prematura se ha observado en los escíncidos, que pueden eclosionar en cuestión de segundos en respuesta a señales de los depredadores. También se ha observado en algunos peces, anfibios e invertebrados.13 Esto indica que, durante un tiempo antes de la eclosión, estos animales son capaces de iniciar la eclosión, potencialmente orientarse en el entorno y escapar de los depredadores. Estas tendencias apuntan a que, en igualdad de condiciones, los animales más pequeños con una tasa alta de reproducción tienen una mayor probabilidad de ser sintientes desde una edad más temprana que los animales más grandes con una tasa de reproducción más baja. Sin embargo, esta es solo una tendencia, por lo que conocer los rasgos de una especie no resuelve la cuestión de en qué etapa de su desarrollo adquieren la sintiencia. Para empezar a responder a la pregunta de qué animales son sintientes, debemos examinar casos concretos, algo que haremos a continuación.
Los peces cebra son un grupo de peces pequeños que producen cientos de huevos por desove.14 Los peces cebra adultos tienen más neuronas, en torno a 10 millones,15 y los juveniles tienen en torno a 100 000.16 Las 100 000 neuronas de un juvenil son menos que las de los adultos, pero los peces cebra juveniles muestran un comportamiento similar al de los adultos. Los peces cebra juveniles forman cardúmenes17 y, un par de días después de la eclosión, empiezan a mostrar comportamientos de caza.18 Son capaces de evitar a los depredadores, lo que implica interpretar las señales asociadas al depredador como dañinas y responder de forma adecuada.19 También presentan diferencias individuales en cuanto a su tendencia a asumir riesgos o evitarlos.20 Además, una vez que pasan dos días desde la eclosión, las larvas de peces cebra muestran más actividad en una zona oscura que en una zona con más luz.21 Las zonas más luminosas pueden corresponder a áreas en las que existe un mayor riesgo de depredación y, por lo tanto, podrían provocar ansiedad en los peces, lo que a su vez podría hacer que fueran menos activos para evitar llamar la atención. La ansiedad propia de estas características generales se experimenta de forma consciente en los seres humanos, y es posible que estos peces también la experimenten de forma consciente. Los juveniles de esta edad también muestran lo que se describe como una “respuesta de sobresalto” a ciertos sonidos y vibraciones.22 También se ha observado que los juveniles de pez cebra reducen la actividad tras la exposición a estímulos nocivos.23 Esto constituye una prueba relativamente sólida de respuesta no reflexiva a estímulos nocivos, ya que se trata de una reacción a más largo plazo, y no solo una respuesta automática de huida. Existen otras pruebas conductuales que sugieren una reacción matizada y no reflexiva, como una reducción de la actividad durante los días posteriores a la exposición a estímulos nocivos.24 Estas reacciones son similares a las que surgen en respuesta al dolor en peces cebra adultos, lo que sugiere que los juveniles sienten dolor en circunstancias similares.25 Una de las funciones que desempeña el dolor consciente en los seres humanos es facilitar las respuestas matizadas a largo plazo a los estímulos nocivos. El dolor consciente puede compensarse con otros intereses del animal, lo cual puede ser un incentivo para reducir ciertas actividades que podrían provocar una nueva lesión y facilitar el proceso de curación sin impedir que el animal realice todas las actividades. Estas son respuestas no reflexivas. Por otro lado, las respuestas reflexivas a los estímulos nocivos son más simples y se producen de forma inconsciente en seres humanos (lo cual indica que no requieren consciencia), por lo que no son una prueba de conciencia. No siempre es posible determinar si una respuesta es reflexiva o no reflexiva, pero las respuestas aversivas que llevan a cambios conductuales a largo plazo sugieren que son respuestas no reflexivas y, por lo tanto, conscientes.
Las larvas de la mosca del vinagre muestran un movimiento defensivo de giro como respuesta a estímulos nocivos. Es posible que este comportamiento haya evolucionado para ayudarles a escapar de las avispas parásitas que las atacan.26 Sin embargo, este comportamiento parece ser reflexivo, rígido y estereotipado.27 Puesto que los reflejos son inconscientes incluso en seres humanos, esto no constituye una prueba real de la existencia de consciencia. Este comportamiento sí demuestra que cuentan con células nociceptivas para detectar estímulos nocivos.28 La nocicepción es la detección de estímulos nocivos por parte de unas células nerviosas especializadas denominadas nociceptores.29 La nocicepción no es en sí misma un tipo de experiencia de dolor, aunque puede desencadenar potencialmente la experiencia de dolor en el cerebro de los animales capaces de sentir dolor. Estos nociceptores podrían permitir la existencia del dolor consciente, e incluso podrían ser condición necesaria para ello, pero este ejemplo no lo demuestra por sí solo. Esta evidencia no sugiere de forma contundente la existencia de sintiencia en las larvas de la mosca del vinagre, pero muestra que no se puede descartar por completo, en especial teniendo en cuenta las evidencias de sintiencia en las moscas del vinagre adultas.30
Al analizar los indicadores examinados en estos casos prácticos, podemos empezar a determinar la solidez de la evidencia de sintiencia. Esta información, junto con el conocimiento de si los animales son precoces o altriciales, y otras pruebas indirectas, puede ayudarnos a estimar la probabilidad de que sean sintientes a una edad temprana. Sin embargo, esto solo tiene en cuenta las evidencias de las que disponemos en la actualidad. Queda mucho más que aprender sobre la sintiencia en los animales con altas tasas de reproducción.
1 Smith, C. L.; Pivovarova, N. & Reese, T. S. (2015) “Coordinated feeding behavior in Trichoplax, an animal without synapses”, PLOS ONE, 10 (9) [referencia: 15 de septiembre de 2021].
2 Sneddon, L. U. (2018) “Where to draw the line? Should the age of protection for zebrafish be lowered?”, Alternatives to Laboratory Animals, 46, pp. 309-311 [referencia: 2 de septiembre de 2021].
3 Augustine, S.; Lika, K. & Kooijman, S. A. (2019) “Altricial-precocial spectra in animal kingdom”, Journal of Sea Research, 143, pp. 27-34.
4 Muir, G. D. (2000) “Early ontogeny of locomotor behaviour: A comparison between altricial and precocial animals”, Brain Research Bulletin, 53, pp. 719-726.
5 Starck, J. M. & Ricklefs, R. E. (eds.) (1998) Avian growth and development: Evolution within the altricial precocial spectrum, New York: Oxford University Press. Estes, R. D. & Estes, R. K. (1979) “The birth and survival of wildebeest calves”, Zeitschrift für Tierpsychologie, 50, p. 45-95.
6 Mellor, D. J. & Diesch, T. J. (2006) “Onset of sentience: The potential for suffering in fetal and newborn farm animals”, Applied Animal Behaviour Science, 100, pp. 48-57.
7 Broom, D. M. (2014) Sentience and animal welfare, Wallingford: CABI, pp. 108-111.
8 European Food Safety Authority (2005) “Opinion of the Scientific Panel on Animal Health and Welfare (AHAW) on a request from the Commission related to the aspects of the biology and welfare of animals used for experimental and other scientific purposes”, EFSA Journal, 292, pp. 1-136 [referencia: 16 de agosto de 2021]. Broom, D. M. (2014) Sentience and animal welfare, op. cit.
9 Ibid.
10 Broom, D. M. (2014) Sentience and animal welfare, op. cit., pp. 108-113.
11 Ibid.
12 European Food Safety Authority (2005) “Opinion of the Scientific Panel on Animal Health and Welfare (AHAW) on a request from the Commission related to the aspects of the biology and welfare of animals used for experimental and other scientific purposes”, op. cit.
13 Doody, J. S. & Paull, P. (2013) “Hitting the ground running: Environmentally cued hatching in a lizard”, Copeia, 1, pp. 160-165.
14 Spence, R.; Gerlach, G.; Lawrence, C. & Smith, C. (2008) “The behaviour and ecology of the zebrafish, Danio rerio”, Biological Reviews of the Cambridge Philosophical Society, 83, pp. 13-34.
15 Hinsch, K. & Zupanc, G. K. H. (2007) “Generation and long-term persistence of new neurons in the adult zebrafish brain: A quantitative analysis”, Neuroscience, 146, pp. 679-696.
16 Ferro, S. (2013) “Scientists capture all the neurons firing across a fish’s brain on video”, Popular Science, Mar 20 [referencia: 1 de junio de 2021].
17 Engeszer, R. E.; Da Barbiano, L. A.; Ryan, M. J. & Parichy, D. M. (2007) “Timing and plasticity of shoaling behaviour in the zebrafish, Danio rerio”, Animal Behaviour, 74, pp. 1269-1275 [referencia: 25 de junio de 2021].
18 Bianco, I. H.; Kampff, A. R. & Engert, F. (2011) “Prey capture behavior evoked by simple visual stimuli in larval zebrafish”, Frontiers in Systems Neuroscience, 5 [referencia: 3 de agosto de 2021].
19 McHenry, M. J.; Feitl, K. E.; Strother, J. A. & Van Trump, W. J. (2009) “Larval zebrafish rapidly sense the water flow of a predator’s strike”, Biology Letters, 5, pp. 477-479.
20 Andrew, R. & Budaev, S. (2009) “Shyness and behavioural asymmetries in larval zebrafish (Brachydanio rerio) developed in light and dark”, Behaviour, 146, pp. 1037-1052.
21 Bos, R. van den; Mes, W.; Galligani, P.; Heil, A.; Zethof, J.; Flik, G. & Gorissen, M. (2017) “Further characterisation of differences between TL and AB zebrafish (Danio rerio): Gene expression, physiology and behaviour at day 5 of the larval stage”, PLOS ONE, 12 (4) [referencia: 26 de junio de 2021].
22 Ibid.
23 Sneddon, L. U. (2018) “Where to draw the line? Should the age of protection for zebrafish be lowered?”, op. cit.
24 Lopez-Luna, J.; Canty, M. N.; Al-Jubouri, Q.; Al-Nuaimy, W. & Sneddon, L.U. (2017) “Behavioural responses of fish larvae modulated by analgesic drugs after a stress exposure”, Applied Animal Behaviour Science, 195, pp. 115-120.
25 Sneddon, L. U. (2003) “The evidence for pain in fish: the use of morphine as an analgesic”, Applied Animal Behaviour Science, 83, pp. 153-162; (2018) “Where to draw the line? Should the age of protection for zebrafish be lowered?”, op. cit.
26 Fiala, A. (2008) “Neuroethology: A neuronal self-defense mechanism in fly larvae”, Current Biology, 18, pp. R116-R117 [referencia: 5 de agosto de 2021].
27 Hwang, R. Y.; Zhong, L.; Xu, Y.; Johnson, T.; Zhang, F.; Deisseroth, K. & Tracey, W. D. (2007) “Nociceptive neurons protect Drosophila larvae from parasitoid wasps”, Current Biology, 17, pp. 2105-2116 [referencia: 19 de agosto de 2021].
28 Fiala, A. (2008) “Neuroethology: A neuronal self-defense mechanism in fly larvae”, op. cit.
29 Smith, E. S. J., & Lewin, G. R. (2009) “Nociceptors: A phylogenetic view”, Journal of Comparative Physiology A: Neuroethology, Sensory, Neural, and Behavioral Physiology, 195, pp. 1089-1106 [referencia: 11 de julio de 2021].
30 Waldhorn, D. R. (2019) “Invertebrate sentience table”, Rethink Priorities, June, 15 2019 [referencia: 19 de junio de 2026].