La expansión reciente de la gripe aviar ha generado una crisis sanitaria de dimensiones extraordinarias. Sin embargo, el debate público sobre esta situación se centra casi exclusivamente en las implicaciones para la salud humana, la seguridad alimentaria y las pérdidas económicas de las granjas. Esta perspectiva especista deja de lado el principal impacto de la pandemia: el sufrimiento y la muerte de centenares de millones de seres sintientes.
Desde 2021 la gripe aviar ha alcanzado una propagación geográfica sin precedentes, afectando a los cinco continentes. Las cifras son abrumadoras: más de 300 millones de aves han muerto como consecuencia directa de la enfermedad o han sido sacrificadas en operaciones de control epidemiológico.1 Solo en Estados Unidos, desde enero de 2022 hasta enero de 2025, más de 136 millones de aves han sido afectadas por brotes.2
Esta catástrofe no se limita a las aves domesticadas, sino que también afecta a aves silvestres y mamíferos.3 En Perú4 y Chile5 el brote causó la muerte de más de 5000 leones marinos en 2023. En Perú murieron más de 630 lobos marinos durante el brote de 2023.6 El virus llegó incluso a la Antártida en 2024, donde se detectó en gaviotas y pingüinos, entre otros animales.7
La gripe aviar provoca síntomas severos en las aves infectadas: fiebre alta, dificultad respiratoria grave, desorientación, edema cerebral, hemorragias internas y, finalmente, la muerte en cuestión de día. Los pollos y pavos presentan las tasas más altas de enfermedad y muerte. Antes de morir, estos animales experimentan un proceso de deterioro físico extremo que implica un sufrimiento considerable.
En el caso de los mamíferos, los síntomas varían según la especie, pero por lo general incluyen problemas respiratorios graves, fiebre y deterioro neurológico. Los gatos infectados han desarrollado cuadros clínicos severos que han resultado letales. Los elefantes marinos y lobos marinos afectados en Sudamérica mostraron signos evidentes de enfermedad antes de morir, incluyendo convulsiones, parálisis, y síntomas respiratorios y neurológicos graves.8
La principal medida de control implementada globalmente ante la detección de brotes consiste en el despoblamiento sanitario, un eufemismo que designa el sacrificio inmediato y masivo de todos los animales en las instalaciones afectadas. Este procedimiento se justifica con el argumento de que previene la propagación del virus y que, dado que la mortalidad de las aves infectadas alcanza prácticamente el 100%, el sacrificio constituye una medida “humanitaria”.
Sin embargo, esta argumentación merece un análisis ético más profundo. En primer lugar, no todos los animales en un establecimiento afectado están necesariamente infectados o sufren síntomas cuando se ordena el sacrificio. Se matan también aquellos animales que podrían no haber contraído el virus o que podrían desarrollar inmunidad natural. El caso de Universal Ostrich Farms en Canadá resulta ilustrativo: tras detectarse dos casos positivos en una población de más de 300 avestruces, las autoridades ordenaron el sacrificio de todos los animales, pese a que la mayoría no presentaba síntomas.9 Los representantes de la empresa argumentaron que algunas aves podrían haber desarrollado inmunidad, pero esta posibilidad fue descartada por las autoridades sanitarias.
En segundo lugar, los métodos empleados para realizar estos sacrificios masivos son especialmente crueles. El procedimiento más común consiste en aumentar la temperatura para provocar golpes de calor fatales en las aves, un método que numerosos veterinarios y organizaciones consideran que causa un gran sufrimiento. Otras técnicas incluyen el uso de espuma que asfixia a los animales, o el sacrificio mediante dislocación cervical o decapitación, procedimientos que, cuando se aplican a miles de individuos, difícilmente pueden garantizar una muerte rápida e indolora.
Resulta fundamental reconocer que la intensidad y velocidad de propagación de la gripe aviar están relacionadas de manera directa con las condiciones de cría de los animales. Hay granjas que concentran decenas o centenares de miles de aves en espacios cerrados con alta densidad poblacional, condiciones que facilitan enormemente la transmisión viral.10
Además, la selección genética extrema a la que han sido sometidas las aves utilizadas en la producción industrial ha llevado a la cría de animales con sistemas inmunológicos debilitados. Por ejemplo, los pavos alcanzan su mayor peso corporal en la mitad del tiempo de lo que era habitual en esa especie, y este crecimiento acelerado se asocia con problemas cardíacos, hipertensión, artritis y una menor resistencia a enfermedades infecciosas.11
La migración de aves silvestres se ha identificado como vector de transmisión, pero la principal amplificación del virus ocurre en contextos de cría. El comercio y transporte de animales vivos hacia mercados tradicionales constituyen también factores significativos de dispersión viral.
Las políticas implementadas para controlar la gripe aviar evidencian un sesgo especista evidente. Cuando se detecta un caso en seres humanos, se movilizan recursos para salvar a ese individuo. Cuando surge en animales utilizados como compañía o en animales salvajes de especies autóctonas con pocos individuos, quizá exista un debate sobre alternativas al sacrificio. Pero, cuando el caso afecta a aves criadas para consumo, la muerte masiva se considera la única respuesta viable.
Esta diferencia de trato no se fundamenta en criterios moralmente relevantes relacionados, como la sintiencia de los animales afectados. Las gallinas, los pavos y los patos son seres sintientes con un sistema nervioso centralizado, que experimentan dolor, miedo y angustia.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación reconoce que los brotes de gripe aviar han afectado la seguridad alimentaria y han hecho subir los precios de los productos avícolas. Esta formulación es sintomática: los animales aparecen únicamente como recursos cuya pérdida impacta en la vida de los seres humanos. No existe un reconocimiento de que cada uno de esos 300 millones de individuos muertos por la enfermedad o sacrificados era un individuo con intereses propios.
Desde una perspectiva que cuestione el especismo, deberíamos priorizar medidas como las siguientes:
Si reconocemos que estos brotes están vinculados de manera directa con la cría de animales para consumo humano, y que tanto la enfermedad como las medidas de control causan sufrimiento masivo, este es un motivo adicional a los ya existentes para rechazar el consumo de animales.
Aunque existen vacunas frente al H5N1 para aves, su uso en aves salvajes es aún limitado. Las acciones prioritarias deben centrarse en el despliegue responsable de vacunas aprobadas para uso veterinario en contextos apropiados, el diseño de protocolos de administración no invasivos, la logística para vacunar poblaciones accesibles y la vigilancia posvacunación para evaluar la eficacia y seguridad.
A día de hoy existe muy poca investigación en la salud de los animales cuando esta no afecta a los intereses humanos. Por lo tanto, dedicar más recursos a investigar las condiciones que favorecen la recuperación y el desarrollo de su inmunidad natural podría ofrecer alternativas éticas para las aves y otros animales.
Cuando el sacrificio sea inevitable por el bien del propio animal afectado, deben implementarse métodos que minimicen el sufrimiento.
La pandemia de gripe aviar representa una tragedia de dimensiones extraordinarias para centenares de millones de animales sintientes. El sufrimiento causado tanto por la enfermedad como por las medidas de control implementadas exige una reflexión ética profunda sobre cómo nos relacionamos con los demás animales y sobre los sistemas de explotación que hemos construido.
Mientras el debate público permanezca centrado exclusivamente en las implicaciones para la salud humana y la economía, estaremos ignorando la cuestión moral fundamental: cada uno de esos 300 millones de aves muertas era un individuo capaz de experimentar sufrimiento. Tomarnos en serio esta realidad requiere repensar radicalmente nuestras prácticas y políticas, buscando alternativas que respeten de manera genuina los intereses de todos los seres sintientes afectados.
1 Naciones Unidas (2024) “La gripe aviar se extiende por 108 países de los cinco continentes”, Noticias ONU, 17 diciembre 2024 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
2 Organización Panamericana de la Salud (2025) Actualización epidemiológica: Influenza aviar A(H5N1) en las Américas, Washington, D.C.: Organización Panamericana de la Salud.
3 Organización Mundial de Sanidad Animal (2025) El estado de la salud animal en el mundo 2025, París: Organización Mundial de Sanidad Animal, pp. 21-27 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
4 Gamarra-Toledo, V.; Plaza, P. I.; Gutiérrez, R.; Inga-Diaz, G.; Saravia-Guevara, P.; Pereyra-Meza, O.; Coronado-Flores, E.; Calderón-Cerrón, A.; Quiroz-Jiménez, G.; Martinez, P.; Huamán-Mendoza, D.; Nieto-Navarrete, J. C.; Ventura, S. & Lambertucci, S. A. (2023) “Mass mortality of sea lions caused by highly pathogenic avian influenza A(H5N1) virus”, Emerging Infectious Diseases, 29, pp. 2553-2556 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
5 Ulloa, M.; Fernández, A.; Ariyama, N.; Colom-Rivero, A.; Rivera, C.; Nuñez, P.; Sanhueza, P.; Johow, M.; Araya, H.; Torres, J. C.; Gomez, P.; Muñoz, G.; Aguëro, B.; Alegría, R.; Medina, R.; Neira, V. & Sierra, E. (2023) “Mass mortality event in South American sea lions (Otaria flavescens) correlated to highly pathogenic avian influenza (HPAI) H5N1 outbreak in Chile”, Veterinary Quarterly, 43, pp. 1-10 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
6 Sánchez-Rodríguez, F.; Diaz-Gavidia, C.; Ruiz, S. & Jimenez-Bluhm, P. (2025) “Highly pathogenic avian influenza (HPAI) in South America, 2022-2025: Temporality, affected species, and the southwards expansion to the Antarctic region”, bioRxiv, October 05 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
7 Alexander, D. J. (2007) “An overview of the epidemiology of avian influenza”, Vaccine, 25, pp. 5637-5644.
8 Gamarra-Toledo, V.; Plaza, P. I.; Gutiérrez, R.; Inga-Diaz, G.; Saravia-Guevara, P.; Pereyra-Meza, O.; Coronado-Flores, E.; Calderón-Cerrón, A.; Quiroz-Jiménez, G.; Martinez, P.; Huamán-Mendoza, D.; Nieto-Navarrete, J. C.; Ventura, S. & Lambertucci, S. A. (2023) “Mass mortality of sea lions caused by highly pathogenic avian influenza A(H5N1) virus”, op. cit.
9 Canadian Food Inspection Agency (2025) “Canadian Food Inspection Agency to advance with disease response at British Columbia ostrich farm”, Government of Canada, 2025-11-06 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
10 Graham, J. P.; Leibler, J. H.; Price, L. B.; Otte, J. M.; Pfeiffer, D. U.; Tiensin, T. & Silbergeld, E. K. (2008) “The animal-human interface and infectious disease in industrial food animal production: Rethinking biosecurity and biocontainment”, Public Health Reports, 123, pp. 282-299 [referencia: 14 de noviembre de 2025].
11 Jacobs, A. (2024) “¿Acaso la manera de frenar la gripe aviar es darles a los productores millones de dólares para que maten a millones de pollos?”, Infobae, 03 Abr [referencia: 14 de noviembre de 2025].