Efectos negativos y positivos para los animales de la fragmentación de los hábitats

28 Aug 2020

Las áreas en las que viven los animales pueden fragmentarse en distintos espacios, lo que dificulta que estos puedan pasar de uno a otro. Esto se llama fragmentación del hábitat. Hay muchas formas en que la fragmentación del hábitat es perjudicial para algunos animales, por lo que muchas veces se piensa que esta es siempre mala para ellos. Sin embargo, hay formas en las que también puede ser positiva en conjunto para los animales. Veremos esto más adelante, después de aclarar algunas confusiones que a menudo surgen acerca de esta cuestión.

Algunas confusiones sobre la fragmentación del hábitat y los animales

Una primera aclaración consiste en que la fragmentación del hábitat no implica necesariamente una pérdida de la cantidad total de espacio donde un grupo de animales puede vivir. Por lo tanto, es diferente de una reducción en la cantidad absoluta de hábitat.

Por otra parte, a menudo se asume que cuanto mayor sea el tamaño del hábitat, mejor será para los animales, porque esto permite que existan más animales. Pero esta idea es errónea. Confunde tener poblaciones más grandes con una situación mejor para los animales. No hay una correlación necesaria entre estas dos cosas.

De hecho, a menudo ocurre lo contrario, especialmente cuando consideramos a los animales que normalmente tienen vidas con más sufrimiento que placer. Para estos es peor que sus poblaciones crezcan. Esto sucede en el caso de los animales que tienen un gran número de descendientes, la mayoría de los cuales mueren poco después de comenzar a existir. En tales casos, es mejor que las poblaciones sean más pequeñas y menos densas.

Otro punto que merece clarificación se refiere a la causa de la fragmentación del hábitat. Mucha gente, al pensar en esta, supone que ocurre siempre por la acción humana. Sin embargo, también puede ocurrir a través de procesos naturales. Ejemplos de ello son las inundaciones, los incendios, los cambios en las corrientes oceánicas y los cambios en la salinidad, entre otros.

Hay que tener también en cuenta que para algunos animales, ciertas barreras pueden ser infranqueables, mientras que para otros (como los animales voladores) pueden no suponer un problema. La gran mayoría de los animales son muy pequeños, y los eventos que nos pueden parecer menores pueden dividir las zonas donde viven. Por ejemplo, para un pequeño insecto, una fuerte brisa que separe dos hojas previamente contiguas podría constituir un evento de fragmentación de este tipo. Por lo tanto, la fragmentación del hábitat es relativa a las necesidades y capacidades de cada tipo de animal.

Teniendo esto en mente, parece que debemos proceder con cautela, para evitar algunos prejuicios que nos llevan a centrarnos solamente en los vertebrados y en los modos en los que les afecta la acción humana. Dado que muchos animales todavía viven vidas que no están directamente afectadas por la acción humana, deberíamos preocuparnos también de lo que les pueda suceder no solamente como resultado de la acción humana, sino también debido a los procesos naturales.

Como perjudican o benefician a los animales las fragmentaciones de hábitats

La fragmentación de los hábitats puede ser perjudicial para los animales al hacer más peligroso el acceso a otros lugares, y al dificultarles el acceso a los recursos que necesitan. Así, por ejemplo, los animales que se especializan en comer sólo tipos limitados de alimentos pueden tener que enfrentarse a nuevos peligros para encontrar suficientes oportunidades para comer, o correr el riesgo de padecer hambre. Otros animales pueden ahogarse, por ejemplo, al cruzar un río. Los animales que tienen menos movilidad pueden verse más gravemente afectados porque les resulta más difícil o imposible cruzar las barreras. Ante esto, en algunos casos, se ha implantado la construcción de pasos que franquean por arriba o por abajo las barreras entre distintas áreas. Esto permite el cruce de animales especializados, y podría aplicarse de manera mucho más amplia.

Sin embargo, los efectos más importantes resultantes de la fragmentación del hábitat son aquellos que tienen lugar a largo plazo. Estos incluyen variaciones en el tamaño de las poblaciones y en los cambios en la distribución de los animales, así como cambios evolutivos. Estos pueden ser negativos para el bienestar de los animales, pero también pueden ser positivos para ellos. Tales efectos son más difíciles de estimar. Sin embargo, son de una envergadura mucho mayor, porque afectarán a un gran número de generaciones a lo largo del futuro, a lo largo de un período de tiempo en el que vivirán muchos más animales que en el presente.

Uno de esos efectos, que suele ser bastante negativo, se produce cuando la fragmentación del hábitat selecciona evolutivamente a los animales generalistas que tienen un gran número de crías, en lugar de a los animales especialistas que tienen menos crías y cuidan más de cada una de ellas. Los animales especialistas tienden a necesitar ambientes más estables para que les vaya bien. La selección de los animales más generalistas que tienen más descendencia suele provocar más sufrimiento a largo plazo. Ello se debe a que sus crías tienen más probabilidades de morir de hambre o por otras causas poco después de nacer o salir del cascarón. Por lo general, cuantas más crías haya, menos sobreviven, y la mayoría de ellas experimentan poco más que el sufrimiento que padecen al morir.

Por otra parte, si la fragmentación del hábitat reduce el número de animales generalistas que tienen vidas con más sufrimiento que bienestar, entonces el efecto de la fragmentación sería positivo.

Por último, la fragmentación del hábitat también puede tener un efecto evolutivo. Este se refiere a la prevalencia de ciertos rasgos que evolucionan dentro de una población de animales. Esos rasgos pueden influir en que los animales tengan una vida mejor o peor. Por ejemplo, dichos rasgos pueden consistir en que los animales tengan un mayor número de crías, o una menor esperanza de vida. Tales rasgos son, ambos, negativos para los animales, pues hacen que sus vidas sean, de media, peores.

Estos factores acaban siendo a largo plazo mucho más importantes para el bienestar de los animales que los efectos directos de las barreras que dividen el hábitat.

En última instancia, deberíamos tratar de aprender más sobre estos impactos a largo plazo para determinar los efectos que tienen los cambios en el hábitat, porque los impactos a largo plazo tendrán un impacto mucho mayor que los directos y más inmediatos. Consideremos un caso en el que algún evento (por ejemplo, fuertes lluvias que cambian el curso de un río) provoca una fragmentación del hábitat que tiene efectos muy negativos para muchos animales que viven en una determinada zona en ese momento, pero también significa que con el tiempo se reduce el número total de animales que tienen una vida netamente negativa. En tal caso, los daños causados directamente serían menos significativos que los daños prevenidos. De hecho, consideraciones similares son pertinentes no sólo en el caso de la fragmentación del hábitat, sino también en el caso de otros cambios ambientales que pueden afectar el bienestar de los animales de manera positiva o negativa.

Un estudio sobre este tema

Esta cuestión ha sido tratada en un estudio realizado por Matthew Allcock y Luke Hecht como parte de su trabajo en la Fundación Ética Animal, en el cual se basa este texto.