Cómo comprobar si una actitud es especista

Cómo comprobar si una actitud es especista

18 Sep 2025

El especismo es una forma de discriminación

Especismo es un término creado para definir una forma de discriminación, análoga al racismo y al sexismo.1 Consiste en desfavorecer de manera injustificada a los miembros de determinadas especies. El especismo, el racismo y el sexismo son formas de discriminación porque implican desfavorecer de manera injusta a los miembros de determinados grupos.

Ante esto, una cuestión importante es la siguiente: ¿cómo saber cuándo una actitud desventajosa es injusta? Analizamos este punto a continuación.

Cómo saber cuándo una actitud es injusta

Hay varios métodos que pueden utilizarse para evaluar si una actitud es injusta. A continuación veremos dos de ellos, ampliamente utilizados en ética y filosofía política: el principio de igual consideración2 y el principio de imparcialidad.3 Ambos principios explican no solamente qué es erróneo en el especismo, sino también en el racismo, el sexismo o cualquier otra forma de discriminación.

El principio de igual consideración

El principio de igual consideración indica que debemos dar el mismo peso a los perjuicios y beneficios que tienen magnitud similar, y dar mayor peso a los perjuicios y beneficios mayores. Es decir, según este principio, lo que importa es la magnitud de los perjuicios y beneficios, y no sobre quién recaen. Es una garantía para que nuestras decisiones no sean sesgadas.

A esto se podría objetar que, en la realidad, existen casos en los cuales está justificado dar prioridad a los daños menores. Esto ocurriría, por ejemplo, si quien sufre el daño mayor ha hecho algo para merecerlo. Sin embargo, este no es el caso cuando lo que se tiene en cuenta es la especie, el color de piel o el género de una persona, ya que todas estas son características que dependen de factores azarosos, es decir, no son resultado del mérito o demérito. Por lo tanto, beneficiar o perjudicar a cada individuo en función de la especie a la cual pertenece es injusto porque viola el principio de igual consideración.

El principio de imparcialidad

El principio de imparcialidad llega a la misma conclusión que el principio de igualdad de consideración, pero sigue un camino diferente. El razonamiento en el que se basa es el siguiente: para que una actitud sea justa, debe ser imparcial; y, para ser imparcial, tendría que aprobarse por seres racionales en condiciones donde no supieran qué posición ocuparían entre los afectados.

Si no supieran a qué especie van a pertenecer, los seres racionales no verían razón alguna para dar mayor o menor importancia al bienestar de los individuos según la especie a la que pertenezcan. Esto demuestra que la actitud habitual de asignar mayor importancia a los seres humanos solo se acepta porque, quienes actúan así, saben que pertenecen a la especie humana y, por lo tanto, saben que no serán víctimas de dicha actitud. Si es así, entonces esta actitud es injusta porque no sería aprobada en condiciones de imparcialidad.

Aspectos importantes del concepto de especismo

Con frecuencia el concepto de especismo se entiende de manera errónea, incluso por parte de quienes defienden a los animales. A continuación se ofrecen algunas aclaraciones sobre estas confusiones.4

El especismo no está en contra de las especies

Las víctimas del especismo no son las especies, sino los seres sintientes que pertenecen a esas especies. Lo mismo ocurre con otras formas de discriminación. Por ejemplo, las víctimas del racismo y el sexismo son los seres humanos que pertenecen a determinados grupos, y no los grupos en sí mismos.

Sin embargo, es relativamente frecuente escuchar que el especismo es la discriminación contra otras especies. Por supuesto, esto puede ser simplemente una forma abreviada de decir “contra animales de otras especies”. Pero definir el especismo de esta manera puede generar la idea errónea entre el público de que el especismo está contra las especies, y no contra los individuos. Veremos un ejemplo de ello a continuación.

Imaginemos que alguien entiende de manera errónea que rechazar el especismo implica preocuparse por todas las especies por igual. Esa persona podría pensar, por ejemplo, que en la práctica esto implica intentar preservar todas las especies por igual, pero que está bien tener en un diferente grado de consideración a los individuos en función de la especie a la que pertenezcan. Por ejemplo, imaginemos que esa persona defiende que, en relación con los animales no humanos, está bien matarlos siempre y cuando sus especies no se extingan, pero que no está bien hacer lo mismo con los humanos. La postura de esa persona es especista, ya que trata peor a los animales no humanos en comparación con los seres humanos. Este ejemplo ilustra que el especismo va en contra de los miembros de las especies y no contra las especies en sí mismas.

Para que una posición sea especista no es necesaria una total falta de consideración

Otro error común es la creencia de que, para que una actitud sea especista, debe ignorar por completo el bienestar de la víctima. Como hemos visto, los principios de igual consideración e imparcialidad muestran que una actitud es injusta siempre que otorgue un peso diferente al bienestar de los individuos basándose en factores arbitrarios.

Por lo tanto, el especismo también se produce cuando se da menos importancia al bienestar de los individuos de determinadas especies, y no solamente cuando no se les tiene en consideración alguna. Lo mismo ocurre en el caso del racismo, el sexismo y otras formas de discriminación.

El especismo incluye el antropocentrismo, pero hay formas de especismo no antropocéntricas

La actitud especista más común discrimina a quienes no pertenecen a la especie humana. Por ejemplo, los animales no humanos son explotados para el consumo, como sujetos de experimentación, para la elaboración de ropa, para entretenimiento, como medios de transporte, etc. Además, cuando sufren a consecuencia de procesos naturales, como enfermedades, desastres naturales, hambre y sed, la postura habitual es que no debemos darles ayuda. Tales actitudes serían ampliamente condenadas si las víctimas fueran humanas. Esto demuestra que existe un patrón especista antropocéntrico en la sociedad en general.

Sin embargo, también hay formas de especismo no antropocéntricas, que establecen una jerarquía entre los animales no humanos. Un ejemplo es dar mayor importancia al bienestar de los animales de especies con menos individuos (en contraposición a los animales de especies con mayor número de individuos) y a los animales autóctonos (en contraposición a los animales miembros de especies que no son originarias de una zona concreta). Otro ejemplo es dar mayor importancia a los animales con los cuales tenemos una relación de mayor cercanía (como perros y gatos) en comparación con los de especies con las cuales no tenemos ese tipo de relación.

El especismo no se limita a la explotación animal

La explotación animal es una práctica especista, ya que otorga menor importancia al bienestar de los animales no humanos en comparación con el de los seres humanos, y también porque la misma no sería aceptable si desconociéramos que vamos a nacer siendo seres humanos o animales que serán explotados.

Sin embargo, también existen actitudes especistas que no implican explotación. Un ejemplo es, de nuevo, el hecho de que, cuando los animales son víctimas de desastres naturales, hambre, sed y enfermedades, la actitud habitual sea dejar que la naturaleza siga su curso; mientras que, cuando los seres humanos son las víctimas, la actitud habitual es la contraria. Este tipo de actitud es especista porque también vulnera los principios de consideración igualitaria e imparcialidad.

El especismo no solo se produce cuando el motivo es la pertenencia a una determinada especie

Una actitud es especista no solo cuando el motivo dado para discriminar es la propia pertenencia a la especie en cuestión, sino cualquier otro motivo injusto. Por ejemplo, sin duda es especista afirmar que “los animales no humanos deben recibir menos consideración porque no pertenecen a la especie humana”. Pero también es especista sostener que deben recibir menos consideración porque carecen de ciertas capacidades, porque no tienen ciertas relaciones o porque existe una tendencia natural a discriminarlos.

Preguntas que podemos hacer para examinar si una actitud es especista

Hay una serie de situaciones que siempre podemos imaginar y que nos permiten comprobar si una actitud es especista o no. Por ejemplo, podemos preguntarnos si consideraríamos justa una determinada actitud:

(1) Si no supiéramos qué especies se ven perjudicadas y cuáles se benefician por dicha actitud.

(2) Si no supiéramos a qué especie vamos a pertenecer.

(3) Si sus víctimas fueran humanas, sufriendo daños de la misma magnitud.

(4) Si se invirtieran los papeles (por ejemplo, si los beneficiarios fueran animales no humanos y los perjudicados fueran seres humanos).

(5) Si tuviéramos que asumir los perjuicios que causa esa actitud para obtener los beneficios que provoca.

(6) Si tuviéramos que asumir los perjuicios que causa esa actitud para que otros individuos obtuvieran los beneficios que provoca.Estas preguntas bastan para darse cuenta de que la explotación animal y la falta de atención por la situación de los animales víctimas de procesos naturales son actitudes especistas.


Notas

1 Sobre la definición de especismo, ver Horta, O. (2020 [2010]) “¿Qué es el especismo?”, Devenires, 41, pp. 163-198 [referencia: 18 de septiembre de 2025].

2 La formulación más conocida de este principio se encuentra en Singer, P. (2009 [1979]) Ética práctica, Tres Cantos: Akal.

3 Para defender que este principio también debe aplicarse a nuestras decisiones que afectan a los animales no humanos, ver Rowlands, M. (2009 [1998]) Animal rights: Moral, theory and practice, 2nd ed., New York: Palgrave Macmillan.

4 Una discusión más detallada de estas confusiones puede encontrarse en Cunha, L. C. (2021) Uma breve introdução à ética animal, Curitiba: Appris, pp. 23-31.