A la hora de defender a los animales de manera eficaz, es conveniente tener en cuenta las siguientes cuestiones:
(1) ¿Qué características de cada tipo de público debemos tener en cuenta a la hora de planificar las estrategias en beneficio de los animales?
(2) ¿Deberían todos los activistas y organizaciones centrarse en los mismos tipos de público?
(3) ¿Deberían todos los activistas y organizaciones centrarse siempre en los mismos tipos de público, o bien variar a lo largo del tiempo?
En este texto, nos centraremos en la primera cuestión.1 Analizaremos algunas características de los diferentes tipos de público que influyen de manera directa en la posibilidad de hacer algo que beneficie a los animales, y en qué medida.
A continuación clasificaremos los diferentes tipos de público teniendo en cuenta la relación entre el objetivo que persiguen y el grado de consideración que otorgan a los animales.2 Con base en esto, los diferentes públicos se dividirán en: (1) los indiferentes, (2) los que pretenden causar daño a los animales y (3) los que pretenden beneficiarlos. Analizaremos cada categoría por separado.
Las personas indiferentes son aquellas que no pretenden perjudicar ni beneficiar a los animales. Lo que buscan es otra cosa. No dejarán de perseguir su objetivo, con independencia de si este tiene como efecto secundario el perjuicio o el beneficio. Además, si perjudicarlos (o beneficiarlos) les ayuda a alcanzar su objetivo, intentarán causar ese perjuicio (o beneficio). En resumen, que quienes son indiferentes perjudiquen o beneficien a los animales depende de lo que mejor les ayude a alcanzar su objetivo.
Por ejemplo, quienes explotan a los animales no buscan necesariamente el daño a los animales por sí mismo: por lo general, lo que buscan es maximizar los beneficios. Esto se aplica también a quienes consumen explotación animal: por lo general, lo que buscan es disfrutar de un sabor específico (o pueden simplemente adoptar la práctica por conveniencia o porque forma parte de la cultura en la que se insertan), y no el daño a los animales por sí mismo. Sin embargo, en ambos casos, sus prácticas causan un grave perjuicio a los animales, y estas personas no consideran que dicho daño sea suficiente para cambiar sus prácticas.
(1) Intentar que dejen de ser indiferentes. Muchas personas son indiferentes porque nunca se han parado a pensar en la consideración moral hacia los animales. Al menos una parte podría cambiar de opinión si conocieran los argumentos a favor de dicha consideración. De hecho, esto es lo que ocurrió con la mayoría de quienes hoy en día defienden a los animales (por ejemplo, la mayoría consumía con anterioridad productos derivados de la explotación animal).
(2) Intentar limitar su influencia. Se puede intentar promulgar leyes que garanticen derechos legales a los animales o que supongan mayores costes para quienes explotan a los animales.
(3) Intentar que la búsqueda de su objetivo no perjudique a los animales. Un ejemplo sería el fomento de la investigación sobre tecnologías que sustituyan el uso de animales. Sin embargo, ya estemos hablando de productores o de consumidores, para que tenga lugar un cambio de sus prácticas (en caso de que sigan siendo indiferentes), es necesario que crean que el método que no perjudica a los animales es más eficaz para alcanzar su objetivo (ya sea maximizar los beneficios, disfrutar de un sabor específico, comprar un producto más barato, realizar experimentos, etc.).
Ahora hablaremos de quienes tienen como objetivo el propio perjuicio a los animales. Un ejemplo podría ser el de quienes disfrutan con la caza o la pesca. Por supuesto, se podría argumentar que este caso no es realmente diferente de quienes consumen animales, ya que estos últimos también obtienen placer de dicha actividad (y, además, quienes cazan y pescan también consumen a los animales tras matarlos en muchos casos). Sin embargo, la mención a la caza y la pesca no se debe a que estas actividades sean más rechazables que las llevadas a cabo por quienes no matan de manera directa a los animales; se ponen como ejemplo porque quienes cazan o pescan no dejarán de hacerlo de manera automática si, por ejemplo, existiera carne cultivada disponible (ni siquiera si esta llegara a ser más barata y sabrosa que la carne convencional).
Se podría pensar que no hay forma de conseguir que estas personas empiecen a querer ayudar a los animales. Es evidente que este cambio puede resultar mucho más difícil. En la mayoría de casos creen que están haciendo lo correcto. El que llegaran a creer que lo que hacen no está bien sería una motivación para cambiar su conducta. Por lo tanto, presentar los argumentos a favor de la consideración moral hacia los animales sigue siendo una posibilidad a intentar en este caso.
También se puede intentar limitar su influencia. De nuevo, se puede intentar promulgar leyes que garanticen derechos legales a los animales no humanos o que prohíban prácticas concretas que los perjudican.
A continuación se presentan algunas sugerencias dirigidas a quienes ya se dedican a ayudar a los animales, para que sus acciones tengan un mayor impacto.
(1) Intentar ampliar el objetivo. Ya hay varias personas preocupadas por los seres sintientes. Pero no por todos, por lo general. Por ejemplo, cuando se habla de animales destinados a consumo, la gran mayoría (crustáceos y otros invertebrados) suele quedar en un segundo plano o incluso ser ignorada en el activismo vegano. Además, la gran mayoría de activistas por los animales pasa por alto la situación de los animales salvajes que son víctimas de procesos naturales, los cuales son mucho más numerosos que los animales explotados.3 Esto se debe en parte a que desconocen cuáles son los animales más explotados en cada ámbito, cómo es la vida de la mayoría de animales en la naturaleza y la cantidad de animales afectados por los procesos naturales. Sin embargo, también influyen los sesgos. Por ejemplo, hay quienes creen que los animales de menor tamaño, que nos despiertan menos empatía o que poseen menores capacidades cognitivas, deben ser tenidos en menor consideración; o que no debemos preocuparnos por los daños de origen natural. Por lo tanto, vale la pena proporcionar información a estas personas, así como explicar por qué debemos tener consideración a todos los seres sintientes, y que esta consideración debe ser independiente del origen del daño.
(2) Obtener más conocimiento sobre cómo beneficiar a los animales. Esto aumentaría las posibilidades de que quienes ayudan a los animales sean más eficaces y reduciría las posibilidades de que su activismo resultara contraproducente. Una forma de ampliar el conocimiento en este sentido sería investigar qué problemas afectan al mayor número de animales, y cuáles son los criterios para decidir qué problemas priorizar y qué estrategias elegir. Este conocimiento también puede incluir cómo lograr que quienes no tienen como objetivo beneficiar a los animales les causen un menor o ningún perjuicio, o incluso los beneficien.
(3) Intentar aumentar la influencia para beneficiar a los animales. Quienes ya tienen como objetivo ayudar a los animales pueden aspirar a profesiones bien remuneradas, conseguir más donaciones, obtener algún cargo con poder de decisión o aumentar su grado de influencia de otra manera (por ejemplo, siendo más conocidos).
Un riesgo asociado al aumento de la influencia es que, si no aumenta de manera proporcional el conocimiento sobre la mejor manera de alcanzar el objetivo, también aumenta la magnitud de los posibles efectos negativos derivados de acciones contraproducentes.
Por ejemplo, supongamos que alguien quiere que nazca el mayor número posible de animales en la naturaleza porque piensa que tendrán una vida feliz. Sin embargo, en realidad ocurre exactamente lo contrario: la gran mayoría de los animales que nacen en la naturaleza tienen vidas llenas de sufrimiento.4 Esa persona pretendía causar un beneficio. Pero, debido a una falta de conocimiento, su acción tendrá un efecto negativo, que será mayor cuanto mayor sea su influencia para que nazcan animales en la naturaleza.
Existe un riesgo similar cuando se tiene conocimiento, pero falta influencia. Por ejemplo, imaginemos que otra persona conoce cuáles son las estrategias más eficaces para beneficiar a los animales, pero cuenta con pocos recursos económicos, no ocupa un puesto de poder institucional, no consigue influir en el resto, etc. En este caso, a pesar de saber cómo alcanzar su objetivo, no tiene los medios para lograrlo al tener una escasa influencia.
Por lo tanto, es positivo que sean más quienes intentan beneficiar a los seres sintientes y también es bueno que quienes tienen ese objetivo posean un mayor conocimiento sobre cómo alcanzarlo. Ahora bien, un aumento de la influencia solamente aumenta las probabilidades de alcanzar dicho objetivo de manera más eficiente si va acompañado de un aumento del conocimiento sobre cómo alcanzarlo. De lo contrario, el riesgo de acciones contraproducentes es alto, y mayor cuanto más alta sea la discrepancia entre el nivel de influencia y el nivel de conocimiento. Por las mismas razones, es importante intentar limitar el poder de quienes son indiferentes y de quienes pretenden perjudicar a los animales, en especial si tienen una gran influencia sobre cómo alcanzar los objetivos que persiguen.
(1) Es mejor centrarse en quienes se muestran más abiertos a revisar sus creencias previas sobre esta cuestión.5 Centrarse en estas personas resulta más sencillo y tiene un mayor impacto por unidad de esfuerzo. Si, por el contrario, nos centramos en quienes ofrecen una mayor resistencia, influiremos en menos personas durante el mismo periodo de tiempo con los mismos recursos.
(2) Por la misma razón (la eficiencia en el uso del tiempo), es mejor centrarse en acciones que lleguen de una sola vez a un público amplio (un texto, un vídeo o una charla, por ejemplo), que hablar con cada persona de manera individual. Excepto, claro está, si la conversación es con alguien que tenga una gran influencia para cambiar la situación de los animales.
(3) En el caso de quienes ya tienen la intención de ayudar a los animales, es importante que intentemos ampliar sus conocimientos sobre cómo alcanzar ese objetivo. La urgencia de hacerlo es mayor cuanto mayor es su influencia (ya que, como hemos visto, el riesgo de que tengan lugar acciones contraproducentes es mayor cuanto mayor es la discrepancia entre el grado de conocimiento y de influencia).
(4) En cuanto a quienes ya tienen como objetivo beneficiar a los animales y cuentan con mayor conocimiento sobre cómo lograrlo, es importante que sigan aumentando tanto su conocimiento como su influencia (ya sea obteniendo más recursos, ocupando un puesto institucional o de cualquier otra manera que aumente su efectividad).
A continuación se enumeran algunos grupos de personas y cuál podría ser su aportación específica para mejorar la situación de los animales.
Filósofos en el campo de la ética animal. Pueden analizar problemas graves que aún no se han detectado, así como los mejores argumentos para responder a las objeciones que se plantean con respecto a la consideración por los animales.
Activistas por los animales. Puesto que ya aceptan (de manera total o parcial) el objetivo, el enfoque debería centrarse en aumentar su influencia y conocimiento (incluyendo el conocimiento sobre ética animal, tanto para descubrir cuestiones importantes que aún no han percibido como para conocer los mejores argumentos a favor de la consideración por los animales).
Público en general. Pueden contribuir mediante una reducción de su consumo, ejerciendo presión social para lograr cambios institucionales y también gracias a su potencial para convertirse en activistas.
Explotadores de animales. Podrían llegar a invertir recursos en la transición hacia alternativas al uso de animales si ven en ellas más rentabilidad económica que la explotación de animales.
Posibles donantes. Pueden empezar a donar o aumentar de manera significativa las donaciones destinadas a la defensa de los animales.
Altruistas eficaces. Pueden investigar qué estrategias son más eficientes. Sin embargo, para ello es necesario que primero acepten el beneficio a los seres sintientes como objetivo.
Científicos. Pueden buscar formas de reducir los costes e implementar alternativas al uso de animales. También pueden descubrir formas de reducir el sufrimiento de los animales salvajes.
Cargos institucionales. Pueden proponer o apoyar leyes que beneficien a los animales.
Influencers. Quienes son muy conocidos pueden conseguir aumentar de manera significativa el número de quienes conocen estas cuestiones, incluyendo a quienes tienen una mayor capacidad de impulsar cambios. Sin embargo, es importante que los influencers conozcan la ética animal (para no transmitir un mensaje erróneo), así como las estrategias más adecuadas (para que su discurso no resulte contraproducente).
Lo que hemos visto nos lleva a la conclusión de que quienes desean ayudar a los animales deben centrarse en: (1) adquirir más conocimientos sobre las formas más eficaces de alcanzar ese objetivo, además de (2) intentar obtener mayor influencia (recursos económicos, cargos de poder institucional, etc.). Otra opción, por supuesto, es que haya quienes se especialicen en adquirir más conocimientos y quienes lo hagan en obtener más influencia. En cualquier caso, en términos de esfuerzo colectivo, el conocimiento sin capacidad de influencia probablemente resulte ineficaz para lograr un resultado positivo, mientras que la capacidad de influencia sin conocimiento corre el riesgo de causar grandes perjuicios, incluso cuando la intención es buena.
1 Para un análisis de las otras dos cuestiones (y otras muchas relacionadas con las estrategias de activismo), ver Reese, J. (2020 [2017]) “Summary of evidence for foundational questions in effective animal advocacy”, Sentience Institute, August 13 [referencia: 14 de mayo de 2026)].
2 Para un análisis basado en un tipo de división similar, pero aplicado a los problemas del futuro a largo plazo, ver Baumann, T. (2022) Avoiding the worst final: How to prevent a moral catastrophe, Colville: Center for Reducing Suffering, pp. 13-19 [referencia: 12 de mayo de 2026)].
3 Para estadísticas comparativas, ver Tomasik, B. (2019 [2009]) “How many animals are there?”, Essays on Reducing Suffering, Aug 7 [referencia: 12 de mayo de 2026)].
4 Para una explicación de por qué ocurre esto, ver Horta, O. (2017 [2010]) “Refutando la visión idílica de la naturaleza”, en Navarro, A. X. C. & González, A. G. (eds.) Es tiempo de coexistir: perspectivas, debates y otras provocaciones en torno a los animales no humanos, La Plata: Editorial Latinoamericana Especializada en Estudios Críticos Animales, pp. 161-180 [referencia: 14 de mayo de 2026].
5 Para analizar la importancia de mantener una mente abierta a la hora de revisar las creencias (tanto sobre hechos como sobre valores) en la búsqueda de cambios políticos, ver Vinding, M. (2022) Reasoned politics, Copenhagen: Ratio Ethica [referencia: 12 de mayo de 2026].