Curso sobre el sufrimiento de los animales salvajes – Tema 23

Este capítulo describe cómo la biología del bienestar podría ser un nuevo campo de estudio interdisciplinar, en colaboración con la biología de la conservación. Otros campos de estudio que tienen puntos en común con la biología del bienestar son la «conservación compasiva» y el «bienestar y conservación». Sin embargo, aunque estas muestran cierto interés por el bienestar de los animales individuales, sus objetivos son principalmente conservacionistas, a diferencia de la biología del bienestar.

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Biología del bienestar y otros campos interdisciplinarios

Explorando métodos para evaluar el bienestar de los animales salvajes

Hemos visto hasta aquí que la ciencia del bienestar animal sería una parte fundamental de la biología del bienestar. Durante las últimas décadas, ha habido cada vez más interés en evaluar de modo científico el bienestar de los animales, lo que ha llevado al desarrollo de métodos de evaluación del bienestar considerando distintos indicadores. La mayoría de los métodos de evaluación del bienestar se han centrado en los animales utilizados por los humanos, fundamentalmente en los domesticados, aunque también se han realizado algunas investigaciones en animales no domesticados. Las evaluaciones del bienestar animal varían según las especies de los animales a evaluar y los objetivos de cada evaluación. Pero a menudo incluyen la consideración de varios parámetros en las áreas de la salud, fisiología y comportamiento. También suelen incluir exámenes de cómo las condiciones ambientales pueden afectar a los animales de diferentes maneras. Esta pluralidad de métodos hace de la ciencia del bienestar animal un campo muy interdisciplinario.1

En principio, la biología del bienestar podría examinar todos los aspectos relacionados con el bienestar de todos los animales. No tendría necesariamente que centrarse solo en la situación de los animales que viven fuera del control humano directo. Sin embargo, en el caso de animales en cautividad, los conocimientos proporcionados por la ciencia de la ecología y otros campos relativos al estudio de los animales en el mundo salvaje no serían necesarios. El motivo es que la vida de estos animales no está determinada por sus relaciones ecosistémicas con otros animales y con su entorno. Más bien, sus vidas y las condiciones que afectan a estas, se encuentran determinadas fundamentalmente por los seres humanos que las controlan. Por ello, las contribuciones de la ciencia del bienestar animal en el sentido clásico pueden ser suficientes para evaluar la situación de los animales en cautividad, pero no la de los animales que viven en la naturaleza. Para ayudar a estos animales de manera efectiva, necesitamos comprender adecuadamente cómo se ve afectado su bienestar en los ecosistemas.

Aunque los métodos de evaluación del bienestar se han diseñado generalmente para los animales en cautividad, desde la ciencia del bienestar se han propuesto algunos intentos para evaluar el bienestar de los animales que viven en la naturaleza.2 Estos se han centrado principalmente en evaluar los daños causados por las actividades humanas, dejando de lado los daños no antropogénicos que sufren los animales salvajes. Sin embargo, estos esfuerzos pueden ser el punto de partida para desarrollar métodos para evaluar el bienestar de los animales salvajes, también cuando los daños que afectan a estos no son antropogénicos. Estos nuevos métodos de evaluación del bienestar de los animales que viven fuera del control humano pueden desarrollarse a partir de un análisis de los marcos, enfoques, modelos, criterios e indicadores ya propuestos en el caso de otros animales. Esta investigación tendrá importantes aplicaciones y ayudará a que se puedan llevar a cabo de manera más eficiente otros estudios en biología del bienestar, ya que proporcionará herramientas para evaluar si ciertos animales están sufriendo o se encuentran en una buena situación.

De modo inverso, el trabajo sobre el bienestar de ciertos animales en situaciones específicas, como, por ejemplo, cuando se estudia cómo ayudar a animales varados o en incendios, puede ser útil no solo por su potencial para ayudar a mejorar la situación de esos animales, sino también para desarrollar métodos rigurosos de evaluación de su bienestar, ayudando a avanzar de manera más general en el estudio del bienestar de los animales salvajes. Como acabamos de ver, todavía queda mucho por aprender en este ámbito.

La biología del bienestar puede utilizar el conocimiento recopilado por la biología de la conservación

Hay otros campos que implican un enfoque desde distintas disciplinas de las que la biología del bienestar podría adquirir conocimientos útiles. Uno de ellos es la biología de la conservación. Ya hemos visto la diferencia entre los objetivos de estos dos campos. La biología de la conservación se preocupa por la existencia continuada de entidades naturales como ecosistemas, poblaciones o especies, más que por los animales como individuos sintientes. Técnicamente, podemos distinguir entre conservacionismo y preservacionismo. El primero se refiere a la conservación de entidades biológicas por los beneficios que esto tendrá para las futuras generaciones de seres humanos, mientras que el segundo atribuye valor a su conservación por sí misma. Sin embargo, hoy en día se suele utilizar el término “conservacionismo” para abarcar ambos.

También vimos que la diferencia entre la biología del bienestar y la biología de la conservación puede generar conflictos, como cuando se propone la matanza de animales en ciertas áreas, por ejemplo, porque no son nativos de esas zonas, o porque se considera que tienen un impacto negativo en el ecosistema por otras razones. A pesar de esto, también existen bases comunes para fomentar un trabajo académico conjunto. Antes ya vimos que, entre las diferentes formas en que podemos ayudar a los animales en la naturaleza, algunas consisten en ayudar a quienes están sufriendo algún daño, mientras que otras pueden centrarse en evitar que esos daños ocurran, como en el caso de la vacunación. Otro ejemplo es la protección de grandes herbívoros como los elefantes. Esto es algo en lo que se trabaja desde el conservacionismo, pero también es un objetivo para quienes se preocupan por mejorar la situación de los animales en general. Ello es así porque hay motivos para considerar que en un ecosistema donde existen animales como los grandes herbívoros, existe menor cantidad total de sufrimiento. Esto está relacionado con algo que también hemos visto ya en este libro. Sabemos que los rasgos de la historia de vida de diferentes especies animales, especialmente las relativas a las estrategias reproductivas, también pueden ser relevantes para su bienestar y sufrimiento. Los animales con altas tasas de mortalidad en la infancia tienden a tener, en promedio, vidas más duras, que contienen más sufrimiento, que aquellos con mayores tasas de supervivencia.

Los animales con mayor esperanza de vida suelen ser los que están mejor adaptados a vivir en un nicho concreto en alguna zona. Muchos de ellos son lo que a menudo se conoce como “especialistas” porque tienen más dificultades para sobrevivir en entornos nuevos y cambiantes. La biología de la conservación a menudo se preocupa por la conservación de estos animales, que en muchos casos son endémicos de ciertas áreas. No son tan numerosos como los animales “generalistas”, que pueden sobrevivir en diferentes entornos y tienden a colonizar nuevas áreas cuando se alteran los ecosistemas donde vivían antes. Una de las principales razones por las que esto sucede es porque invierten más en tener una mayor cantidad de crías, en lugar de tener una pequeña cantidad de estas con mayores tasas de supervivencia. Como resultado, es más probable que mueran cuando son muy jóvenes y que la mayoría tenga que soportar dificultades importantes. Esto significa que cuando las medidas conservacionistas logran que sobrevivan animales especialistas, reducen la presencia de animales con tasas de supervivencia mucho más bajas, que tendrían vidas con mucho más sufrimiento. Estos son casos claros de convergencia de los objetivos del bienestar animal y la biología de la conservación, que entendemos que el público en general también tenderá a ver con buenos ojos.

Además, desde el conservacionismo en ocasiones se dedican muchos esfuerzos a salvar de la muerte a algunos individuos específicos, en el intento de preservar una determinada especie que tiene solo unos pocos miembros). Debido a que las mismas circunstancias que generalmente causan la muerte de los animales también los hacen sufrir, la investigación conservacionista en estos casos puede proporcionar información útil sobre qué factores pueden ser negativos para el bienestar de los animales. Además, el conocimiento adquirido así podrá extrapolarse también a otros animales en algunos casos. Vemos, por lo tanto, que existe una importante cantidad de conocimientos que pueden utilizarse tanto en aras de la conservación biológica como para mejorar la situación de los animales.

Conservación compasiva: conservación sin dañar a los animales

Hay quienes trabajan en el campo de la biología de la conservación pero se preocupan por que los métodos utilizados en su disciplina no impliquen dañar a los animales. Ejemplos de esto incluyen situaciones en las que se daña a los animales manteniéndolos y criándolos en condiciones estresantes en cautiverio. Otras intervenciones dañinas incluyen causar malestar o estrés a los animales marcándolos o rastreándolos de manera invasiva o matando animales que amenazan la existencia de una especie a la que se considera más valiosa. Por eso, hay conservacionistas que han propuesto métodos de investigación que no causan estos daños. A esto se le llama “conservación compasiva”.3 Sus objetivos son diferentes a los de la biología del bienestar. Están más enfocados en prevenir daños antropogénicos directos mientras se logran objetivos conservacionistas que en mejorar activamente la situación de los animales. Sin embargo, parece que quienes trabajen desde esta perspectiva tendrán interés en los métodos para evaluar el bienestar de los animales en la naturaleza y posiblemente también en las condiciones que afectan a su bienestar. Esto significa que sus aportaciones también puede ayudar a avanzar en la investigación sobre biología del bienestar.

Además de esto, quienes trabajan en la conservación compasiva han señalado que, en ocasiones, los factores que afectan negativamente al bienestar de los animales pueden impedir el logro de los objetivos conservacionistas. Estos factores pueden ser motivados en ocasiones por las propias medidas conservacionistas. Por ejemplo, se puede dañar a los animales manteniéndolos y criándolos en condiciones estresantes en cautividad. Otras intervenciones perjudiciales incluyen causar molestias o estrés a los animales al marcarlos o rastrearlos de forma invasiva, y matar a los animales que amenazan la existencia de una especie preferente. Por lo tanto, para prevenir este tipo de problemas, quienes trabajan en este campo sostienen que desde el conservacionismo deberían considerar el bienestar de los animales. La investigación sobre este tema sería similar a la biología del bienestar y, por lo tanto, también haría avanzar este campo.

Conservación y bienestar: conservación en combinación con consideraciones sobre el bienestar de los animales

Otro campo interdisciplinario que se ha propuesto tendría como objetivo combinar el conocimiento y los objetivos de la biología de la conservación y las ciencias del bienestar animal, bajo la etiqueta en inglés de “conservation welfare” (cuyo significado podría ser traducido como “conservación y bienestar”).4 Este enfoque puede diferir del de la conservación compasiva en que no considera de la misma manera los daños que pueden causar a los animales las intervenciones conservacionistas.

Este campo podría abordar otros problemas, como la evaluación del bienestar de los animales como resultado de daños indirectamente antropogénicos o naturales, cuando ello puede promover fines conservacionistas. Tal conocimiento puede ser muy útil para los objetivos de la biología del bienestar, y en algunos casos coincidiría con el tipo de trabajo que realizaría la biología del bienestar. Esto a pesar de la diferencia en sus objetivos finales (pues este enfoque estaría más centrado en la conservación, mientras que la biología del bienestar tendría como objetivo reducir el daño sufrido por los animales).


Notas

1 Broom, D. M. (1988) “The scientific assessment of animal welfare”, Applied Animal Behaviour Science, 20, pp. 5-19; Mellor, D.; Patterson-Kane, E. y Stafford, K. J. (2009) The sciences of animal welfare, Hoboken: Wiley-Blackwell; Walker, M.; Díez-León, M. y Mason, G. (2014) “Animal welfare science: Recent publication trends and future research priorities”, International Journal of Comparative Psychology, 27, pp. 80-100; Hemsworth, P. H.; Mellor, D. J.; Cronin, G. M. y Tilbrook, A. J. (2015) “Scientific assessment of animal welfare”, New Zealand Veterinary Journal, 63, pp. 24-30.

2 Ya hemos visto esto anteriormente. Ver, por ejemplo, Kirkwood, J. K.; Sainsbury, A. W. y Bennett, P. M. (1994) “The welfare of free-living wild animals: Methods of assessment”, Animal Welfare, 3, pp. 257-273; Jordan, B. (2005) “Science-based assessment of animal welfare: Wild and captive animals”, Revue Scientifique et Technique-Office International des Epizooties, 24, pp. 515-528; Kirkwood, J. K. (2013) “Wild animal welfare”, Animal Welfare, 22, pp. 147-148; JWD Wildlife Welfare Supplement Editorial Board (2016) “Advances in animal welfare for free-living animals”, Journal of Wildlife Diseases, 52, pp. S4-S13.

3 Bekoff, M. (ed.) (2013) Ignoring nature no more: The case for compassionate conservation, Chicago: University of Chicago Press.

4 Beausoleil, N. J.; Mellor, D. J.; Baker, L.; Baker, S. E.; Bellio, M.; Clarke, A. S.; Dale, A.; Garlick, S.; Jones, B.; Harvey, A.; Pitcher, B. J.; Sherwen, S.; Stockin, K. A. y Zito, S. (2018) “‘Feelings and fitness’ not ‘feelings or fitness’–the raison d’être of conservation welfare, which aligns conservation and animal welfare objectives”, Frontiers in Veterinary Science, 5, a. 296. Obsérvese que no es correcto traducir este término como “bienestar de la conservación”.