Cualquier emergencia, sea una guerra, una pandemia o un desastre natural, altera la vida de quienes la experimentan. Cada comunidad afectada incluye a numerosos seres sintientes, quienes responden de formas distintas a esa alteración. Hoy los países se enfrentan a emergencias complejas, con múltiples crisis que se solapan al mismo tiempo. Sin embargo, cuando estudiamos estas emergencias globales, nos centramos principalmente en las experiencias humanas. A los animales salvajes, que forman parte de estos sistemas trastocados y son igualmente sintientes, se los suele ignorar. Así, mientras el alcance de su sufrimiento se vuelve inabarcable, este apenas se menciona en los informes de las catástrofes. De hecho, carecemos incluso de las herramientas básicas para evaluar el impacto sobre los animales salvajes o para responder a él.
Esta tendencia a ignorar la suerte de los seres sintientes no humanos limita nuestra comprensión del sufrimiento animal, especialmente cuando tanto la acción como la inacción humanas están en su origen.
Las personas tienden a pasar por alto el sufrimiento de los animales durante los desastres porque:
·⠀Consideran que los animales no humanos tienen menos valor moral que los humanos y, por tanto, dan menos peso a su sufrimiento
·⠀Sostienen que no deberíamos intervenir en los resultados de los procesos naturales dañinos, pero mantienen esa posición solo cuando las víctimas son animales no humanos (una veneración de lo natural subordinada al especismo antropocéntrico)
·⠀Perciben a los animales, cuando son muchos, como especies en lugar de como vidas individuales perdidas
·⠀Solo consideran a quienes sobreviven y no tienen en cuenta a los muchos otros seres sintientes cuyas muertes pasan inadvertidas, a menudo por falta de información
·⠀Suponen que los animales, al estar más cerca de la naturaleza, están mejor preparados que los humanos para afrontar estos desastres
Dar menos peso moral a los animales no humanos es especismo, una forma de discriminación
Todos los seres sintientes capaces de sufrir un daño tienen interés en evitarlo. Si dos seres sintientes pueden sufrir lesiones, así como experimentar miedo o angustia, el simple hecho de que uno pertenezca a una especie distinta no justifica, por sí mismo, dar menos peso moral a sus intereses. Esto revela una incoherencia en el razonamiento ético.
Los principios éticos deben aplicarse de forma coherente a todos los seres sintientes. Si una mayor racionalidad, inteligencia u otras capacidades cognitivas no justifican una consideración moral desigual entre los humanos, tampoco pueden servir de base para tratar a los animales no humanos como moralmente irrelevantes e inferiores.
Asimismo, la causa del sufrimiento no cambia la experiencia de quien lo padece. Los desastres naturales son dañinos. Con independencia de su origen, producen un sufrimiento inmenso. Por tanto, si la razón para evitar un daño es que perjudica a sus víctimas, la fuerza de esa razón debe depender de la magnitud del daño y no de si su origen es antropogénico o natural.
La exposición continuada a amenazas naturales no hace que los animales salvajes sean “más fuertes” ni inmunes al daño. Al contrario, la exposición repetida a enfermedades, a la inanición, a condiciones meteorológicas extremas y a otros factores de estrés tiende a comprometer su bienestar.
Los humanos tenemos instintos de supervivencia y, aun así, muchas personas mueren en los desastres, incluso contando con ayuda y recursos. Los animales salvajes se enfrentan a riesgos aún mayores, porque no cuentan con refugios ni con apoyo. El instinto de supervivencia es, en el mejor de los casos, una simple reacción ante una amenaza percibida.
Las barreras construidas por los humanos, la reducción de los hábitats y las necesidades específicas de muchas especies dificultan de manera enorme la migración. Algunos animales, como los osos panda y los reptiles, no pueden desplazarse con rapidez ni sobrevivir fuera de sus entornos originarios. Incluso, cuando logran desplazarse, pueden encontrar conflictos o la muerte en las nuevas zonas. Además, muchos animales que viven en la naturaleza son muy jóvenes y, por ello, especialmente vulnerables durante los desastres, porque su capacidad para huir o sobrevivir por sí mismos es limitada.
Daños directos. Como los animales salvajes viven en contacto constante e inmediato con la naturaleza, son los primeros en sufrir daños físicos directos: ahogarse en las inundaciones, quedar sepultados bajo los escombros en corrimientos de tierra o terremotos, sufrir quemaduras graves en los incendios forestales, o quedar atrapados en las coladas de lava durante las erupciones volcánicas. La escala de estos daños es enorme.
Durante los incendios de 2020 en el Pantanal, en Brasil, el personal investigador estimó que el fuego mató de forma inmediata a, al menos, 16,95 millones de vertebrados.1 Cabe señalar que el número de invertebrados muertos fue probablemente mucho mayor, dado que son muchísimo más numerosos. Sin embargo, puesto que los invertebrados reciben, por lo general, incluso menos consideración que los vertebrados, no existen estadísticas sobre sus muertes. Es probable que muchos más animales perdieran la vida, sobre todo por la exposición al humo. Durante las erupciones volcánicas y los incendios forestales, el humo suele desplazarse mucho más allá de su origen, y provoca efectos nocivos en un área mucho más amplia. Inhalar humo puede causar intoxicación por monóxido de carbono, dificultad para respirar, alteraciones neurológicas, estrés oxidativo, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, inmunodepresión y edema pulmonar en animales salvajes terrestres y acuáticos, y muchos de estos efectos pueden ser mortales.2
El mismo patrón se repitió en 2026, en dos continentes a la vez. En España los incendios que ardían en las provincias de Ávila, Madrid y Toledo se unieron a finales de julio en un solo fuego. A 28 de julio había arrasado más de 80 000 hectáreas, y la superficie acumulada quemada en el conjunto del país alcanzaba las 173 651 hectáreas. En Canadá, a comienzos de julio, ardían cerca de 800 incendios a la vez, desde Columbia Británica hasta Nueva Escocia, y a mediados de mes se habían perdido ya 2,78 millones de hectáreas, unas 300 000 por encima de la media de los últimos diez años.
En ninguno de estos dos episodios existe una estimación de las muertes de animales salvajes. Seis años después de que se recurriera al muestreo por distancias para establecer que casi 17 millones de vertebrados murieron en los incendios del Pantanal, no se ha intentado ningún recuento comparable para la península ibérica ni para el bosque boreal canadiense. La ausencia de una cifra no demuestra que esas muertes no se hayan producido: refleja que nadie ha recibido el encargo de contarlas. Las áreas protegidas quemadas se contabilizan en hectáreas, mientras que los animales que vivían en esas hectáreas se contabilizan como hábitat.
Escasez de recursos. La supervivencia de los animales salvajes depende de recursos esenciales como el alimento, el agua, el refugio y un hábitat adecuado. Los desastres naturales pueden reducir tanto la disponibilidad como la accesibilidad de esos recursos. Las erupciones pueden durar meses o años, expulsando lava y ceniza abrasivas y tóxicas, provocando explosiones y calentando el agua cercana hasta el punto de hervir vivos a los animales marinos.3 Los terremotos y huracanes fragmentan el territorio, lo que dificulta que los animales se desplacen o sobrevivan. Las inundaciones y tsunamis suelen arrastrar sustancias químicas nocivas, mientras que las sequías afectan a los humedales y reducen las fuentes de agua. Sin refugio, agua limpia o alimento suficiente, muchos animales sufren deshidratación e inanición.
Por ejemplo, los incendios de 2020 que arrasaron más de 11,2 millones de hectáreas en Australia dañaron cerca del 30 % de los hábitats de los koalas, los bosques de eucaliptos, que utilizan como alimento y como refugio.4 Muchos koalas, incapaces de escapar de las llamas, murieron a causa de las quemaduras. Otros sobrevivieron, solo para padecer días de sed y de inanición.
Migración y reproducción. Los desastres relacionados con el clima, como las olas de calor, las sequías y las tormentas, están dañando los lugares donde las aves se reproducen y por los que migran.
Consideremos, por ejemplo, el caso de los gansos árticos de la tundra siberiana. Dependen de terrenos abiertos y rocosos para poner los huevos, construir nidos y criar a sus polluelos. Pero el aumento de las temperaturas está derritiendo el suelo helado, lo que permite que los bosques se extiendan por esas tierras. Se estima que entre el 10 y el 93 % de su territorio de reproducción se perderá en los próximos años si esa expansión continúa.5 La pérdida de ese terreno abierto implica que muchas de estas aves no podrán construir sus nidos. Y, como los nidos los protegen frente a los animales que los depredan y frente a condiciones ambientales adversas, quedarse sin ellos los expone a más amenazas y sufrimiento.
Aumento de los conflictos entre humanos y animales salvajes. Se llama así a cualquier interacción que cause un daño, lo sufra el animal o el ser humano.6 Los desastres naturales agravan estos conflictos.
·⠀Los animales entran en áreas dominadas por humanos para huir de la destrucción
·⠀Al no encontrar alimento en la naturaleza, comen cultivos o atacan a animales criados en granjas
·⠀Los animales hambrientos, heridos o asustados pueden actuar de forma más agresiva
·⠀Después de los desastres, los humanos suelen reconstruir sus casas en zonas forestales, lo que provoca más conflictos con otros animales
Un ejemplo de cómo pueden abordarse estos conflictos se encuentra en Kerala, un estado de la India donde elefantes, gauros (bisontes indios), jabalíes, tigres, leopardos y monos entran a menudo en conflicto con los humanos. El gobierno ha declarado de manera oficial el conflicto entre humanos y animales salvajes como un desastre estatal.7 Para hacer frente a la situación, ha puesto en marcha sus propios programas en lugar de recurrir a la matanza de animales salvajes, una práctica habitual en muchos otros países pese a ser cruel e ineficaz. Entre esos programas hay un sistema de alertas por SMS que avisa de los movimientos de elefantes y de otros animales salvajes, y planes que garantizan la disponibilidad de agua y alimento dentro del bosque para disuadir a los animales de entrar en los asentamientos humanos.8 Estas prácticas han reducido la incidencia de esos conflictos.
Cambios a largo plazo. Los cambios a largo plazo son impactos que perduran meses o incluso años después de un desastre. Entre ellos están la contaminación de las fuentes de agua, el aumento de la salinidad, y otras alteraciones ambientales que pueden reducir la disponibilidad de alimento y de refugio, o afectar de otro modo al bienestar de los animales salvajes.
Cuando los humanos luchan, los animales también sufren.9
En los últimos tres años, más de veinte países han vivido de media un conflicto grave cada mes.10 La historia ha mostrado en distintos momentos el impacto devastador de las guerras y, sin embargo, a menudo no reconocemos el daño que infligen más allá del mundo humano.
Los animales se convierten con frecuencia en víctimas de la guerra. A muchos los matan directamente las armas, mientras que otros sufren lentamente y mueren por hambre, por heridas y por la pérdida de otros recursos esenciales para sobrevivir. Muy a menudo, son tratados como soldados en los conflictos humanos, y se da poco o ningún peso moral a su capacidad de experimentar dolor, miedo y angustia.
A las armas tradicionales se suman hoy:
·⠀Armas biológicas: propagan patógenos entre los animales salvajes, facilitan la transmisión de enfermedades entre especies, provocan cambios genéticos a largo plazo, y afectan de manera negativ a la disponibilidad de alimento y a la calidad del hábitat
·⠀Armas nucleares: causan daños a gran escala a los animales salvajes mediante tormentas de fuego u ondas expansivas, mutaciones genéticas, envenenamiento por radiación y otras consecuencias negativas
·⠀Armas químicas: los animales se envenenan al inhalar gases tóxicos, al absorber sustancias químicas a través de la piel, o al consumir alimento y agua contaminados
La aparición de las armas biológicas, nucleares y químicas ha transformado la naturaleza de la guerra al ampliar tanto la escala como la duración del daño. Dado que sus efectos pueden extenderse entre individuos de varias especies y persistir mucho después de que cesen los conflictos activos, seguimos sin conocer con certeza su impacto. Como consecuencia de esto, seguirá produciéndose una cantidad de sufrimiento posiblemente enorme sin que lleguemos a advertirlo, a menos que se dediquen atención y recursos sostenidos a estudiar su impacto en los animales salvajes y las formas de aliviar ese daño.
No obstante, la evidencia disponible ofrece razones convincentes para pensar que la guerra ha infligido un sufrimiento extenso a los animales salvajes. Examinemos, por ejemplo, el agente naranja, un herbicida químico que se utilizó de forma masiva durante la guerra de Vietnam. Más de cincuenta años después, seguimos sabiendo poco sobre su impacto completo en los animales salvajes. Los datos disponibles sugieren que los invertebrados acuáticos, como los plecópteros (Plecoptera), los tricópteros (Trichoptera), los efemerópteros (Ephemeroptera) y las pulgas de agua (Cladocera), estuvieron entre los más vulnerables a la exposición.11 No existe investigación que detalle con exactitud cómo afectó el agente naranja a estos insectos, pero el contacto con suelo y agua contaminados probablemente provocó la muerte de estos seres sintientes.
Las emergencias globales, como los desastres naturales y las guerras, están entre las mayores fuentes de perturbación en cuanto a la escala (el número de individuos afectados), la magnitud (la gravedad del daño) y la duración (cuánto tiempo persisten esos daños) de su impacto en las distintas especies. Como hemos visto, los animales salvajes experimentan numerosas formas de sufrimiento durante esos acontecimientos y después de ellos, incluidos daños inmediatos, daños indirectos y daños a largo plazo. Pese a la magnitud de su sufrimiento, su bienestar sigue sin recibir una consideración adecuada en la gestión de desastres.
En cada crisis protegemos lo que creemos que más importa. Pero nuestra mirada está moldeada por sesgos como el especismo y el antropocentrismo. Esos sesgos estrechan nuestra visión y dejan fuera los intereses de innumerables seres sintientes capaces de experimentar daño, miedo, angustia y privación. Si entendemos las emergencias como acontecimientos que alteran la vida de seres sintientes, nuestra evaluación de sus efectos no puede terminar en las experiencias humanas. Por eso resulta esencial tener en cuenta el bienestar de los animales salvajes en la preparación, la respuesta y la recuperación ante los desastres, en especial cuando la intervención puede prevenir o aliviar su sufrimiento.
1 Tomas, W. M.; Berlinck, C. N.; Chiaravalloti, R. M.; Faggioni, G. P.; Strüssmann, C.; Libonati, R.; Abrahão, C. R.; Alvarenga, G. do V.; Faria Bacellar, A. E. de; Queiroz Batista, F. R. de; Bornato, T. S.; Restel Camilo, A.; Castedo, J.; Espinóza Fernando, A. M.; Oliveira de Freitas, G.; Martins Garcia, C.; Santos Gonçalves, H.; Freitas Guilherme, M. B. de; Guedes Layme, V. M.; Gomes Lustosa, A. P.; Carneiro de Oliveira, A.; Oliveira, M. da R.; Martins Pereira, A. de M.; Abrantes Rodrigues, J.; Fernandes Semedo, T. B.; Ducel de Souza, R. A.; Rodrigo Tortato, F.; Passos Viana, D. F.; Vicente-Silva, L. & Morato, R. (2021) “Distance sampling surveys reveal 17 million vertebrates directly killed by the 2020’s wildfires in the Pantanal, Brazil”, Scientific Reports, 11, 23547 [referencia: 15 de julio de 2026].
2 Sanderfoot, O. V.; Bassing, S. B.; Brusa, J. L.; Emmet, R. L.; Gillman, S. J.; Swift, K. & Gardner, B. (2021) “A review of the effects of wildfire smoke on the health and behavior of wildlife”, Environmental Research Letters, 16, 123003 [referencia: 12 de julio de 2026].
3 Ética Animal (2021) “Animales en desastres naturales”, Ética Animal [referencia: 15 de julio de 2026].
4 Paul, S. (2020) “‘Ecological disaster’: Australian bushfires endanger koalas, wallabies”, Science, The Wire, 13/01/2020 [referencia: 15 de julio de 2026].
5 Wood, S. (2023) “How climate change is affecting migrating birds”, Birdbuddy Tales, February 27 [referencia: 15 de julio de 2026].
6 Ramachandra, K.; Bakash, S. A. & Nagabhushana, S. (2018) Ability enhancement, Nagpur: Himalaya, ch. 2.
7 Saseendran, A. K. (2025) “From conflict to coexistence: Rethinking our survival with wildlife”, Arnayam, 45 (4), p. 6 [referencia: 15 de julio de 2026].
8 Ibid., p. 7.
9 The Economist (2018) “How war affects wildlife”, The Economist, Jan 11th 2018 [referencia: 15 de julio de 2026].
10 Institute for Economics & Peace (2025) Global Peace Index 2025, Sydney: Institute for Economics & Peace [referencia: 15 de julio de 2026].
11 Truong, K. N. & Khuong, V. D. (2021) “Agent Orange: Half-century effects on the Vietnamese wildlife have been ignored”, Environmental Science & Technology, 55, pp. 15007-15009 [referencia: 15 de julio de 2026].