Qué seres no son conscientes

Los seres que no poseen sistema nervioso centralizado no son sintientes. Esto incluye a las bacterias, las arqueas, las protistas, los hongos, los vegetales y ciertos animales. Existe la posibilidad de que haya una serie de animales con sistemas nerviosos centralizados muy simples que no sean sintientes, pero esta es una cuestión que permanece abierta, y no puede ser probada todavía.

Las razones que llevan a concluir esto son las siguientes.

 

Solamente entre los animales se pueden encontrar las estructuras físicas que posibilitan la sintiencia

La posesión de un sistema nervioso centralizado es lo que posibilita que los animales puedan tener experiencias. Y solamente los animales poseen sistemas de este tipo. Ningún otro organismo tiene un sistema nervioso. Si se examina la anatomía de un hongo, una bacteria o una planta, por ejemplo, no se encontrará ningún nervio.

Podría ser que otros seres distintos de los animales poseyeran una estructura física diferente que cumpla la misma función que la de un sistema nervioso centralizado. Por lo tanto, un sistema organizado de una manera igualmente compleja podría resultar en un organismo sintiente. En principio, esto es perfectamente posible. Sin embargo, entre todos los organismos de nuestra biosfera, ninguno de los organismos que no son animales (plantas, hongos, protistas, bacterias y arqueas) tienen dicha estructura. Ninguno de ellos tiene un mecanismo para la transmisión de información similar al presente en los animales con sistema nervioso centralizado.

 

La lógica evolutiva y los seres vivos que no son animales

Las estructuras que permiten el desarrollo de la consciencia aparecen de manera muy temprana en el desarrollo de animales, pero nunca aparecen en las cosas vivas que no son animales. Las entidades vivas que no son animales tinen una estructura muy simple. No tienen una estructura nervioso ni una estructura física lo suficientemente compleja como para permitir la posesión de consciencia. Además, la posesión de dicha estructura no tendría sentido evolutivo.

Como se muestra en Qué seres son conscientes, la capacidad de sentir surge en la historia evolutiva debido a su utilidad de motivar a los animales, a través de estímulos positivos y negativos, para participar o abstenerse del comportamiento que incrementa la resistencia. Por lo tanto, no tendría sentido para los seres que carecen de la capacidad de participar en dicho comportamiento el tener la capacidad de sentir. Por ejemplo, las plantas no pueden huir de una amenaza ni buscar un tipo de comida que puedan disfrutar. Estos estímulos no tendrían ningún propósito, y supondrían un gasto innecesario de energía.

 

Las plantas no tienen experiencias: la respuesta a los estímulos externos no es la sintiencia

Una idea que carece de respaldo científico pero que ha recibido cierto apoyo consiste en afirmar que las plantas tienen experiencias porque responden a ciertos estímulos. Sin embargo, manifestar una respuesta física de este tipo no requiere la capacidad de tener experiencias subjetivas.

También se afirma en ocasiones que ciertas plantas crecen mejor si se les pone cierta música o se las habla. Puede ser que ciertas ondas sonoras beneficien de alguna manera el crecimiento de las plantas, y que estas ondas coincidan con algunas que resulta agradable escuchar a algunos seres humanos. Pero ello no implica en absoluto que las plantas sean organismos con estructuras físicas que produzcan experiencias mentales, un centro de consciencia que les permita experimentar y apreciar la música, ni mejorar su crecimiento con base en esto (se puede destacar que el gusto musical es algo muy específico culturalmente, lo que muestra con más motivo lo absurdo de la afirmación pseudocientífica de que “a las plantas les gusta la música”). En cualquier caso, cualquier otra supuesta evidencia de este tipo no puede considerarse un muestra de posesión de consciencia por la planta, en la medida en que se base exclusivamente en observaciones conductuales. Los argumentos para la posesión de la consciencia deben basarse en evidencias fisiológicas, con una estructura física identificada, y razonamientos de por qué dicha estructura podría hacer surgir la experiencia consciente.

La manera en que un organismo sin sistema nervioso centralizado puede responder a los estímulos puede ser muy variada. Sin embargo, por muy complejo que sea, sin sistema nervioso centralizado ni estructura física que pueda cumplir una función similar, dicha respuesta no puede explicarse por la consciencia. Deberíamos explicarla asumiendo algún mecanismo físico alternativo. Aunque las respuestas físicas no conscientes no consiguen un nivel de complejidad comparable al de los individuos cuya consciencia les permite una gama amplia de comportamientos, las respuestas no conscientes pueden tener un nivel relativamente alto de complejidad.

Esto puede verse también en varias máquinas que los humanos han fabricado. Por ejemplo, una bombilla conectada a una célula fotoeléctrica se puede encender y apagar en función de la luz del ambiente, sin que esto se acompañe de ningún tipo de experiencia .

 

Animales no sintientes

El hecho de que solamente los animales sean sintientes no quiere decir que todos los animales lo sean. Como se explicó en la página sobre los criterios para la sintiencia, para poder tener experiencias es necesario poseer un sistema nervioso centralizado. Y algunos animales carecen de dicho sistema. Esto implica que hay animales que no pueden ser sintientes. Primero, incluiríamos aquí a los seres que no tienen sistema nervioso, como los poríferos (el filo que incluye a las esponjas), y a los que tienen un sistema nervioso que no está centralizado, como los equinodermos y los cnidarios. Los animales no sintientes incluirían entonces a las esponjas, los corales, las anémonas de mar y las hydras.

De nuevo, como en el caso de las plantas, estos animales pueden reaccionar a los estímulos externos, e incluso desarrollar movimiento. Por ejemplo, las esponjas, pese a que no tienen un sistema nervioso, sí disponen, en cambio, de un mecanismo físico que les permite realizar ciertos movimientos (haciendo circular el agua a través de las células que las componen). Y los equinodermos (como las estrellas de mar y los holoturoideos) pueden tener comportamientos relativamente complejos (como el que puede tener una planta carnívora, por ejemplo), Pero, en el caso de las plantas, no hay nada en su fisiología que les permita tener sintiencia.

En función de cuál sea la clase de organización que un sistema nervioso centralizado necesita para permitir la experiencia, es posible que algunos animales con sistemas nerviosos centralizados, pero muy simples, no sean sintientes. Esto podría ocurrir si la consciencia requiere de un cierto nivel de complejidad nerviosa, lo cual bien podría ser el caso. Sin embargo, a día de hoy carecemos de conocimiento importante al respecto, y la cuestión debe permanecer abierta. Lo que sabemos basándonos en el conocimiento actual es que todos los seres sintientes son animales, pero no todos los animales son sintientes.

Pero es importante tener en cuenta que hay muchos otros animales que tienen sistemas nerviosos centralizados, pero simples. Esto incluye a muchos invertebrados: moluscos (como los cefalópodos), artrópodos (como los crustáceos y los insectos). Nuestro grado de certeza sobre si son sintientes puede variar (podemos confiar realmente en que los cefalópodos lo son, pero es dudoso en el caso en los bivalvos). Pero lo relativo a estos animales es totalmente diferente al de los animales sin sistema nervioso con una estructura que les permita procesar información.


Lecturas recomendadas

Broom, D. M. (2007) “Cognitive ability and sentience: Which aquatic animals should be protected?”, Diseases of Aquatic Organisms, 75, pp. 99-108.

Dawkins, M. S. (2001) “Who needs consciousness?”, Animal Welfare, 10, pp. 19-29.

Edelman, D. B. & Seth A. K. (2009) “Animal consciousness: A synthetic approach”, Trends in Neurosciences, 32, pp. 476-484.

Griffin, D. R. (1981) The question of animal awareness: Evolutionary continuity of mental experience, New York: Rockefeller University Press.

Grinde, B. (2013) “The evolutionary rationale for consciousness”, Biological Theory, 7,  pp 227-236.

Lurz, R. W. (ed.) (2009) The philosophy of animal minds, Cambridge: Cambridge University Press.

Mather, J. A. (2001) “Animal suffering: An invertebrate perspective”, Journal of Applied Animal Welfare Science, 4, pp. 151-156.

McGinn, C. (2004) Consciousness and its objects, Oxford: Oxford University Press.

Norton, N. (1996) Consciousness and the origins of thought, Oxford: Oxford University Press.

O’Shaughnessy, B. (2000) Consciousness and the world, Oxford: Oxford University Press.

Rosenthal, D. M. (2008) “Consciousness and its function”, Neuropsychologia, 46, pp. 829-840.

Smith, J. A. (1991) “A question of pain in invertebrates”, Institute for Laboratory Animals Journal Journal, 33, pp. 1-2 [referencia: 27 de septiembre de 2013].