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Plumas

La producción de plumas supone la explotación de miles de millones de aves cada año.1 Algunas plumas son sacadas de los cuerpos muertos de animales después de ser matados para obtener huevos, foie gras u otra carne, por lo que es un elemento más que apoya la explotación de estos animales. En otros casos, las plumas son sacadas de los animaes mientras siguen vivos. Hay quienes no son conscientes del sufrimiento terrible que esto produce.

La pared folicular de las plumas tiene fibras sensibles.2 Los gansos tienen mecanoreceptores de piel (células de piel que son especialmente sensibles al contrato), que son adyacentes a los folículos de las plumas.3 4 Cuando las plumas se extraen, los gansos sufren un dolor similar al que sufriríamos si nos arrancaran el pelo.

La propia industria afirma que, si bien es posible para un experto distinguir entre las plumas sacadas de un animal vivo y las de un animal muerto, es imposible distinguir entre ambas una vez que son procesadas.5

Los gansos, después del nacimiento, son sexados y marcados con un corte o un agujero en la mata. También se insertan números de plástico o metal en sus alas.6 Las plumas pueden ser eliminadas bien de manera manual o bien mediante un proceso automatizado. Las máquinas eléctricas para extraer las plumas dañan con frecuencia a los animales, y se han prohibido dichas máquinas en algunos países como Hungrías.

Se defiende a veces que el método manual de extracción de plumas no daña al animal. Sin embargo, esto es falso. En la extracción manual, se coge a un ganso por el cuello con una mano, para que la otra mano pueda maniobrar alrededor del cuerpo y de las alas.7 Si el ganso bate las alas demasiado, puede terminar con su cabeza bajo el cuerpo, lo que puede producir daños y causar terror extremo.

Un trabajo experimentado puede desplumar una media de 40-80 gansos en un período de 8 horas, dedicando 6-12 minutos a cada ganso. Un número que varía dependiendo de la edad del ganso.

La extracción manual de plumas puede hacerse de dos maneras: mediante el desplume, o mediante el uso de un método menos agresivo llamado de manera eufemística y engañosa “cosecha” o, a veces, “recolección”. La llamada “cosecha” se refiere a la extracción de las plumas que están separadas de la piel durante la muda (el momento durante el que los gansos están perdiendo muchas de sus viejas plumas de manera natural), lo que en teoría no requiere fuerza y no inflinge daño a la piel. El desplume, por otra parte, es la extracción de plumas a través del uso de una mayor fuerza.

Cuando las aves no están mudando, sus plumas están unidas de manera firma a los folículos, y es necesario usar fuerza para extraerlas. Se requiere una fuerza entre 400 y 750 gramos.4 Si consideramos que la fuerza requerida para activar los mecanoreceptores y los nociceptores es de 2-5 gramos,8 es razonable pensar que el uso de la fuerza para extraer las plumas de un ave les causa dolor incluso si no se daña la piel. Pero si hay también daño a la piel, el dolor puede durar varios días. Después de ser desplumados, los animales padecen cambios cardiovasculares y de conducta. También puede darse inmovilidad debido al estrés. Todos estos son indicadores de que las aves están sufriendo dolor. También debemos tener en cuenta que la extracción repetida de plumas por la fuerza en el mismo lugar puede producir una sensibilidad incrementada al dolor (hiperalgesia).9

Pero deberíamos tener en cuenta que los animales también sufren en la “cosecha” de plumas, como dijimos arriba.

La llamada primera “cosecha” de plumas se produce cuando las aves tienen 8-10 semanas. En este momento, el número de plumas tomadas de cada ganso depende del número de ciclos de puesta de huevos. Las plumas pueden ser “cosechadas” tres o cuatro veces durante el primer año, y hasta tres o cuatro veces más a lo largo de los siguientes cuatro años. Si el ganso sigue vivo en este momento, las plumas pueden cogerse una vez más durante cada uno de los siguientes dos años. Por lo tanto, las plumas pueden “cosecharse” más de veinte veces durante la vida de un ganso.

Es habitual estimular un segundo período de puesta de huevos usando luz artificial. Tras un descanso de unas tres semanas, las aves son mantenidas de manera continua en habitaciones oscuras. Su dieta es restringida al 60% de lo que es normal. Esto les produce una gran angustia, puesto que los gansos no pueden ver suficientemente bien con esa intensidad de luz para desarrollar un comportamiento normal.6 Las aves son también dañadas cuando son atrapadas para extraer las plumas,10 algo que ocurre tanto en el desplume como en la “cosecha”. También se ha sugerido que los animales son más susceptibles a sufrir estrés en el momento de la muda.11 Durante las épocas de estrés, las aves y el resto de animales actúan en modo de supervivencvia y se vuelven muy nerviosos y especialmente sensibles a que les ocurran cosas anormales. En este estado es muy fácil que se asusten. Cuando son agarradas, no entiende lo que pasa, e intentan escapar de manera frenética, en ocasiones sufriendo daños en el proceso.

En los grupos pequeños de animales, la “cosecha” de plumas puede coincidir con la muda de los animales, lo que reduciría el daño provocado a ellos. Sin embargo, esto no ocurre en muchas granajas.6 Debería tenerse en cuenta que la muda no empieza el mismo día ni en la misma parte del cuerpo en todos los animales. Además, si pasan varios días antes de extraer las plumas, muchas de estas se perderán. Por estos motivos, las plumas son extraídas habitualmente en el momento que no suponga pérdidas económicas, llevando al uso de fuerza para extraerlas, lo que causa un gran dolor a los animales.

Las plumas se usan como accesorios de vestimenta y en el forro de abrigos. Las plumas y plumones también se usan para rellenar almohadas y edredones. Sin embargo, durante varias décadas ha sido fácil encontrar edredones y almohadas sintéticas en las tiendas, que son elaboradas sin explotar animales.


Lecturas recomendadas

Council of Europe (1999) Recommendation concerning Muscovy ducks (Cairina moschata) and hybrids of Muscovy and domestic ducks (Anas platyrhynchos), Strasbourg: Standing Committee of the European Convention for the Protection of Animals Kept for Farming Purposes [referencia: 2 de abril de 2013].

Dean, W. & Sandhu T. (2006) “Domestic ducks”, Duck Research Laboratory [referencia: 27 de febrero de 2013].

Duncan, I. J. H. (2001) “Animal welfare issues in the poultry industry: Is there a lesson to be learned?”, Journal of Applied Animal Welfare Science, 4, pp. 207-221.

Faure, J.M. & Raud, H. (1994) “Welfare of ducks in intensive units”, Revue scientifique et technique (International Office of Epizootics), 13, pp. 125-129.

Gentle, M. J. (1992) “Pain in birds”, Animal Welfare, 1, pp. 235-247.

Grow, O. (1972) Modern waterfowl management and breeding guide, Augusta: American Bantam Association.

Henderson, J. V.; Nicol, C. J.; Lines, J.A.; White, R. P. & Wathes, C. M. (2001) “Behaviour of domestic ducks exposed to mobile predator stimuli. 1. Flock responses”, British Poultry Science, 42, pp. 433-438.

International Down and Feather Laboratory and Institute (2009) Finding the truth about “live-plucking” and “harvesting”, Salt Lake City: International Down and Feather Laboratory and Institute [referencia: 22 de mayo de 2013].

Kristensen, H. H. & Wathes, C. M. (2000) “Ammonia and poultry welfare: A review”, World’s Poultry Science Journal, 56, pp. 235-245.

Pingel, H. (2004) “Duck and geese production”, World Poultry, 20, pp. 26-28.

Rodenburg, T. B.; Bracke, M. B. M.; Berk, J.; Cooper, J.; Faure, J. M.; Guémené, D.; Guy, G.; Harlander, A.; Jones, T.; Knierim, U.; Kuhnt, K.; Pingel, H.; Reiter, K.; Serviére, J. & Ruis, M. A. W. (2005) “Welfare of ducks in European duck husbandry systems”, World’s Poultry Science Journal, 61, pp. 633-646.

Rutter, S. M. & Duncan, I. J. H. (1991) “Shuttle and one-way avoidance as measures of aversion in domestic fowl”, Applied Animal Behaviour Science, 30, p. 117.

Rutter, S. M. & Duncan, I. J. H. (1992) “Measuring aversion in domestic fowl using passive avoidance”, Applied Animal Behaviour Science, 33, p. 53.


1 FAO (2010) “Livestock primary”, FAO Statistical Database [referencia: 19 de febrero de 2013].

2 Necker, R. & Reiner, B. (1980) “Temperature-sensitive mechanoreceptors, thermoreceptors and heat nociceptors in the skin of pigeons feather”, Journal of Comparative Physiology, 135, pp. 201-207.

3 Winkelmann, R. K. & Myers, T. T. (1961) “The histochemistry and morphology og the cutaneous sensory end-organs of the chicken”, Journal of Comparative Neurology, 117, pp. 27-35.

4 Ostmann, O. W.; Ringer, R. K. & Tetzlaff, M. (1963) “The anatomy of the feather follicle and its immediate surroundings” Poultry Science, 42, pp. 957-969.

5 European Down and Feather Association (2009) Statement on the harvesting of feathers and down, Mainz: European Down and Feather Association [referencia: 15 de abril de 2014].

6 EFSA Panel on Animal Health and Welfare (2010) “Scientific Opinion on the practice or harvesting (collecting) feathers from live geese for down production”, EFSA Journal, 8, 1886 [referencia: 18 de abril de 2014].

7 Ver, por ejemplo, Bartlett, T. (1991 [1986]) Ducks and geese: A guide to management, Ramsbury: Crowood Press, 2nd ed.; Grow, O. (1972) Modern waterfowl management and breeding guide, Augusta: American Bantam Association.
8 Ver, por ejemplo, Gentle, M. J. (1989) “Cutaneous sensory afferents recorded from the nervous intra-mandibularis of Gallus gallus var domesticus”, Journal of Comparative Physiology. A, Sensory, Neural, and Behavioral Physiology, 164, pp. 763-774.
9 Gentle, M. J.; Hunter, L. N. (1989) “Physiological and behavioral responses Associated with feather removal in Gallus gallus var domesticus”, Research in Veterinary Science, 50, pp. 95-101.

10 Gregory, N. G. & Wilkins, L. J. (1989) “Broken bones in the domestic fowl: handling and processing damage in end-of-lay battery hens”, British Poultry Science, 30, pp. 555-562. Gentle, M. J. & Tilston, V. L. (2000) “Nociceptors in the legs of poultry: Implications for potential pain in pre-slaughter shackling”, Animal Welfare, 9, pp. 227-236.

11 Kotrschal, K.; Scheiber, I. B. R. & Hirschenhauser, K. (2010) “Individual performance in complex social systems: The greylag goose example”, in Kappeler, P. (ed.) Animal behaviour: Evolution and mechanisms, Berlin: Springer Verlag, pp. 121-148.

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