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Dinámica poblacional y sufrimiento animal

Dinámica poblacional es el nombre dado a la disciplina que estudia cómo las poblaciones de seres vivos cambian a través del tiempo. ¿Por qué es importante evaluar cómo se alimentan los animales no humanos en la naturaleza y cuan buena o mala es su vida? Porque a menudo, o en la mayoría de casos, la muerte está ligada a experiencias terribles como el miedo o la ansiedad. La dinámica poblacional puede decirnos cómo mueren muchos animales de media en comparación a cómo sobreviven. Además, puede decirnos en qué punto de sus vidas ocurre la muerte. La información que podemos obtener relativa a sus muertes puede ser muy útil e ilustrarnos sobre la cuestión de si los animales no humanos tienen o no buenas vidas en la naturaleza.

 

Estrategias reproductivas y muerte animal

Para abordar este problema, podemos empezar por considerar cómo varían las poblaciones. Pueden cambiar de diferentes formas. Por ejemplo, nuevos individuos provenientes de otros grupos pueden unirse a la población que estamos examinando, o algunos miembros del grupo pueden abandonarlo. Pero, al margen de esto, hay básicamente dos maneras muy obvias en que las poblaciones cambian: si mueren miembros, y si nuevos miembros nacen. Para que una población se mantenga estable a través del tiempo, el número de muertes debe ser equiparable al número de nacimientos. Esto significa que aquellos animales que tienen poca descendencia son aquellos entre los cuales la mortalidad es relativamente baja, especialmente al principio de su vida, por lo menos antes de reproducirse por primera vez. Pero, desafortunadamente, la mayoría de los animales no es tan afortunada como para pertenecer a estos grupos de animales. De hecho, la mayoría de los animales tienen un gran número de descendientes. ¿A qué se debe esto? A que sus crías también mueren de forma masiva, especialmente ni bien nacen.

Hay algunos animales en la naturaleza que se reproducen siguiendo una estrategia que consiste en tener muy pocos descendientes que son muy bien cuidados. Estos animales pueden dar a luz a un solo animal, o poner un solo huevo por vez. Sin embargo, la tasa de supervivencia de estos nuevos animales es muy alta, por lo que la población animal es capaz de mantener sus números.

Desafortunadamente, hay muy pocas especies de animales que se reproduzcan de esta manera. Lo hacen los grandes simios y los cetáceos (ballenas, delfines y marsopas), al igual que otros mamíferos como los osos, los elefantes, otros herbívoros, y algunas aves, como el albatros. Pero la mayoría de los animales, de hecho, la inmensa mayoría de ellos, siguen una estrategia diferente. Esta consiste en tener la mayor cantidad de descendientes como sea posible. El costo de esto es que las crías reciben poco o nada del cuidado de sus padres. (Estas dos estrategias han sido llamadas a menudo de manera tradicional selección K y selección r, aunque hoy en día esos términos han caído en desuso. La causa por la que se ha utilizado esta terminología de selección K y selección r es que, en dinámica poblacional, en las ecuaciones comunes utilizadas para estimar la variación de la población a través del tiempo la variable que se usa para identificar al número de crías por lo general se denomina “r”; mientras que la variable que se refiere a la capacidad poblacional del medio ambiente en el que existe la población, es decir, la que se refiere a la cantidad de individuos que pueden sobrevivir, por lo general se denomina “K”.1)

Si los animales que se reproducen teniendo un gran n-umero de crías tuvieran una tasa de supervivencia alta, como la que gozan los que tienen solo un hijo o hija cada vez, sus poblaciones se multiplicarían por millones en cuestión de años. Pero por supuesto, esto no ocurre. En promedio solamente sobrevive un nuevo animal por progenitor. El resto muere al poco tiempo de nacer.

 

Consecuencias para el sufrimiento animal

El predominio de la selección r tiene consecuencias importantes para el sufrimiento de los animales. Hay fuertes razones para creer que los animales de especies que se reproducen en gran número experimentan mucho más sufrimiento que bienestar en sus vidas. Aunque puede que muchos de estos animales no tengan una muerte dolorosa, muchos otros sufren terriblemente al morir. Se mueren por inanición o son comidos vivos por otros animales. Además, debemos tener en cuenta el hecho de que estos animales generalmente mueren cuando son muy jóvenes. Esto significa que no tienen el tiempo suficiente para vivir experiencias positivas en sus vidas, pero sí tienen la terrible experiencia de la muerte.

Como la mayoría de los animales que nacen pertenecen a estas especies, la inmensa mayoría de los animales que llegan a existir experimentan un sufrimiento más significativo que las buenas experiencias que puedan llegar a disfrutar (que, de hecho, puede ser no sea ninguna en absoluto). En consecuencia, debemos concluir que, por horrible que sea, el sufrimiento parece prevalecer abrumadoramente sobre la felicidad en la naturaleza. Ahora podemos ver por qué la cantidad de sufrimiento en la naturaleza depende en gran medida de la dinámica poblacional.

Esto no quiere decir que no haya otros motivos por los que los animales sufren en la naturaleza. Un animal puede sobrevivir hasta alcanzar la madurez y sin embargo sufrir terriblemente debido a factores como enfermedades, desnutrición, condiciones climáticas, parasitismo, depredación, heridas o estrés psicológico. Esto hace que las perspectivas sean todavía más sombrías para los animales en estado salvaje. Pero incluso si ninguna de estas cosas le sucediera a los animales adultos, igualmente existiría más sufrimiento que felicidad en la naturaleza debido a la enorme cantidad de muertes de animales que mueren debido a la maximización del número de crías y el sufrimiento que acompaña a estas muertes.

 

Todas las poblaciones animales se enfrentan a un sufrimiento importante y a la muerte

Lo que hemos discutido hasta ahora puede dar la impresión de que la felicidad prevalece en los animales que se reproducen de forma más moderadas. Pero no deberíamos asumirlo. A pesar de las altas tasas de supervivencia, todavía hay muchos animales que mueren antes de llegar a la madurez. Se debe contemplar que, a pesar de que algunos animales solamente dan a luz a un animal por vez, a menudo traen al mundo a muchos animales diferentes durante su vida. Pero recuerden que, en promedio, sobrevive solamente una nueva cría por progenitor. De hecho, a pesar de que mucha gente piensa que en la naturaleza los animales que mueren son principalmente los viejos, en realidad sucede todo lo contrario.

Esto puede ser fácilmente confirmado si tenemos en cuenta algunos datos empíricos. A menudo se dice que los animales salvajes solamente mueren de viejos o por enfermedades, que los animales jóvenes y sanos tienen una vida feliz y no mueren jóvenes, y que la muerte de los animales viejos y enfermos los libera del sufrimiento de las enfermedades. Sin embargo, las evidencias disponibles sugieren que este no es el caso. Estos son algunos ejemplos de investigaciones realizadas sobre este tema que abarcan a diferentes animales que muestran que en realidad los animales jóvenes son más propensos a morir que los viejos.

En el centro del Bosque Nacional Superior en Minnesota se realizó un seguimiento radial de 209 venados de cola blanca desde 1973 hasta el invierno de 1983-1984; se registraron 85 muertes (algo de por sí singular, más de un tercio de los ciervos había muerto).

La tasa de supervivencia anual de los ciervos menores de 1 año fue de 0,31%, para las hembras entre 1 y 2 años de edad fue de 0,80%, para los machos de entre 1 y 2 años de edad fue de 0,41%, para las hembras mayores de 2 años fue 0.79% y para los machos mayores de 2 años 0,47%.2 Así que, tanto para machos como para hembras, los ciervos en este estudio que tenían más probabilidades de morir fueron los ciervos más pequeños, los menores de 1 año de edad.

Otro estudio analizó la muerte de 439 alces en la Isla Royale entre 1950 y 1969. Del 45% del total de las muertes, el 29,3% correspondió a la muerte de crías debido a la depredación de los lobos.3

Otro estudio documenta cómo, cuando la densidad de población de ovejas de Soay supera el 2,2 por hectárea, se produce un gran número de muertes durante el invierno y la densidad de población cae en un 65%. Esto por sí mismo suena terrible. Pero el punto que hay que subrayar aquí es que más del 90% de los corderos y el 70% de borregos mueren en estas condiciones, en comparación con el 50% de los adultos. Si bien puede haber más adultos que corderos y borregos es evidente que no es verdad que en la naturaleza generalmente los animales son viejos y enfermos cuando mueren.4

Esto también ha sido observado en las aves. Un estudio descubrió que la tasa de mortalidad de los juncos ojilumbres mexicanos es más alta en su primer año de vida.5

Podríamos pensar que un puñado de estudios no puede darnos una buena imagen de la vida en la naturaleza. Sin embargo, la inclusión de estos estudios no pretende ser la evidencia de que existe un problema. Los estudios solamente ilustran los puntos mencionados anteriormente respecto a por qué el sufrimiento es tan frecuente en la naturaleza. Su prevalencia es el resultado de la dinámica poblacional de la estrategia consistente en tener muchas crías, y es en esto en lo que podemos basar nuestro análisis del problema, con estudios de casos que sirvan solamente para ejemplificar el problema.


Lecturas recomendadas:

Boyce, M. S. (1984) “Restitution of r- and K-selection as a model of density-dependent natural selection”, Annual Review of Ecology and Systematics, 15, pp. 427-447 [referencia: 15 de febrero de 2014].

Clarke, M. & Ng, Y.-K. (2006) “Population dynamics and animal welfare: Issues raised by the culling of kangaroos in Puckapunyal”, Social Choice and Welfare, 27, pp. 407-422.

Cody, M. (1966) “A general theory of clutch size”, Evolution, 20, pp. 174-184 [referencia: 13 de marzo de 2014].

Dawkins, R. (1995) “God’s utility function”, Scientific American, 273, pp. 80-85.

Faria, C. (2015) “Dinámica de poblaciones y sus implicaciones para la ética de la gestión ambiental”, Actas I Congreso internacional de la Red española de Filosofía, 17, pp. 15-24 [referencia: 23 de noviembre de 2016].

Horta, O. (2010) “Debunking the idyllic view of natural processes: Population dynamics and suffering in the wild”, Télos, 17, pp. 73-88 [referencia: 13 de enero de 2013].

Horta, O. (2015) “The problem of evil in nature: Evolutionary bases of the prevalence of disvalue”, Relations: Beyond Anthropocentrism, 3 (1), pp. 17-32 [referencia: 6 de noviembre de 2015].

Ng, Y.-K. (1995) “Towards welfare biology: Evolutionary economics of animal consciousness and suffering”, Biology and Philosophy, 10, pp. 255-285.

Parry, G. D. (1981) “The meanings of r- and K- selection”, Oecologia, 48, pp. 260-264 [referencia: 15 de febrero de 2013].

Pianka, E. R. (1970) “On r– and K-selection”, The American Naturalist, 104, pp. 592-597 [referencia: 20 de febrero de 2013].

Pianka, E. R. (1972) “r and K selection or b and d selection?”, The American Naturalist, 106, pp. 581-588 [referencia: 11 de diciembre de 2013].

Reznick, D.; Bryant, M. J. & Bashey, F. (2002) “r– and K-selection revisited: The role of population regulation in life-history evolution”, Ecology, 83, pp. 1509-1520.

Roff, D. A. (1992) Evolution of life histories: Theory and analysis, Dordrecht: Springer.

Rolston, H., III (1992) “Disvalues in nature”, The Monist, 75, pp. 250-278.

Sagoff, M. (1984) “Animal liberation and environmental ethics: Bad marriage, quick divorce”, Osgoode Hall Law Journal, 22, pp. 297-307.

Schaffer, W. M. (1974) “Selection for optimal life histories: The effects of age structure”, Ecology, 55, pp. 291-303 [referencia: 11 de enero de 2014].

Stearns, S. C. (1976) “Life history tactics: A review of the ideas”, Quarterly Review of Biology, 51, pp. 3-47.

Stearns, S. C. (1992) The evolution of life histories, Oxford: Oxford University Press.

Tomasik, B. (2013) “Speculations on population dynamics of bug suffering”, Essays on Reducing Suffering [referencia: 20 de octubre de 2016].

Tomasik, B. (2015a) “The importance of wild-animal suffering”, Relations: Beyond Anthropocentrism, 3 (2), pp. 133-152 [referencia: 20 de noviembre de 2015].

Tomasik, B. (2015b) “Estimating aggregate wild-animal suffering from reproductive age and births per female”, Essays on Reducing Suffering [referencia: 5 de julio de 2016].


Notas:

1 De manera sencilla, la ecuación puede ser formulada así: dN/dt=rN (1- N/K), donde N es el número inicial de individuos de la población y es el tiempo durante en el que medimos cómo varía la población. Verhulst, P.-F. (1838) “Notice sur la loi que la population poursuit dans son accroissement”, Correspondance Mathématique et Physique, 10, pp. 113-121.

2 Nelson, M. E. & Mech, L. D. (1986) “Mortality of white-tailed deer in Northeastern Minnesota”, Journal of Wildlife Management, 50, pp. 691-698.

3 Wolfe, M. L. (1977) “Mortality patterns in the Isle Royale moose population”, American Midland Naturalist, 97, pp. 267-279 [referencia: 31 de mayo de 2014].

4 Clutton-Brock, T. H.; Price, O. F.; Albon, S. D. & Jewell, P. A. (1992) “Early development and population fluctuations in Soay sheep”, Journal of Animal Ecology, 61, pp. 381-396 [referencia: 12 de mayo de 2014].

5 Sullivan, K. A. (1989) “Predation and starvation: Age-specific mortality in juvenile juncos (Junco phaenotus)”, Journal of Animal Ecology, 58, pp. 275-286 [referencia: 29 de mayo de 2014].

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