Top nav

Elk calf trying to walk in deep snow

Condiciones climáticas y animales no humanos

El clima es uno de los factores principales que determinan si los animales pueden vivir y no sufrir en ciertas zonas. La temperatura, en particular, determina qué animales pueden vivir en qué territorios. Si las temperaturas son demasiado bajas o demasiado altas, puede ser imposible el asentimiento para los animales de determinadas especies. Las temperaturas que están dentro de un rango perfecto para algunos animales pueden suponer la muerte para otros. De hecho, las fluctuaciones de temperatura en zonas específicas producen a veces la muerte de todos los animales de una determinada población en ese lugar.

 

Sobrevivir no implica no estar sufriendo

Si las condiciones de un área son suficientes para mantener una población de animales, se reproducirán generación tras generación hasta que las condiciones pasen a ser desfavorables para la supervivencia. Sin embargo, los animales pueden sobrevivir en ambientes que les permiten sobrevivir, pero incómodas para los animales.

Supongamos un escenario en el que algunos animales solamente pueden sobrevivir si la temperatura se encuentra entre 4ºC y 32ºC. Si la temperatura se encuentra en este rango, los animales continuarán viviendo y reproduciéndose, aunque esto no significa de manera necesaria que tendrán buenas vidas. Es poco probable que pequeñas diferencias de temperatura (por ejemplo, entre 12ºC y 23ºC) provoquen un gran malestar a los animales. Sin embargo, si la temperatura fluctúa por encima o por debajo de ese rango, pueden sobrevivir, pero experimentarán sufrimiento por el calor y el frío extremos. La situación óptima para el bienestar de los animales sería solamente colonizar las zonas en las que pueden vivir de manera cómoda. Sin embargo, esta situación es irreal, y tiene poco que ver con la realidad de la naturaleza.

En la naturaleza la tendencia no es maximizar la felicidad, sino maximizar la transmisión de información genética. Como resultado, cuando es posible para un grupo de seres colonizar una cierta zona, lo más probable es que eso suceda. La mayoría de animales salvajes tiene desde decenas a millones de crías, la mayoría de las cuales muere poco después de nacer (ver nuestra página sobre dinámica poblacional). Si no hay espacio para ellas, la mayoría de animales supervivientes tenderán a colonizar cualquier espacio disponible, incluso si las condiciones les provocarán sufrimiento, puesto que la alternativa es morir. Es solamente necesario que un pequeño número de animales sobreviva y se reproduzca en las condiciones climáticas más duras para que la población continúe. Pero el hecho de que algunos animales vivan lo suficiente para reproducirse no significa que estén cómodos o que no sufran.

Las condiciones climáticas adversas pueden también reducir la población porque los animales suelen tener menos crías cuando las condiciones adversas son muy duras; sin embargo, esto suele tener solamente un efecto reducido.2 Además, las poblaciones de animales que viven en condiciones climáticas duras podrían finalmente evolucionar para no sufrir tanto. Pueden terminar con un crecimiento mayor o menor de pelo, o desarrollar una forma diferente, u otros cambios en su fisiología que mejoren su tolerancia al clima. Sin embargo, esto puede suponer pasar por el sufrimiento de muchas generaciones. Características como tener más o menos pelo prevalecen en una determinada población animal porque es menos probable que sobrevivan quienes carecen de las mismas. Después de que esto ocurra durante muchas generaciones, las características que favorecen la supervivencia pasan a ser comunes en la población.

 

Cambios climáticos

A dead or dying bird caught in a hailstorm.Muchos animales sufren debido a los cambios climáticos que ocurren de manera natural. Los animales pueden estar bien durante la mayor parte del año, pero experimentar un gran malestar y condiciones duras a lo largo de un verano especialmente caliente o un invierno frío. En zonas templadas como grandes partes de Norteamérica, Europa y Asia, puede haber grandes diferencias entre las temperaturas media, mínima y máxima durante el verano y el invierno. Las aves, los reptiles, los anfibios y los mamíferos que no hibernar tienen que soportar grandes variaciones en las temperaturas que experimentan. Estas pueden estar dentro de los rangos que les permiten vivir, pero lejos de ser cómodas para ellos.

Por supuesto, los seres humanos sufriríamos un malestar similar si no tuviéramos la capacidad de adaptarnos a los cambios de temperatura vistiendo ropas adecuadas, y usando calefacción y refrigeración cuando la estación cambia. Los animales no humanos carecen de la tecnología que los seres humanos tienen a nuestra disposición y, debido a ello, pueden sufrir enormemente cuando las condiciones climáticas son extremas. Cuando hay terribles olas de calor que matan a algunos seres humanos en una zona, puede haber muchos animales de otras especies qu e también mueren debido al calor o las implicaciones de este, como la deshidratación.3 En casos extremos, o cuando hay cambios en el clima que ocurren de manera progresiva durante largos períodos de tiempo, poblaciones enteras pueden desaparecer, sufriendo enormemente en el proceso. Los animales que mueren por condiciones climáticas extremas pueden experimentar un gran dolor, además de perder la vida. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el número de muertes en una extinción local no es muy diferente del número de muertes que ocurren cuando las poblaciones prosperan (lo cual no quiere decir que los individuos no sufran). Si una pareja de animales tiene miles o incluso millones de crías, y solamente una pareja de ellas sobrevive, la tasa de supervivencia es solo mejor de manera marginal.

De hecho, estas extinciones locales son habituales y a menudo llevan a que un enorme número de animales muera. Una población de animales desaparece cuando todos sus miembros terminan muriendo. Cuando estas muertes son dolorosas, todos los animales mueren sufriendo. Pero debemos tener en cuenta que esta situación no es muy diferente a la que ocurre normalmente cuando las poblaciones prosperan (lo cual no significa que los individuos lo hagan). Si una pareja de animales tiene miles o, incluso, millones de crías, y solamente una pareja de las mismas sobrevive, la situación es solamente un poco mejor.

Como hemos señalado más arriba, las condiciones que hacen que una zona sea habitable para una población animal pueden ser diferentes a las condiciones que hacen posible para cada miembro de la población sobrevivir. La mayoría de animales que nacen en una zona donde las condiciones son generalmente desfavorables morirán; solamente una pequeña minoría sobrevivirá. Los animales también se desplazan a veces a zonas en las que ninguno puede sobrevivir, y la población desaparece en ese lugar.

Podríamos suponer que cuando todos los miembros de una población de animales muere en una determinada zona, esta zona nunca será poblada de nuevo por esos animales. Sin embargo, los animales tienden a recolonizar las mismas zonas una vez y otra, y por las mismas razones, debido a que circunstancias como la falta de recursos alimenticios les obligan a encontrar un nuevo lugar para vivir, o morirán, normalmente por falta de alimento. Esto provoca un continuo ciclo de colonización, agonía, muerte masiva y recolonización.

Esto ocurre según lo que los biológos que estudian metapoblaciones llaman “dinámica de fuentes y sumideros”. Una metapoblación es un grupo de poblaciones de una determinada especie que vive en diferentes zonas. A menudo los animales de esa especie tienen los medios para sobrevivir en algunas zonas, pero no en otras. Pero siguen colonizando las otras zonas en las que no pueden sobrevivir. Se extinguirían de manera permanente en estas zonas (los “sumideros”) si no fuera porque migran de manera continua a ellas desde las otras zonas (las “fuentes”).

 

Otros factores aparte de la temperatura

Hay muchos elementos, al margen de las temperaturas extremas, que afectan a las poblaciones de animales. Algunos animales necesitan un determinado nivel de humedad, y pueden sufrir de manera importante en regiones áridas, incluso si pueden sobrevivir. Para otros ocurre lo contrario. Mucha humedad o lluvia también puede dañar a los animales. Aunque hay muchos animales que no son afectados por la lluvia, o a los que realmente les gusta la lluvia, hay otros que son molestadas por ella, o que pueden tener enfermedades o problemas físicas que son agravados por la misma. Al igual que la lluvia, la nieve y los fuertes vientos pueden tener un impacto negativo en nuestro propio bienestar, pueden producir un malestar y estrés similares a los animales que viven en la naturaleza. Incluso si estos elementos climáticos molestos no los matan, al igual que no matan a los seres humanos de manera general, pueden provocar sufrimiento a los animales no humanos.

Otros fenómenos climáticos pueden tener un gran impacto en los animales, y pueden incluso aniquilar a poblaciones enteras. Sus efectos pueden combinarse con otros factores limitantes, como la disponibilidad de comida y agua, la presencia de depredadores y las enfermedades. Pensemos, por ejemplo, en sequías, fuertes nevadas o inundaciones. Estas condiciones extremas pueden matar a los animales de manera directa, como en el caso de las inundaciones, o de manera indirecta, al dañar las fuentes de comida (para leer más sobre esto, ver Animales en desastres naturales). Las condiciones climáticas pueden producir también enfermedades a los animales, o desencadenar epidemias. Muchos animales, como los mamíferos1 y las aves,2 quedan debilitados durante el invierno debido al duro clima, que provoca que tengan más fácilmente enfermedades. Otros animales sufren enfermedades transmitidas por moscas que se extienden cuando ocurren determinadas condiciones climáticas.4 Finalmente, en algunos casos, los problemas no están relacionados de manera directa, pero se combinan de formas que los dañan. Los animales afectados por enfermedades pueden ser capaces de sobrevivir, pero esto puede depender de las condiciones climáticas en las que se están enfrentando a la enfermedad, al igual que ocurre en el caso de los seres humanos. Si no tenemos una vivienda o ropas, podemos ser capaces de recuperarnos de fácilmente de una gripe en verano, pero puede ser mucho más difícil afrontarla en el frío de un duro invierno. Lo mismo ocurre a los animales en la naturaleza. Así que podemos ver que las condiciones climáticas no solamente dañan a los animales no humanos de manera directa, sino que también pueden ser una importante causa de daño indirecto para los animales en la naturaleza.


Lecturas recomendadas:

Begzsuren, S.; Ellis, J. E.; Ojima, D. S.; Coughenour, M. B. & Chuluun, T. (2004) “Livestock responses to droughts and severe winter weather in the Gobi Three Beauty National Park, Mongolia”, Journal of Arid Environments, 59, pp. 785-796.

Bradshaw, S. D. & Death, G. (1991) “Variation in condition indexes due to climatic and seasonal factors in an australian desert lizard, Amphibolurus-Nuchalis”, Australian Journal of Zoology, 39, pp. 373-385.

Brown, C. R. & Brown, M. B. (1998) “Intense natural selection on body size and wing and tail asymmetry in cliff swallows during severe weather”, Evolution, 52, pp. 1461-1475 [referencia: 12 de febrero de 2013].

DelGiudice, G. D.; Riggs, M. R.; Joly, P. & Pan, W. (2002) “Winter severity, survival, and cause-specific mortality of female white-tailed deer in North-Central Minnesota”, Journal of Wildlife Management, 66, pp. 698-717.Forbes, B. C.; Kumpula, T.; Meschtyb, N.; Laptander, R.; Macias-Fauria, M.; Zetterberg, P.; Verdonen, M.; Skarin, A.; Kim, K.-Y.; Boisvert, L. N.; Stroeve, J. C. & Bartsch, A. (2016) “Sea ice, rain-on-snow and tundra reindeer nomadism in Arctic Russia”, Biology Letters, 12 (11) [referencia: 30 de noviembre de 2016].

Hansen, T. F.; Stenseth, N. C. & Henttonen, H. (1999) “Multiannual vole cycles and population regulation during long winters: An analysis of seasonal density dependence”, American Naturalist, 154, pp. 129-139.

Hansson, L. (1990) “Ultimate factors in the winter weight depression of small mammals”, Mammalia, 54, pp. 397-404.

Huitu, O.; Koivula, M.; Korpimäki, E.; Klemola, T. & Norrdahl, K. (2003) “Winter food supply limits growth of northern vole populations in the absence of predation”, Ecology, 84, pp. 2108-2118.

Kay, R. N. B. (1997) “Responses of African livestock and wild herbivores to drought”, Journal of Arid Environments, 37, pp. 683-694.

McDermott Long, O.; Warren, R.; Price, J.; Brereton, T. M.; Botham, M. S. & Franco, A. M. A. (2016) “Sensitivity of UK butterflies to local climatic extremes: Which life stages are most at risk?”, Journal of Animal Ecology, 31 October [referencia: 8 de noviembre de 2016].

Milner, J. M.; Elston, D. A. & Albon, S. D. (1999) “Estimating the contributions of population density and climatic fluctuations to interannual variation in survival of Soay sheep”, Journal of Animal Ecology, 68, pp. 1235-1247 [referencia: 12 de diciembre 2013].

Salman, M. D. (2003) “Chronic wasting disease in deer and elk: scientific facts and findings”, Journal of Veterinary Medical Science, 65 (7), 761-768.

Sládek, J. V. (1881) “Birds suffering from cold”, Nature, 24, p. 165 [referencia: 15 de marzo de 2014].

White, T. C. R. (2008) “The role of food, weather and climate in limiting the abundance of animals”, Biological Reviews, 83, pp. 227-248.


Notas:

1 Hardewig, I.; Pörtner, H. O. & Dijk, P. (2004) “How does the cold stenothermal gadoid Lota lota survive high water temperatures during summer?”, Journal of Comparative Physiology, 174, 149-156, p. 156 [referencia: 12 de febrero de 2014].

2 Ver, por ejemplo, Sasvari, L.; Hegyi, Z. (1993) “The effects of parental age and weather on breeding performance of colonial and solitary tree sparrow”, Acta Oecologica, 14, pp. 477-487; Bradley, M.; Johnstone, R.; Court, G., & Duncan, T. (1997) “Influence of weather on breeding success of peregrine falcons in the Arctic”, The Auk, 114, pp. 786-791.

3 Este estudio señala que “una ola de calor intensa pero breve el 9 de junio de 1979 causó una catastrófica mortalidad de pollos en una población de Western Gulls en la Isla Santa Bárbara, California, EEUU. La mortalidad pasó de 0 a 90% en diferentes zonas de la colonia”: Salzman, A. G. (1982) “The selective importance of heat stress in gull nest location”, Ecology, 63, pp. 742-751. Esto se ha investigado también en animales usados como recursos; ver, por ejemplo, Moeller, R. B., “Heat stress in cattle”, cetulare.ucanr.edu [referencia: 12 de mayo de 2013]. Rural Chemical Industries (Australia), Heat stress in livestock and poultryheatstress.info [referencia: 21 de junio de 2013]. Schoenian, S. (2010) “Heat stress in sheep and goats”, The Maryland Small Ruminant Page [referencia: 9 de marzo de 2013].

4 Henning, J.; Schnitzler, F. R.; Pfeiffer, D. U. & Davies, P. (2005) “Influence of weather conditions on fly abundance and its implications for transmission of rabbit haemorrhagic disease virus in the North Island of New Zealand”, Medical and Veterinary Entomology, 19, pp. 251-262.

Top nav