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Argumentos circulares

Se defiende a menudo que para merecer respecto de otros seres humanos, se debe ser miembro de la especie humana.1 En otros casos, se dan motivos religiosos o metafísicos de por qué solamente los seres humanos deberían recibir respeto, y los animales no humanos deberían ser excluidos de la consideración moral. Según dichas posiciones, los seres humanos tienen una cualidad o circunstancia especial que los hacen merecer tal consideración. Algunos ejemplos de dichas afirmaciones son que tienen un valor intrínseco superior al de cualquier otro ser, un estatus superior, o que son la especie elegida de manera divina.2

Los argumentos de este tipo que intentan justificar una ausencia de respeto por los animales adoptan la siguiente forma:

(1) Solamente los seres humanos satisfacen una determinada condición (llamada x).

(2) Solamente quienes satisfacen la condición x merecen respeto.

(3) Solamente los seres humanos merecen respeto.

Dichos argumentos se basan en una falacia. En teoría de la argumentación esta falacia se llama argumento circular.3 La siguiente sección tiene dos explicaciones de por qué estos argumentos son circulares. La primera es más sencilla. La segunda es más detallada, más técnica, y explica en qué consiste el razonamiento moral.

 

Asumiendo lo que quieres probar

Comencemos con una explicación sencilla. Considera esto: decir que los seres humanos tienen un mayor valor o estatus es diferente de decir que tienen, por ejemplo, una determinada autonomía, determinadas capacidades cognitivas, la capacidad de correr o cualquier otra cosa. La diferencia es que las cosas como estructuras, capacidades o capacidades pueden ser verificadas. No hay ningún atributo, capacidad ni cualquier otra cosa verificable que pueda ser identificada con el “estatus” o el “valor intrínseco”. De manera similar, los requisitos dados por los argumentos religiosos para respetar alguien (como ser miembro de una especie elegida) no pueden ser confirmados.

No hay manera de verificar que solamente los seres humanos tienen almas inmortales, o que solamente ellos tienen valor intrínseco. No hay manera de saber que alguien lo tiene. De hecho, no hay manera de saber si aquellos requisitos siquiera existen en el mundo real. En otras palabras, no podemos saber si algo como el “estatus” o el “valor intrínseco” existe o si hay realmente hay especies elegidas de manera divina. Esto dejando fuera, por supuesto, la cuestión de si existe dios o no. Por supuesto, la existencia del estatus o el valor intrínseco no puede ser probada como falsa tampoco. Sin embargo, son quienes afirman dicha existencia quienes tienen que probar sus afirmaciones para hacer el argumento válido, y hemos visto que esto no puede hacerse.

Puesto que no existe evidencia de que las condiciones basadas en el estatus y el valor intrínseco existen, decir que solamente los seres humanos las satisfacen no puede considerarse una posición razonable. Por el mismo motivo, parece extraño asegurar que deberíamos respectar a quienes cumplen (supuestas) condiciones, porque supondría discriminar a quienes no, basándonos en algo arbitrario. Para que una posición de cualquier clase en ética sea válida, debe haber alguna razón que la justifique. Cuando las razones dadas para apoyar una posición no muestran una justificación válida, son arbitrarias, y no son razones que debamos tener en cuenta.

Las posturas que hemos visto son ejemplos de argumentos circulares. Son circulares porque apelan a circunstancias que no pueden ser examinadas, y son sencillamente asumidas como dadas; asumir o asegurar que algo viene dado o que es “obvio” es muy diferente de probar que algo en realidad ocurre.

Por decirlo de otra manera, algo no resulta convincente por apelar a una premisa que no podemos aceptar.

 

Razonamiento moral y argumentos circulares

Podemos examinar esto de una manera más detallada y técnica que muestra lo que constituye un argumento moral. Un argumento es una secuencia lógica consistente de premisas, y una conclusión que se sigue de las premisas. Las premisas pueden ser declaraciones sobre hechos, y las premisas que tratan con hechos pueden ser verdaderas o falsas. En los argumentos morales, las premisas pueden ser también principios o prescripciones como “promover la igualdad”, “no matar a nadie sin una buena razón”, o “difundir la felicidad y no el sufrimiento”.

Un ejemplo de un argumento moral es:

(1)  No deberías matar a seres sintientes para tu propio placer.

(2)   Los pollos son seres sintientes.

(3)   No deberías matar a vacas para tu propio placer.

En este argumento, las premisas (1) y (2) llevan a (3). La premisa (1) es una prescripción, la (2) es una descripción del hecho, y la (3) es una prescripción que se siguen de combinar (1) y (2).

Hay tras maneras principales en que dicho argumento podría fallar. Un argumento falla si la conclusión no puede ser derivada de las premisas. Podríamos rechazar la conclusión de un argumento si las premisas sobre las que está basada la conclusión no son verdaderas. O la conclusión puede seguirse de manera lógica de las premisas, pero si dudamos de las premisas, esto nos da un motivo para dudar de la conclusión. Por ejemplo:

(1)   Deberíamos respetar a quienes son de Italia más que a quienes son de Grecia.

(2)   Atenas está en Grecia.

(3)   No deberíamos respetar a quienes son de Italia más que a quienes son de Atenas.

Este argumento funciona a nivel lógico y, por lo tanto, puede ser descrito como formalmente válido, pero la conclusión es controvertida porque la primera premisa no se justifica.

Podemos ver ahora lo que sucede con los argumentos a favor del especismo como los vistos arriba. Aquí hay un ejemplo:

(1)  Solamente los seres humanos tienen valor intrínseco. [Pero este requisito no puede ser verificado de ninguna manera].

(2)  Solamente quienes tienen valor intrínseco deberían ser respetado. [Esto es muy controvertido y carece de una explicación clara].

(3)   Solamente los seres humanos deberían ser respetados.

La conclusión (3) se sigue de las premisas (1) y (2). En otras palabras, el argumento es válido, pero la conclusión es trivial porque señala lo mismo que es señalado en las premisas. En teoría de la argumentación, la “trivialidad” significa que toda la información contenida en las premisas está ya incluida en la conclusión (en este caso, la premisa 3). Por decirlo de otra manera, al intentar probar algo, ya estás asumiendo lo que quieres probar. Por lo tanto, eso es no probar nada. Al no explicar lo que es “valor intrínseco”, sino afirmando que solamente los seres humanos lo tienen, y que eso debería ser la base del respeto, el argumento está afirmando de manera esencial que solamente los seres humanos deberían ser respetados porque solamente ellos tienen algún tipo de “esencia humana”. A partir de aquí, podemos entender por qué los argumentos son circulares. Decir “esencia humana” de otra manera no cambia la arbitrariedad del argumento.

El problema con este argumento no es en sí que no está claro que solamente los seres humanos satisfacen una determinada condición, o que dicha condición es siquiera real. La arbitrariedad de tomarlo como algo dado que solamente los seres humanos cumplen estas condiciones es problemática, puesto que se está intentando probar que solamente ellos deben ser respetados. El argumento afirma que solamente los seres humanos deben ser respetados porque tienen alguna cualidad abstracta e inobservable que implica respetar a alguien. Esto es falaz no solamente porque no hay motivo para creer que dicha cualidad exista, sino también porque asume desde el comienzo que deberíamos respetar a los seres humanos, y no al resto de animales sintientes.

Por lo que, en resumen, ni la premisa (1) ni la premisa (2) son aceptables. Estamos ante un caso de argumento circular. El argumento no es convincente y, por lo tanto, no es un argumento aceptable para defender la falta de consideración moral para los animales no humanos.


Referencias

Cohen, M. R.; Nagel, E. & Corcoran, J. (1993) An introduction to logic, Indianapolis: Hackett.

Cushing, S. (2003) “Against ‘humanism’: Speciesism, personhood and preference”, Journal of Social Philosophy, 34, pp. 556-571.

Kahane, H. & Cavender, N. (2005) Logic and contemporary rhetoric: The use of reason in everyday life, Belmont: Cengage Learning.

Hansen, H. V. & Pinto, R. C. (eds.) (1995) Fallacies: Classical and contemporary readings, University Park: Pennsylvania State University Press.

Horta, O. (2010) “What is speciesism?”, Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 23, pp. 243-266 [referencia: 5 de enero de 2014].

Hsiao, T. (2015) “In defense of eating meat”, Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 28, pp. 277-291.

Hsiao, T. (2017) “Industrial farming is not cruel to animals”, Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 02 February.

Hurley, P. J. (2000) A concise introduction to logic, Belmont: Wadsworth.

Llorente, R. (2008) “Sobre el humanismo especista de Víctor Gómez Pin”, en González, M. I.; Riechmann, J.; Rodríguez Carreño, J. & Tafalla, M. (coords.) Razonar y actuar en defensa de los animales, Madrid: Los Libros de la Catarata, pp. 119-135.

Lunsford, A. & Ruszkiewicz, J. (1998) Everything’s an argument, Boston: Bedford.

Ryder, R. D. (1989) Animal revolution: Changing attitudes towards speciesism, Oxford: Blackwell.

Singer, P. (2004) “Ethics beyond species and beyond instincts: A response to Richard Posner”, en Sunstein, C. & Nussbaum, M. (eds.) Animal rights: Current debates and new directions, New York: Oxford University Press, pp. 78-92.

Waldau, P. (2002) The specter of speciesism: Buddhist and Christian views of animals, New York: Oxford University Press.

Waldau, P. (2006) A communion of subjects: Animals in religion, science, and ethics, New York: Columbia University Press.


Notas

1  Diamond, C. (1991) “The importance of being human”, en Cockburn, D. (ed.) Human beings, Cambridge: Royal Institute of Philosophy, pp. 35-62. Gaita, R. (2003) The philosopher’s dog: Friendships with animals, London: Routledge. Posner, R. A. (2004) “Animal rights: Legal, philosophical and pragmatic perspectives”, en Sunstein, C. & Nussbaum, M. (eds.) Animal rights: Current debates and new directions, op. cit., pp. 51-77.

2  Harrison, P. (1989) “Theodicy and animal pain”, Philosophy, 64, pp. 79-92. Reichmann, J. B. (2000) Evolution, animal ‘rights’ and the environment, Washington: The Catholic University of America Press. Machan, T. (2004) Putting humans first: Why we are nature’s favorite, Oxford: Rowman and Littlefield.

3  Para saber más sobre esta falacia, ver los siguientes recursos en línea: Coleman, R. (2006) “What is circular reasoning?”, Numeraire.com [referencia: 11 de febrero de 2013]; Logical Fallacies (2009) “Begging the question/circular reasoning”, Logical Fallacies [referencia: 11 de febrero de 2013]; The Nizkor Project (1991-2012) “Fallacy: Begging the question”, The Nizkor Project [referencia: 11 de febrero de 2013].

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